'La reconciliación es posible cuando hay oportunidades' / Una y quince

'La reconciliación es posible cuando hay oportunidades' / Una y quince

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02 de diciembre 2015 , 02:24 p.m.

Doctor en educación de la Saint Mary’s University of Minnesota y rector de la Universidad de La Salle desde hace siete años, quizás el título que más enorgullece a Carlos Gabriel Gómez es el de maestro, y pocos recuerdos le despiertan tanta emoción como cuando ejerció su profesión en San Juan del Cesar, en Orocué y en San Vicente del Caguán.

Su amor por el campo y por la educación se sumaron para darle forma a uno de los proyectos universitarios más emocionantes que existen en el país: Utopía, una facultad de ingeniería agronómica con lo mejor de lo mejor, para jóvenes de escasos recursos y afectados por la violencia, en el campo casanareño… Más que una facultad se trata de un emocionante laboratorio de paz. A pesar de las dificultades para financiar un proyecto de estas magnitudes, sueña con crear otras cuatro Utopías en diferentes lugares de Colombia.

De su natal Bucaramanga añora la cordialidad de la gente, el canto de las cigarras y, en tiempos navideños, la hechura del pesebre en familia, las madrugadas para rezar la novena y los tamales de maíz pelao. Está convencido de que la Navidad es un tiempo de esperanza, ideal para revivir tradiciones, para decirle a la gente que uno quiere que la quiere y para hacer un pare en el camino. 

Más allá de cualquier consideración religiosa, ¿qué sentido tiene la Navidad para la familia?

Creo que hay unos sentidos implícitos de compartir con los nuestros y una disposición a fortalecer lazos que con el tiempo se diluyen. La Navidad convoca a la gente y provoca sentimientos de amor, de confianza, de esperanza, de felicidad.

En nombre de Colombia, ¿qué le pediría al Niño Dios en esta Navidad?

Que nos conceda el milagro de la reconciliación para que el fin del conflicto armado nos permita construir una paz estable y un país más equitativo e incluyente.

¿Cómo celebra la Navidad hoy en día?

Comparto con los chicos de Utopía que no pueden regresar a sus casas en Navidad. Con ellos celebro, preparo y disfruto la cena de medianoche.

¿Qué es una utopía?

Un horizonte que da sentido a la vida, un motor que inspira sueños y un camino que se hace al andar.

¿En qué consiste su Utopía?

En un lugar donde la novedad acontece porque se pueden realizar los sueños de quienes han tenido muy pocas oportunidades, y donde la educación despliega su poder transformador, reconciliador y generador de oportunidades.

¿Qué es lo más valioso que ha aprendido de los jóvenes que estudian en Utopía?

Que la reconciliación es posible cuando media una oportunidad.

¿Qué papel puede jugar Utopía en el posconflicto?

Estamos formando recurso humano para liderar procesos de desarrollo territorial, y la paz de Colombia pasa por el desarrollo de la ruralidad.

¿Cuál ha sido el momento más conmovedor que ha vivido por cuenta de Utopía?

Cuando un estudiante dijo frente a un gran auditorio “Aquí, en Utopía, he aprendido a mirar el futuro con esperanza y a no quedarme anclado con odio en el pasado”. Y lo dijo un mes después de que su familia había sido desplazada por el conflicto armado.

Usted es, ante todo, un maestro. ¿Qué condiciones debe reunir un buen maestro?

Tener un gran espíritu de fe para creer en las potencialidades de los estudiantes, ser capaz de despertar sueños e ilusiones, y ser un aprendiz permanente para mantenerse actual.

¿Qué tiene de especial ser maestro en el campo?

El papel social del maestro rural trasciende el solo oficio educador. Es acompañante, es constructor de comunidad, es parachoques de los conflictos, es generador de confianza, es presencia del Estado, es cohesionador de la población: es la plenitud de la vocación del verdadero educador.

¿Es suficiente la oferta educativa en el campo colombiano?

La cobertura todavía no es suficiente y, lo que es peor, es de muy pobre calidad. Nada perpetúa más la pobreza que la pobre educación, porque cierra puertas y condena a los niños y jóvenes rurales al círculo infernal de la no-oportunidad.

¿Qué fue lo más impresionante de ser maestro en zonas de conflicto?

La incertidumbre constante y el miedo permanente de la gente. Pero aun así, los niños ríen, sueñan y luchan. Nunca he visto tanta fe, tanta vida y tanta ilusión como cuando he vivido en la Colombia profunda.

¿Qué lugar le gustaría para el retiro?

Utopía, en Yopal, Casanare.

¿Qué le gustaría comer en su última cena?

Mute y mamona: una mixtura explosiva.

¿Cómo le gustaría que fuera la sobremesa de ese día?

Con un grupo de amigos y antiguos alumnos para brindar con un buen vino de La Rioja, para cantar, reír y celebrar la vida.

FERNANDO QUIROZ
@quirozfquiroz

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