El periodismo televisivo no existe / El otro lado

El periodismo televisivo no existe / El otro lado

En lo informativo, el fracaso de la televisión es tan monumental, que es pura banalidad y carroña.

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29 de noviembre 2015 , 04:08 p.m.

La televisión se dijo es la revolución informativa. Más realidad en directo, con investigación y análisis para ganar conciencia crítica y política. Pero terminó siendo entretenimiento, negocio, magia social.

Desde la época de la muerte de Kennedy, que fue cuando la televisión se convirtió en periodismo, se viene discutiendo si a eso que se hace se le puede llamar “periodismo”.

Y parece que los periodistas de televisión están demostrando que a eso que hacen no se le puede llamar periodismo.

La televisión demuestra que es potente informativamente cuando hay algo espectacular que contar en directo: una guerra, una tragedia, un golpe de Estado, un terremoto.

El momento más sublime y único de la TV fue cuando las Torres Gemelas del mercado cayeron en vivo y en directo. Por eso es falso el legado de Vélez: “noticia en desarrollo”, “en vivo”, “último minuto”.

Y es que ese legado sirve cuando hay tragedia o guerra o desorden público, pero cuando la realidad es la corrupción, la injusticia o la arrogancia de los reyes políticos del matoneo... Ahí no sirve el directo.

Para el periodismo de verdad no basta con entrevistar o que el periodista salga caminando por la realidad. Se requiere investigar con diversidad de fuentes, producir sentido desde el contexto, contar historias, ofrecer criterios para pensar la realidad.

Y de eso no saben los periodistas colombianos: solo una fuente o varias pero que dicen lo mismo, los expertos son los mismos, nunca ofrecen contexto, mucho menos posibilidad de criterios para pensar la realidad. Y lo peor: no saben contar historias usando el lenguaje audiovisual.

Entonces, ante la (in)capacidad periodística, los informativos de TV caen en las peores prácticas del oficio: la primicia que es filtrada para hacer daño, la sangre y el semen como única realidad para contar en directo, la farándula como el lugar del escándalo, el gol como máxima emoción y el periodista como protagonista de la información.

Por eso, importa es la carroña: el dolor, el escándalo, el odio, el tuiter asesino, el bocón de esquina, el matón del adjetivo, el accidente de calle, el golpe de madre, la miseria de marido irascible, el joven que incumple la ley... La noticia es la carroña del pobre, la miseria del excluido, la barbarie del margen.

En lo informativo, el fracaso de la televisión es tan monumental que es pura banalidad y carroña y sensacionalismo y farándula y la nada en desarrollo y de último minuto. Por eso, las noticias en TV no le importan a nadie, son la nada TV.

En este contexto es que se puede comprender que un noticiero tan carroña, sensacionalista, sangriento y miserabilista como el de Caracol vaya ganando. Su agenda es de magazín de farándula y crónica roja. Por eso, nunca gana un premio de periodismo, solo el ‘rating’ de la miseria. Y a sus dueños eso les parece ético: el ‘rating’ a las que sea y como sea. Allá ellos y su paisito, cada vez más gente huye de las noticias de TV.

ÓMAR RINCÓN
Crítico de televisión

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