"Con el sida, mi vida cambió en todos los aspectos"

"Con el sida, mi vida cambió en todos los aspectos"

Óscar Garzón lleva 19 años luchando contra la enfermedad. Conozca su historia.

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30 de noviembre 2015 , 10:49 p.m.

“Es uno de los momentos más difíciles de mi vida”, reflexiona Óscar Garzón, de 50 años, sobre el día en que le diagnosticaron sida. Recuerda que hace 19 años un médico de la clínica Palermo, en Bogotá, le dio la noticia.

Era 1996. Buscó ayuda porque sentía que algo en su cuerpo no andaba bien. Además, su vida sexual no era organizada.

Para ese entonces, Óscar tenía 31 años y un empleo en una empresa publicitaria. Tras recibir el dictamen, cuenta, pensó en su familia y en lo que iba a perder, pues creyó que pronto iba a morir. Le angustió tanto el futuro que consideró suicidarse y así acabar con sus preocupaciones.

“En esa época el sida era todavía un tabú. Se creía que la enfermedad era exclusiva de homosexuales y prostitutas. Entonces, obviamente me iba a ir mal por ese lado”.

Al poco tiempo decidió internarse en un hospital para iniciar un tratamiento que redujera los efectos de la enfermedad. Allí duró un mes, tiempo que le sirvió para aceptar su situación y pensar cómo se iba a reorganizar, ya que quería dejar todo lo que lo había afectado.

Óscar salió del hospital, regresó al trabajo y siguió con su vida, pero ya no era el mismo. Afrontar el mundo teniendo sida lo llenó de miedo. “Uno sale muy vulnerable, prevenido con todo. Piensa que el ambiente le va a hacer daño”.

Pero había otro temor que aún no enfrentaba: tener que contarle a su familia sobre la enfermedad. Prefería morirse, dice, antes que contarles que tenía sida.

Sus padres y sus hermanos comenzaron a presionarlo. Le preguntaban acerca de su hospitalización y las frecuentes visitas al médico, a lo que él respondía con mentiras. “Me inventé que tenía un cáncer”. Hasta que en una fiesta familiar, sin formalismos, les contó la verdad. El momento no fue traumático, rememora Óscar.

Luego, los síntomas de la enfermedad comenzaron a verse en Óscar. Esto debido a su “desjuicio” con los medicamentos y el regreso a las actividades que lo perjudicaron. Los quebrantos de salud fueron cada vez más frecuentes, al igual que las internaciones en hospitales. Esas fueron las consecuencias de no cuidarse y no seguir el tratamiento tal cual se lo ordenaron los especialistas que seguían su proceso.

Para ese entonces debía tomar cerca de 30 pastillas diarias, 15 de las cuales controlaban el VIH en su cuerpo. Las demás prevenían y combatían infecciones que provocan enfermedades oportunistas –llamadas así porque se aprovechan del sistema inmunológico cuando más débil está–. La tuberculosis, la hepatitis y los linfomas son algunas de ellas. “Los medicamentos me sentaban muy mal. En las mañanas deseaba no tomármelos y cometía el error de dejarlos”.

El sida no solo afectó su cuerpo. A causa de las hospitalizaciones perdió su empleo, su vivienda y las pocas comodidades que poseía. Estaba pasando un momento muy difícil. De vez en cuando, algún familiar le brindaba ayuda, pero siempre los tenía al margen de la situación.

"Después de enfermarme varias veces comprendí la importancia de los medicamentos. Con los años se vuelven un alimento más", asegura Óscar.

En ese momento, cuando creía que no tendría una muerte digna, conoció la Fundación Eudes, organización que auxilia a personas con VIH/sida en Colombia. Óscar asegura que su ingreso no fue fácil. Sin embargo, poco a poco fue entendiendo que era una nueva oportunidad para reestablecer su vida.

En la fundación vivió 14 años, en los cuales mejoró su salud, hizo nuevas amistades y aprendió a cuidarse. También retornó al mundo laboral a través de un taller de confecciones. Ahí trabajó por siete años, hasta el día de su cierre.

En 2010 comenzó a trabajar en la compañía de Jaime, un voluntario de la fundación. Sus actuales compañeros saben que tiene sida, pero jamás se ha sentido discriminado por ellos. De hecho, son pocas las veces en que ha sido rechazado por la enfermedad.

En la actualidad, cuando está cerca de cumplir 20 años con la enfermedad, Óscar mira hacia atrás y analiza todo lo que ha experimentado. “Mi vida cambió en todos los aspectos. Esta enfermedad me hizo madurar”, afirma mientras revisa algunas historias clínicas en el apartamento que logró comprar en Sibaté, Cundinamarca, con el dinero que ahorró mientras trabajaba en el taller y la ayuda de su actual jefe.

Ser constante con el tratamiento le ha dado buenos resultados. Su carga viral –la presencia del VIH en su sangre– es baja y pasó de tomar 30 pastillas diarias a 10. “Después de enfermarme varias veces comprendí la importancia de los medicamentos. Con los años se vuelven un alimento más”, lo dice tras ingerir tres tabletas y un sorbo de agua.

Aunque no tiene pareja, Óscar asegura tener vida sexual. Sin embargo, piensa que siendo portador del virus es injusto tener una relación estable con alguien. “Lo principal es usar un preservativo. Cuando se tiene sida uno debe ser más cuidadoso”.

En su habitación tiene una foto en la que aparece 15 años más joven. En ella está acompañado por una de las personas que lo ayudó en la fundación. El miedo a la enfermedad ya desapareció. Ahora solo le preocupa tener suficiente tiempo para realizar las metas que le faltan, como estudiar.

JOSÉ DARÍO PUENTES RAMOS
Redactor ELTIEMPO.COM
jospue@eltiempo.com
@josedapuentes

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