El SITP aún sigue en deuda con los bogotanos / Voy y vuelvo

El SITP aún sigue en deuda con los bogotanos / Voy y vuelvo

Editor Jefe de EL TIEMPO analiza lo costosa que ha sido la implementación del sistema para usuarios.

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28 de noviembre 2015 , 04:43 p.m.

Aún recuerdo como si fueran ayer las tensas jornadas que se vivieron durante la estructuración del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP) en la administración de Samuel Moreno. Estudios hubo, sin duda, serios, bien analizados, bien documentados, pero ingenuamente –luego se vendría a saber que no tanto– el gobierno de Moreno, hoy preso por escándalos de corrupción, terminó cediendo a los chantajes de los empresarios de buses de entonces.

En efecto, el afán por poner en marcha el sistema dentro de lo que había señalado el plan maestro emanado de la administración de Lucho Garzón, y las presiones de los transportadores de la época, que se tradujeron en protestas, paros y mantuvieron en vilo a la ciudad durante tres días, terminaron por precipitar las cosas. Y los empresarios se salieron con la suya.

Fue esa presión, no lo duden, la que terminó por finiquitar los contratos que le dieron vida al SITP y que fueron firmados luego por la alcaldesa encargada Clara López. Hoy, cinco años después, de todo lo que se prometió allí y que fue bautizado como la revolución del transporte público, poco se ha cumplido.

No me voy a detener en la situación financiera del SITP –cuyo déficit para 2016 se proyecta en 600.000 millones de pesos o más–. Y tampoco me referiré a las cuestiones técnicas de la integración, sino a lo costoso que nos ha salido su implementación a los ciudadanos.

La primera mirada tiene que ver con los usuarios regulares que aprendieron a usar el sistema, lo conocen y saben sacarle provecho; entienden bien cómo es el uso de los paraderos, las tarjetas, las recargas y, sobre todo, los transbordos. Eso es fundamental. Y los sabios del tema son, sin duda, los estudiantes, que deben lidiar con este todos los días.

La otra cara de la moneda –y es la que genera mayor decepción– son las fallas propias del modelo (frecuencias, señalización, recargas, por ejemplo), el estado de los buses azules y el comportamiento de los conductores. En una semana fui testigo de hechos que dejan mucho que pensar sobre lo que está pasando.

Para el primero de los casos se requiere de una mediana reingeniería que permita atacar los males de manera puntual y reconstruya la confianza en el SITP. No tiene por qué ser difícil, pero sí engorroso.

Por otro lado, algo no quedó bien atado cuando se contrató a los conductores, pues varios de ellos siguen el mismo comportamiento irracional de los buseteros de antaño: agreden a los vehículos vecinos, infringen las señalizaciones, invaden espacios verdes, les da pereza detenerse en un paradero si solo ven una persona; les da física ‘mamera’ usar el carril preferencial y alguno que otro conserva la manía de no detenerse en el paradero asignado.

Y tal vez porque son más visibles ahora que antes, no hay día en que un vehículo de estos no esté varado, pinchado, estrellado o involucrado en algún incidente, muchas veces por culpa de terceros, hay que decirlo. El jueves pasado me aterró ver cómo un bus azul iba, literalmente, torcido por la avenida 68. Así como lo oyen. Seguramente se trataba de algún bus repotenciado, con el chasis torcido, pero el espectáculo era deprimente, para no hablar de los buses del sistema que contaminan sin compasión. Y el Alcalde nos anuncia la llegada masiva de taxis eléctricos.

Hay quienes creen que uno es aguafiestas y que solo critica sin reconocer. Pues no. Soy de los que viven obsesionados con el tema porque, como el propio gerente de TransMilenio, señor París, o la secretaria de Movilidad, María Constanza García, sí creo que es el sistema integrado el que nos salvará del caos. Pero no así. No con anuncios dulzones como el SETP (Sistema Estratégico de Transporte), que no es otra cosa que enviar los buses viejos, contaminantes y peligrosos que hoy fungen como azules a aquellas zonas donde operaban las empresas Egobús y Ecobús, que se encuentran en situación económica crítica.

Los buses con el distintivo de SITP improvisado no son nada distinto a lo mismo de antes: no hacen transbordos donde deben, no acuden a los paraderos de los azules, son obsoletos. Eso no fue lo que se nos ofreció cuando dijeron que se trataba de una situación temporal. Se acabó el gobierno y no pasó nada.

Leo un artículo de la veedora Adriana Córdoba escrito el 26 de mayo de 2012 en El Espectador donde advertía de las decisiones contractuales, técnicas, de infraestructura y comunicación que se necesitaban para que el SITP fuera realmente eficiente. Sí señores, eso fue hace tres años...

ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor Jefe EL TIEMPO
erncor@eltiempo.com
En Twitter: @ernestocortes28

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