Una gruesa línea roja

Una gruesa línea roja

Son preocupantes las últimas salidas de las Farc, en las que piden territorios especiales.

notitle
02 de diciembre 2015 , 06:02 p.m.

Son preocupantes las últimas salidas de las Farc, en las que piden territorios especiales donde ejercer una institucionalidad propia, paralela a la del Estado. Justifican su pretensión en la necesidad de disponer de zonas seguras en donde el paramilitarismo no victimice a los movimientos políticos que surjan de su desmovilización.

A todas luces, lo que las Farc pretenden viola una de las líneas rojas de la negociación. Y no cualquier línea roja, sino una de las más gruesas, pues se trata de la ruptura de las instituciones democráticas como requisito para ejercer como gobierno. Sería concederles la instauración de un régimen político de carácter autoritario, así sea en territorios periféricos donde ellos han tenido presencia histórica e incluso control armado.

Al principio de la negociación, Santos fue enfático en señalar que no estaban en juego asuntos como el modelo económico y el sistema democrático. En este caso sí que están en juego ambos, para la población que habite los territorios especiales, si prospera la petición de las Farc en la mesa de negociación.

Hasta ahora solo el exgeneral Mora Rangel ha salido a rechazar las pretensiones de las Farc: “No estamos en este proceso para dividir el país ni para hacer entrega de territorios ingobernables”. No está de sobra que De la Calle, como principal representante del Gobierno en La Habana, o el propio presidente Santos lancen un mensaje contundente de que la propuesta de territorios especiales rompe las líneas rojas de la negociación. No puede confundirse el riesgo del paramilitarismo con concesiones políticas que ya han sido discutidas y evacuadas previamente en uno de los puntos de la agenda.

Pareciera, incluso, que las Farc quisieran tergiversar la naturaleza de los paramilitares de hoy, es decir, ‘los Urabeños’ y ‘los Rastrojos’, con tal de culpar al Estado para obtener espacios de gobierno autónomos. Ni ‘Urabeños’ ni ‘Rastrojos’ van a victimizar a las Farc, ya desmovilizadas por su agenda política. Lo harán solo si interfieren con sus intereses en la explotación de economías como el narcotráfico, la minería y, por supuesto, la corrupción con los recursos públicos. Y si hay un actor que pueda ofrecerles protección frente a estos paramilitares, es el Estado.

Por eso es un exabrupto que las Farc pretendan utilizar el paramilitarismo como excusa para obtener unas prebendas políticas absolutamente inmerecidas.

Gustavo Duncan

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.