El carménère tuvo su día / Hablemos de vinos

El carménère tuvo su día / Hablemos de vinos

Con algunos meses basta y sobra para obtener la pureza de esta fruta roja que se bebe tan bien.

28 de noviembre 2015 , 09:21 p.m.

Hace unos días se celebró el ‘carménère day’, una iniciativa impulsada por Wines of Chile, la oficina que se encarga de promocionar los vinos chilenos en el mundo. Y como tal, el día de la cepa fue mundial.

Esto de celebrar el día de… lo han popularizado los argentinos con su malbec. Los chilenos con el carménère recién están comenzando, y la celebración se ha concentrado más bien en las redes sociales, y en especial en Twitter. Tras esos esfuerzos de marketing, por cierto, se esconde la idea de seguir dando a conocer una uva que ya se ha posicionado como chilena, aunque me entero de que China tiene más carménère plantado hoy que Chile.

El camino del carménère es corto. Recién se supo en 1994 que lo que los chilenos conocíamos como merlot o, mejor, como “merlot chileno” era en realidad una obscura y olvidada cepa bordelesa de la que poco y nada se sabía. Por esos años, las alarmas se encendieron tras una pregunta muy simple: ¿Cómo se iba a vender una cepa (o una marca, al final) que nadie conocía?

Sin embargo, el tema de las ventas no fue el único. A diferencia del carácter seductor del malbec, el carménère es una cepa difícil que no seduce a todo el mundo, sobre todo por su lado herbal, muchas veces marcado. En un comienzo, entonces, se trató de esconder ese carácter, madurando las uvas en extremos, dejando al pobre carménère reducido a un jugo de pasas.

Hoy, tras más de veinte años, las cosas se han calmado. Y a medida que los productores chilenos han comprendido lo que sucede con esta uva en el viñedo, también han logrado compatibilizar su lado herbal (a pimientos verdes, por ejemplo) con sus sabores a frutas, que los tiene. Y mucho.

Este año he probado algunos de los mejores carménère que se han hecho en Chile. Tintos ligeros, muy suaves, con jugosa acidez y, sobre todo, con el uso de la madera muy controlada. Ignacio Recabarren de Concha y Toro, uno de los maestros de esta uva en Chile, se ha dado cuenta, por ejemplo, que no es necesario ni cortar tan tarde las uvas ni menos dejar los vinos criándose en madera por años. Con algunos meses basta y sobra para obtener pura fruta roja que se bebe tan bien que puede encantar hasta el más despistado de los consumidores.

Y sí, no llega a la facilidad y seducción del malbec pero está cerca. Para comenzar a conocerla –si no la han probado ya– les recomiendo partir por los niveles más bajos de precios, donde el carménère muestra su verdadera alma, hecha de frutas frescas y, claro, toques no menores de pimentón.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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