'Acudir al Consejo de Seguridad es un reto muy grande': Camilo Reyes

'Acudir al Consejo de Seguridad es un reto muy grande': Camilo Reyes

El excanciller menciona que hay que negociar el tiempo y las responsabilidades de este organismo.

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29 de noviembre 2015 , 08:37 p.m.

Hay una diferencia en el seno del Gobierno, ya resuelta por el presidente Santos, sobre si se debe acudir a la Asamblea General de las Naciones Unidas o a su Consejo de Seguridad, para la verificación del eventual cese bilateral con las Farc. ¿Por qué la duda?

A ver. Primero que todo, creo que vale la pena señalar desde un principio que, en mi opinión, es mucho mejor que sea la ONU, antes que cualquier otro organismo multilateral, regional o subregional, el que acompañe a Colombia en esa verificación.

Todo menos Unasur…

Existe el peligro fuerte de que Unasur de todas maneras aparezca allí. Pero la responsabilidad de la verificación, tanto del cese del fuego como de las áreas de concentración, es una responsabilidad mayor, y es muy importante que lo haga el organismo global porque el tema de la paz de Colombia ya no es solo de interés regional.

¿Cuál sería el argumento, entonces, para no acudir al Consejo de Seguridad de la ONU?

No hay ninguna institucionalidad más fuerte en el sistema de las Naciones Unidas que el Consejo de Seguridad. Allí, Colombia tendrá que acordar el mandato con 15 países, entre los cuales hay cinco potencias mundiales. En la Asamblea General habría que negociar con 194 países y, en el contexto de las Naciones Unidas, con movimientos no alineados, como la Conferencia Islámica, con el Grupo América Latina y el Caribe (Grulac), etc. Entonces, creo mucho más viable la negociación con el Consejo de Seguridad, y mucho más capaz de verificación real. Entre otras cosas porque, cuando este se ocupa de temas de seguridad internacional y preservación de la paz, sus resoluciones son obligatorias para todo el mundo. El temor de algunos está en que Colombia tendrá que recurrir en el Consejo de Seguridad a lo que se llama ‘el dueño del bolígrafo’, el 'penholder', porque Colombia no hace parte de él. (Lea también: Santos llama a Farc a sumarse a pedido al Consejo de Seguridad de ONU)

¿Y quién es el dueño del bolígrafo?

Habrá que ver a cuál de los 15 países, o más bien a cuál de los cinco países que son miembros permanentes y con derecho a veto, le pedimos el favor.

Esas opciones serían EE. UU., Rusia, Inglaterra, Francia y China.

A uno de esos cinco, diría yo, Colombia le tendrá que pedir el favor de que le haga el oficio de 'penholder': ‘usted será mi vocero para que ese mandato quede perfectamente acotado, en el tiempo, en el espacio y en la naturaleza de la responsabilidad’.

En esas tres cosas que me acaba de decir radica el peligro. No hay una sola de las misiones recientes del Consejo de Seguridad que haya durado menos de siete años. ¿No hay peligro de que, en tanto tiempo, las Naciones Unidas se pasen a intervenir en la agenda interna de otros temas de Colombia?

Si nos fuimos por la opción del Consejo de Seguridad, lo que hay es un reto para Colombia muy grande. Aquí, la gran responsabilidad es que Colombia tiene que llegar a unos acuerdos muy claros y muy puntales con el 'penholder' para definir exactamente el favor que ese país va a hacer; qué es lo que Colombia le está pidiendo, y los límites que va a tener ese actor. De ese trabajo surgirá la definición del papel del Consejo de Seguridad para ese mandato.

Es decir, nosotros tenemos que hacer una negociación con el Consejo de Seguridad para que esa verificación sea personalizada. Por lo general, esos acompañamientos se dan en Estados casi no viables como Haití, Congo, Sudán, Liberia, Costa de Marfil, Mali, Sahara Occidental, Kosovo…

Exacto. Son una cantidad de países que tienen unos problemas enormes, y su institucionalidad y la realidad interna no son comparables con nosotros. (Vea: Por qué el Consejo de Seguridad)

¿Colombia le puede imponer condiciones al Consejo de Seguridad de la ONU?

Colombia podría condicionar al mandato en una forma muy clara. La diferencia está en que, lanzado el proceso, es más fácil, si es con la Asamblea General, que Colombia se retire del mandato diciendo: ‘no estoy de acuerdo. Retiro la resolución’. En cambio, en el Consejo de Seguridad no.

Muy peligroso porque se requiere que ‘las partes’, o sea tanto el Gobierno como las Farc, sean las que soliciten ese acompañamiento.

Personalmente, creo que Colombia hizo lo correcto. Será un mandato que, internamente, en el contexto de la negociación ya se habrá acordado, con el que ya estarán de acuerdo las Farc, sobre cómo y qué se le va a pedir al Consejo de Seguridad a través del 'penholder'.

¿Las personas que envíe la ONU tendrán que responderle a ambas ‘partes’?

Ese riesgo lo debería de reducir Colombia al máximo, a priori. En la negociación interna deberá quedar muy claro, en un documento, cuál es el mandato que acordaron las partes en negociación que le solicitarán al Consejo de Seguridad. Por otro lado, también es interesante considerar que esa intervención del Consejo de Seguridad esté muy limitada. Lo imagino más como una supervisión de la supervisión. Yo no metería una gran cantidad de actores extranjeros a supervisar el cese del fuego. Creo que solo los colombianos conocemos a Colombia como se merece conocerla, y como se exige conocerla. Y solo los colombianos, en realidad, somos capaces de llegar al final de esa negociación, y por tanto debemos participar directamente en esa supervisión. Ahora, nos podemos acompañar de una especie de garante que supervise ese proceso. Yo no pienso que sea ni conveniente ni viable traer aquí 5.000 cascos azules, observadores de Grecia, Turquía, Francia, Inglaterra…

Hay dos modalidades de acompañamiento. Los cascos azules o personal militar desarmado prestado de otros países.

