Un ambiente hostil para un acuerdo socioambiental

Un ambiente hostil para un acuerdo socioambiental

Con más incertidumbre y miedo que expectativa, comienza este lunes en París la Cumbre de Clima 2015.

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30 de noviembre 2015 , 12:41 a.m.

La Conferencia sobre el Cambio Climático, que mantiene en vilo a diversos sectores sociales, políticos y económicos, promete generar importantes noticias que beneficiarán a muchas comunidades. Sin embargo, ISIS hace poco menos de 15 días se encargó de sembrar el terror en la legendaria capital francesa, generando lo que para muchos es el inicio de la tercera guerra mundial y dejando en un segundo plano la importante cita ambiental.

Pese al interés y al esfuerzo del Gobierno francés, gran anfitrión del evento, que busca lograr captar la atención y concentrar el discurso político en torno a la lucha contra el cambio climático –históricamente no ha sido posible alcanzar un acuerdo participativo, vinculante y coherente que comprometa a las grandes potencias a no seguir contaminando al planeta con gases de efecto invernadero–, parece que está oportunidad tampoco será.

Desafortunadamente la incertidumbre que reina en París por los atentados terroristas no genera un ambiente favorable en el inicio de la importante cita ambiental. Al contrario, el terrorismo pareciera dejar en un segundo plano la cumbre, pues el mundo, especialmente las grandes potencias, solo está concentrado en combatir y acabar al grupo Estado Islámico.

En el discurso político ocurre algo similar, los líderes mundiales dejaron de discutir cuál será la estrategia más pertinente para enfrentar el cambio climático para pasar a un discurso de generación de alianzas con un objetivo común: la intervención bélica a gran escala.

Esta nueva dinámica social y política pone en evidencia que efectivamente los líderes mundiales, cuando se lo proponen, pueden generar acuerdos que beneficien el desarrollo de las comunidades. Pero también, surge una preocupación para el buen desarrollo de la cumbre. Los ecos de guerra, el riesgo de nuevos atentados y delimitar con claridad las alianzas bélicas crea un ambiente hostil para que las 195 delegaciones que participarán logren discutir y redactar un acuerdo que reconozca la identidad transcendental de la humanidad, la dependencia de los ecosistemas y la necesidad de cooperación, es decir, que el documento que pueda surgir de esta reunión sea reconocido y ratificado por los gobiernos y la ciudadanía.

El reto es considerable, pero ¿por qué el camino para llegar a un acuerdo de guerra es un poco más fácil y el camino para llegar a un acuerdo socioambiental se torna tan complejo?

Antes de dar respuesta al interrogante es preciso decir que la humanidad aún mantiene formas agresivas de resolver sus conflictos. En cifras, el mundo gasta actualmente en guerras o en la preparación para estas, la suma de 1,8 billones de pesos, eso quiere decir que por minuto se invierten aproximadamente 3,4 millones de dólares, dinero que se necesita para enfrentar las consecuencias del cambio climático. La CEPAL, por ejemplo, menciona en un reciente informe que el cambio climático le costará al planeta entre un 2 y 5 % del PIB mundial, siempre y cuando se tomen las medidas pertinentes para que la humanidad se adapte; pero si las condiciones sociales, ambientales y económicas se mantienen, el costo económico puede llegar hasta un 12 o 15 % del PIB mundial.

Palabras más, palabras menos, estamos más preparados para enfrentar la tercera guerra mundial que para llegar a un acuerdo climático. Es más fácil identificar las amenazas bélicas, algo que no sucede con el cambio climático, que se identifica como un fenómeno natural que ha sido acelerado por las actividades humanas, pero que desafortunadamente no se legitima. La ciudadanía y los Gobiernos saben de su existencia, pero aún no logran insertarse en las decisiones personales ni globales.

Así mismo, la guerra ocasiona que las consecuencias del cambio climático se agudicen. La cantidad de refugiados que genera, la demanda de recursos que exige y la cantidad de emisiones que llegan a la atmosfera son solo algunos de las consecuencias que deja los enfrentamientos bélicos y que se vinculan con la contaminación del planeta. Solo basta con mencionar a las comunidades desplazadas que están en condiciones de vulnerabilidad, pues las regiones con escenarios violentos son las primeras que sufren con mayor rigor las secuelas del cambio climático.

Es de resaltar que esta tensa situación, en la que estamos a punto de iniciar un conflicto bélico sin precedentes, le quita relevancia y visibilidad a COP21. La atención de la gente está en la amenaza terrorista y no en las actividades preparatorias de una de las cumbres climáticas más influyentes en la administración de los territorios.

Sin duda, el reto más grande de los participantes de la cumbre será mantener dentro del discurso público la importancia del evento y lograr que los medios de comunicación le otorguen un amplio cubrimiento. Esta es una forma de empezar a educar a las comunidades para que comprendan la importancia de estos encuentros, que si bien son políticos, buscan trazar el camino para que las sociedades tengan un futuro mejor.

JEFFERSON GALEANO MARTÍNEZ
Profesor de Educación Ambiental – Universidad de La Sabana

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