La sastrería del Congreso

La sastrería del Congreso

Yo preferiría que el Presidente no cumpliera su promesa, a que vuelva plastilina la Constitución.

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28 de noviembre 2015 , 08:22 p.m.

Una vez los colombianos votemos el plebiscito, que muy probablemente logrará sus 4,4 millones por el ‘sí’, el presidente Santos le informará al mundo que Colombia refrendó popularmente los acuerdos de La Habana y exhalará legitimidad por todos los poros.

Y no solo alegará cumplida su promesa de que nada sería acordado sin el visto bueno de la mayoría de los colombianos, sino que con ese supuesto aval cubrirá el acuerdo de paz con un manto de credibilidad política que hoy se arriesga a no tener por causa de las excepciones constitucionales y legales en que incurrirá en su proceso.

Pero en el fondo, el Presidente no nos va a cumplir ni lo uno ni lo otro. Decir sí o no a la paz no es lo mismo que votar cómo ni qué. Pero, además, consciente de que el país puede querer la paz, pero no de cualquier manera y a costa de unas concesiones inmensas, el Presidente no está dispuesto a someter a la aprobación de los colombianos textos de reformas que lo expongan a una derrota.

Por eso no le sirve ninguna de las formas de participación popular que hoy trae la Constitución. No le sirve el referendo, porque exige consultar los textos de las reformas que se van a aprobar. El plebiscito tampoco le sirve, porque aunque no exige contenidos, sino sencillamente que se vote sí o no, impone un umbral mínimo que, de acuerdo con el censo electoral de hoy, no bajaría de 16 millones de votantes, prácticamente imposible de obtener.

Yo hasta preferiría que el Presidente no cumpliera con su promesa, a que la cumpla tan mal. Porque será más costosa la fórmula por la cual ha optado, que es la de diseñar un plebiscito de sastrería, a la medida de los temores del Gobierno, que vuelve plastilina la Constitución. A ese plebiscito le eliminarán su umbral de participación y le ajustarán un nuevo umbral de aceptación. Solo se exigirá el 13 por ciento del censo electoral, o sea un mínimo de 4,4 millones de votos por el ‘sí’.

En algo debe de haber fallado el Gobierno en su liderazgo, que no logró asegurar las mayorías espontáneas de los colombianos alrededor de un tema de tanta trascendencia futura. Y lo más triste de que el Gobierno haya tenido que recurrir a la trapisonda de este plebiscito de sastrería es que indica la poca evolución de la democracia colombiana, o su gran inmadurez.

Hace 58 años el país aprobó el plebiscito de 1957, que dio origen al Frente Nacional. Y adivinen con cuántos votos: 4’196.294.

El acuerdo del Frente Nacional ha sido desacreditado, vilipendiado y calificado de haber consistido en un pacto político clientelista y excluyente. Hasta culpado de haber sido terreno abonado para la génesis de las Farc. Pero fue la manera que liberales y conservadores de la época encontraron de hacer la paz y acabar con la violencia fratricida.

Su aprobación tampoco era fácil. El país estaba ensangrentado, no había Congreso ni separación de poderes y estaba gobernado por una junta militar montada por Rojas Pinilla. En 1957, las mujeres apenas estrenaban su derecho al voto y solo podían votar los mayores de 21. El analfabetismo y, por consiguiente, la incultura política cundían; mucha gente acudió a las urnas convencida de que iba a votar por un tal ‘doctor Plebiscito’, que acabaría con la guerra. Y hasta se dice que lo que en realidad hubo no fue un plebiscito, sino un referendo, que, tomando mayores riesgos, sometió a la aprobación del pueblo el texto de una reforma constitucional de 12 artículos con cambios como la paridad política, la cooptación, la carrera judicial y administrativa y el sistema de designación de jueces.

Lo que nadie puede alegar es que lo que se sometió a refrendación del pueblo en el plebiscito de 1957 fuera menos trascendental que lo que van a avalar los colombianos en el plebiscito del 2016.

Entonces, ¿cómo es posible que para aprobar la paz en un país de 48 millones de colombianos se necesiten los mismos 4 millones de votos que hace más de medio siglo se requirieron para aprobar la paz en un país de 12 millones de habitantes?

Entre tanto… Me tranquiliza el ‘Timochenko’ que dice en su más reciente autoentrevista: “Siento una carga de responsabilidad muy grande ante Colombia y el mundo”. Pero también asegura que apenas se rubrique la paz, “automáticamente quedarán libres los guerrilleros presos”. Eso sí necesita precisión del Gobierno con los colombianos...

MARÍA ISABEL RUEDA

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