Editorial: Un sueño posible

Editorial: Un sueño posible

El Plan Maestro de Transporte Intermodal constituye una hoja de ruta con visión de largo plazo.

28 de noviembre 2015 , 08:21 p.m.

Que Colombia necesita más y mejores vías de comunicación es una afirmación que suena obvia en una nación que no ha logrado superar los retos que acompañan su agreste geografía. Múltiples mediciones demuestran que en materia de conectividad nos encontramos en la retaguardia de América Latina y a una gran distancia de sociedades de mayor desarrollo.

Las cifras son elocuentes. De los 204.855 kilómetros de carreteras con que cuenta el país, menos de 7 por ciento se encuentra pavimentado. Aun con el esfuerzo de los últimos años, sumamos apenas 1.475 kilómetros de dobles calzadas, un promedio inferior al regional. En materia ferroviaria, existen solo 940 kilómetros de carrileras que son utilizables, mientras que el sistema fluvial es modesto, no obstante la inmensa riqueza hídrica que nos caracteriza.

Por culpa de esa realidad, nuestras dificultades son evidentes. Según el índice de desempeño logístico, que elabora el Banco Mundial, ocupamos el puesto 18 en Latinoamérica, por debajo de todos nuestros vecinos. Por ejemplo, exportar una mercancía en un contenedor cuesta aquí cuatro veces más que en Panamá y casi el doble que en México.

Los beneficios de romper los cuellos de botella en ese frente serían enormes. Un estudio académico afirma que una reducción de uno por ciento en lo que vale sacar un bien al exterior podría aumentar las exportaciones agrícolas e industriales en cerca del 8 por ciento.

Es verdad que hay un gran programa en marcha. Durante el primer quinquenio del siglo, la inversión total en infraestructura de transporte escasamente se acercó al equivalente del uno por ciento del producto interno bruto. El año pasado dicha proporción llegó al tres por ciento, y todo apunta a que en lo que queda de la década será todavía mayor.

El motivo es el ambicioso plan que impulsa la administración Santos, el cual comprende las autopistas de cuarta generación, las vías para la equidad, la navegabilidad por el río Magdalena y la mejora en las instalaciones aeroportuarias en múltiples ciudades. Si a todo ello se le agregan las asociaciones público-privadas que no requieren aporte de dinero estatal, se puede hablar de una estrategia billonaria y multianual que les va a cambiar la cara a muchas regiones y les abrirá la puerta a nuevas oportunidades de progreso.

Sin embargo, este propósito no se puede quedar ahí ni ser bandera exclusiva de un gobierno. Por tal razón, hay que destacar la importancia del Plan Maestro de Transporte Intermodal, que fue presentado esta semana en Cartagena en el marco de la asamblea anual de la Cámara Colombiana de la Infraestructura. Más que un documento, se trata de un protocolo para orientar los esfuerzos a largo plazo de un sector que desde hace rato necesitaba una buena hoja de ruta.

El proceso en cuestión parte de una visión macroeconómica a 20 años en la que se asume que la agricultura y el ramo manufacturero crecerán más rápido que el promedio. Con base en tales proyecciones se estima la demanda futura de tráfico en los distintos corredores que unen el territorio, y se identifican intervenciones que reducen la congestión y mejoran las especificaciones de las redes. Para citar un caso, se propone que la velocidad promedio en zonas de montaña sea de 60 kilómetros por hora y que en áreas planas llegue a 80, superando con creces la realidad actual.

Las intervenciones propuestas deberían priorizarse con métodos simplificados de análisis de costo y beneficio. Pero, más que decir por dónde se debe comenzar, se enfatiza la recomendación de que el Ministerio del ramo debe tener una Unidad de Planificación de Transporte que sea la encargada de identificar y definir proyectos, con el fin de adelantar los estudios técnicos del caso.

Todo lo anterior muestra que, en contra de lo que ha sido la tradición, lo que se busca es evitar las improvisaciones que tan caras nos han salido en el pasado. Solo así será posible garantizar el éxito de un emprendimiento que duraría hasta el 2035 y requeriría 10,4 billones por año en inversiones. El monto es importante, pero se encuentra dentro de las capacidades de una economía que debería destinarle algo más del uno por ciento del PIB a esta estrategia.

Hacer la tarea, que comprende unas 200 iniciativas individuales, de las cuales tres cuartas partes son vías con una extensión de 19.561 kilómetros, exigirá mucha dedicación. El premio sería un país bien conectado, tanto en troncales como en transversales, y con un mejor balance entre métodos de transporte.

“Soñar no cuesta nada”, dirán al respecto los escépticos. En respuesta, se puede afirmar que la meta de que Colombia cuente con una infraestructura decente es un sueño que es posible convertir en realidad si las cosas se hacen con orden y responsablemente. En ese sentido, el Plan Maestro es un primer paso de muchos, pero es un paso fundamental.

EDITORIAL
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