Pienso que es lo segundo. Pero, en lo fundamental, serán entidades colombianas con una supervisión y seguimiento puntual de un organismo internacional, que es la Organización de las Naciones Unidas. Pero eso hay que tratar de reducirlo, limitarlo. No creo que Colombia esté pensando en traer funcionarios extranjeros a supervisar las áreas de concentración, unos en el Caguán, otros en La Guajira y otros en el páramo de Sumapaz, y pretender que eso lo van a hacer unos italianos y unos franceses entrenados. Eso me parece una locura.

El embajador de Colombia en Londres, Néstor Osorio, ha anticipado una especie de “comisión política” de la ONU. Esa figura no se ha usado nunca. ¿Serán entonces burócratas?

Tengo que confesar que no la conocía. Lo que prefiero es que se hable de personal de supervisión no armado.

¿Entonces, cuál sería la figura?

Insisto: hay que llegar a un acuerdo con las Naciones Unidas que tenga un mandato muy puntual, que implique su renovación cada dos o tres años máximo, con una visión a cinco o a ocho años. Y hay que definir en una forma muy clara quiénes de parte de Colombia van a hacer esa labor, para que sea un trabajo conjunto de acompañamiento y de supervisión que recibimos de la comunidad internacional. Naciones Unidas ha tenido 69 casos desde 1945. Son múltiples las misiones de paz que ha desplegado en el ejercicio de su preservación.

Exitosas las primeras, pero fallidas las más recientes…

Sí, fallidas las últimas. Pero han sido misiones muy diversas y unos mandatos complejos, muy distintos según el país. Colombia no será el caso más complejo porque tiene una institucionalidad muy fuerte.

Precisamente, es esa institucionalidad la que hace el caso más complicado. Un buen ejemplo es el volumen de la Oficina de Derechos Humanos de la ONU en Colombia, que empezó con seis expertos y hoy tiene 85 y andan metidos en todo, hasta en los pactos agrarios.

Eso implica la responsabilidad de darse cuenta de que, cada vez que uno le pide a la comunidad internacional que intervenga por alguna razón, el país tiene que ser consciente de que eso es temporal y de que esa responsabilidad la tiene que asumir después de un cierto tiempo.

El país puede ser muy consciente de eso, ¿pero las Naciones Unidas?

En el caso específico del acuerdo para crear la Oficina de Derechos Humanos –y no quiero hacer el paralelo porque no es lo mismo–, Colombia invitó a la ONU. Cualquier día de estos puede decir que no renueva el acuerdo. (Además: Santos, con apoyo de la ONU para cese bilateral con las Farc)

Pero el ejemplo es bueno. ¿Cómo hacemos para que esa verificación no se nos vuelva un organismo internacional en Colombia metido hasta en los cuarteles, para revisar las estrategias militares? ¿Cómo les vamos a decir a las cinco potencias del mundo: ‘vengan a intervenir en Colombia pero no se pueden meter aquí o allá’?

Hay que redactar un acuerdo que tenga unos límites muy claros y darse la pela. No hay otra alternativa.

Pero ser conscientes de que, una vez metidos en la agenda del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, será muy difícil salir…

Así es, porque siempre habrá una razón para alegar que el proceso no se ha terminado. Otra cosa que hay que considerar es esta: el Consejo de Seguridad cambia todos los años a cinco de sus miembros que se quedan por dos años. Venezuela está actualmente. Va a salir y la reemplazará Bolivia. Mi preocupación es en relación con esa institucionalidad del Consejo de Seguridad, porque evidentemente su naturaleza cambia periódicamente. Entonces, si el mandato no está perfectamente definido, es muy difícil controlar el proceso. El mandato tiene que estar tan bien amarrado que Colombia tenga claro, primero, que sale de la agenda internacional una vez que una parte del proceso se cumpla. Para eso habrá que definir unos tiempos porque, si no, eso se queda ahí indefinidamente. Creo que todo el tema está en la capacidad de negociación del mandato. Y por lo tanto, en la capacidad de la negociación con el país que le vaya a hacer el favor a Colombia de presentar la negociación.

El que usted llama el ‘penholder’, cuyo papel es definitivo y total…

Así es. Entonces, el entendimiento tiene que ser, primero con el 'penholder': ‘señor, usted hará lo que yo le pida, ni un milímetro más allá y tampoco menos, porque esto fracasa’.

Y si fuera usted el canciller en este momento, ¿a cuál de las cinco potencias recomendaría que buscara Colombia?

Tal vez, a uno de los dos europeos, Francia o Inglaterra. Más fácil para ellos que para EE. UU., que tiene semejantes chicharrones para manejar en ese Consejo de Seguridad.

¿Pero qué tal el que tienen ahora Francia e Inglaterra con el Estado Islámico?

Cierto, ambos tienen responsabilidades y preocupaciones muy grandes...

Conclusión, se trata de que nos acompañen a culminar el proceso de paz, pero no de que se nos instale en Colombia una oficina permanente de las Naciones Unidas para la verificación del conflicto, durante generaciones…

Exacto.

MARÍA ISABEL RUEDA
Especial para EL TIEMPO

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