Madre, una 'joya' en pleno centro de Bogotá

Madre, una 'joya' en pleno centro de Bogotá

Ubicado entre locales de esmeraldas en La Candelaria, este restaurante sorprende a la capital.

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28 de noviembre 2015 , 09:21 p.m.

La primera vez que se visita Madre, en La Candelaria, la sensación es de extrañeza por el lugar. ¿Realmente existe un restaurante ahí, dentro de ese pasaje comercial de esmeraldas?

La pregunta surge sobre todo si se va de noche y es necesario tocar un timbre para que un vigilante lo lleve entre almacenes de joyas hasta una enorme bodega donde se revela un espacio de 300 metros con una decoración de estilo alternativo y rústico que atrapa a primera vista. Nadie se lo espera y esa es la clave del lugar: la sorpresa.

De ahí viene lo demás. La música –generalmente suena desde Nat King Cole, Radiohead hasta Coldplay– le da un toque agradable y tranquilo al lugar. Y se ve a grupos de amigos, muchos de ellos extranjeros comiendo pizzas y conversando entre copas, mientras son atendidos por meseros jóvenes, tatuados y sin uniformes, como una decisión abierta de su dueño, Carlos Ramírez, quien quería precisamente eso: un restaurante fresco “donde nadie pose”.

“En el centro la gente es más auténtica, y por eso quería un lugar así, sin tantas pretensiones, donde puedan comer rico, estar tranquilos y descubrir una zona como el centro que tiene lugares increíbles”, dice Ramírez, publicista y antiguo DJ, que convirtió un patio abandonado en un restaurante que aunque cuenta con una carta –no muy amplia– que mezcla salmones, pollos y sándwiches, tiene a la pizza como su sello principal.

De un horno de piedra, que se ve al final del restaurante, sale la pizza Annick, de trucha ahumada, aguacate y tomate, una de las más pedidas; o la Belén (pico de gallo, tomate, sobrebarriga), otra de las afamadas.

La cocina, que está a la vista, es comandada por John Garzón y Cristian Rincón, quienes son los encargados de preparar otros platos como los antipastos Basquiat, Antonio o el popular filete de salmón con espárragos y puré, uno de los consentidos de la casa, todo con productos frescos y orgánicos.

“Otra de las cosas lindas aquí es que hay muchos platos que se pueden compartir”, explica María Villegas, parte del equipo.

Pero también beber algo diferente a lo tradicional, como explica Juan Pablo Suárez, su administrador, cuya recomendación, además de vinos, cerveza o whisky y cualquier otra bebida alcohólica, es la panelada, una bebida con flor de Jamaica y panela. Aquí no se sirven jugos naturales y solo hay cocteles clásicos, así que la panelada termina siendo clave para quienes no toman alcohol.

Un patio abandonado

Antes de Madre no había nada. Era un simple patio abandonado en la parte trasera del pasaje comercial; pero cuando Ramírez lo vio –dice– tuvo una epifanía y visualizó lo que tiene hoy.

“Estaba en proceso de reinvención de mi vida. Había renovado La Bolera San Francisco, (también en el centro) pero ya quería dejar la noche. Hasta que el dueño del centro comercial me mostró el espacio y cuando lo vi, básicamente me enamoré de sus paredes”, dice.

De hecho, las conservó y son las paredes de ladrillo las que le dan un aire rústico al restaurante que cruza con objetos como muebles, materas y algunas jaulas de pájaros vacías, que recuerdan las casas familiares de los años 40 y 50.

“Tiene que ver con volver a la madre y con la masa madre, el pan. Quería un espacio que tuviera un ambiente familiar y estuviera en torno al fuego, por eso el horno es tan importante, porque es como se cocinaba en el origen. Para mí donde hay fuego siempre hay gente reunida”, dice. Pero al principio nadie le creyó. Ni sus amigos le veían futuro a un lote vacío, y algunos de los esmeralderos, sus vecinos, pensaban que allí lo que habría sería un lugar de fiesta y les traería problemas de seguridad. Pero él creía y cree firmemente en las posibilidades del centro de la ciudad.

Madre está realmente escondido y es el boca a boca lo que le ha dado fama y reconocimiento.

Primero llegaban quienes salían del Teatro Colón o la Fundación Gilberto Alzate Avendaño o de cualquier evento cultural en el centro de la ciudad; pero ahora, es común que quienes solían visitar restaurantes en Chapinero o el norte de la ciudad se desplacen a almorzar allí. Atienden a cerca de 160 personas diarias desde el mediodía hasta la medianoche, en un espacio con 25 mesas y capacidad para 85 comensales.

Su objetivo es vincularse con la revitalización del centro y a eventos de las industrias creativas. Ya han sido sede de algunos como el Festival de Cine IndieBo; o el lanzamiento de la revista 'The End', entre otros.

“Espero que al centro, que tiene una historia tan grande, lo cuiden más y que la gente vuelva, que se lo tome”, dice Ramírez. Finalmente, volver al centro es volver a la madre.

¿Dónde y Cuándo?

¿Dónde?: calle 12 n.° 5-83, La Candelaria. De 12 m a 12 de la noche. Teléfono: 342-6058. Precio promedio de los platos: Desde $ 20.000 hasta $ 32.000.

CATALINA OQUENDO B.
Cultura y Entretenimiento
@cataoquendo

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