Una máquina infernal, la MSN

Una máquina infernal, la MSN

Todos quieren a los tres tenores, no sólo para disfrutarlos, también para desarmar a esta máquina.

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28 de noviembre 2015 , 04:01 p.m.

Malas noticias para el Real Madrid: en un año en funciones, la MSN (Messi-Suárez-Neymar) lleva una triple corona, 163 goles y 73 asistencias. Y, por edad, da para otras cuatro temporadas de duración. Eso sin contar las exhibiciones, los festivales de fútbol, la magia de los tres fenómenos. “Nunca vi un tridente así”, confiesa el primer Luis Suárez famoso, el gallego que compartió ataque en el Barça de fines de los 50 con Kubala, Cizbor, Evaristo, Eulogio Martínez; el Balón de Oro de 1960.

El Barça no tiene rivales, tiene víctimas. El Madrid lo fue el sábado anterior, la Roma el martes, la Real Sociedad este sábado. Catorce goles entre los tres, que bien pudieron ser veinte o veinticinco. El mundo quedó fascinado ante tanto alarde de habilidad. Son las masacres recientes de este equipo al que millones de latinoamericanos se empecinan en demeritar de algún modo, pero que termina cerrando bocas y abriendo defensas con dos virtudes que parecen contrapuestas: encanto y contundencia. “Sí, pero eso lo hacen en España” (por cierto, la liga más fuerte del mundo, cada vez con más diferencia). “Nadie los marca” (los suelen esperar los once rivales al borde de su propia área como en el medioevo se esperaba a los invasores, con flechas, fuego, piedras, aceite hirviendo…) “Juegan contra equipitos” (sí, como el Real Madrid, la Roma, el Paris Saint Germain, Atlético de Madrid, Valencia, Juventus, Manchester City, Bayern Múnich, generalmente se cruza con esos debiluchos). Todos dicen tener la receta de cómo anularlos, pocos han podido.

Cuando decimos un año es porque Suárez estuvo ausente por sanción los primeros cuatro meses de la temporada pasada y Messi por lesión los últimos dos de esta. Los hinchas de River y del América de México soñaban llegar al Mundial de Clubes y bañarse de gloria; a medida que se acerca la fecha, la mínima referencia al torneo les suena pesadillesca: el fixture los puso en la línea de fuego del Barça. Y uno sabe que si esos tipos llegan descansados y se levantan bien te pueden hacer ocho. Lo peor es que termina el acto y casi no te han dejado tocar la bola. Desde un plano futbolero, es vejatorio, aunque son delicadamente crueles. Los riverplatenses querían ir por miles a Japón, ahora bajó la demanda de pasajes.

Neymar cumple 24 años en febrero, Suárez 29 en enero y Messi también 29 a fines de junio. No es ilógico pensar que puedan completar cinco o seis temporadas juntos. En algún momento amainará la potencia del uruguayo y la velocidad del argentino, pero aumentará la sabiduría, la templanza, el manejo de los tiempos y los ritmos.

Pese a todas las convulsiones institucionales de los últimos años y los ataques externos (la candente posibilidad de independencia catalana no le ha granjeado favores del poder central), la sanción de la Fifa que le impidió fichar, las muchas compras fallidas, su maravilloso estilo -y tantos exquisitos cultores- lo mantuvieron a tope. Todo nació en 2003 con Laporta en la presidencia, Rijkaard en el banco y Ronaldinho en el campo. Se potenció con Messi desde 2004. Y en el medio, Xavi el Sabio, el exquisito Andrés Iniesta, Puyol, Abidal, Eto’o, Henry, Villa, Dani Alves, Piqué, Jordi Alba… Todos con la misma partitura del ‘tiqui-taca’. Sin la fantasía de aquellos, Sergio Busquets es como una máquina de precisión que toca 60 veces el balón en un partido y distribuye los 60 al pie, con criterio y profundidad. Está en una fase sensacional de su juego.

¿Algún estadígrafo se habrá detenido a contar la cantidad de goleadas que infligió el Barcelona en estos últimos once o doce años…? Hablamos de cuatro o más goles. ¿Ciento cincuenta… doscientas goleadas…? Si sólo al Madrid le ha ganado 5 a 0, 4 a 0, 6 a 2, 4 a 3… Son registros insólitos que sólo el Santos de Pelé, cinco o seis décadas atrás (en un fútbol más lento y sin presión), puede equiparar.

La última lesión de Messi ha permitido mostrar los progresos de Neymar, mucho más serio en su juego sin perder la alegría, asumiendo sin complejos un rol de conductor. La más extraordinaria decisión de su vida fue elegir el Barcelona y no el Real Madrid. Si mejora el pase alcanzará una categoría excepcional (y lo está mejorando). También el ligamento de Leo posibilitó admirar la dimensión colosal de Luis Suárez, acaso el mejor futbolista uruguayo de todas las épocas. Un matador, un demonio que ataca los espacios y transforma una jugada insulsa en un gran gol. Posee un desmarque fantástico y es una preocupación terrible para los dos centrales contrarios.

“La humildad de Messi a la hora de recibir a Suárez y a Neymar ha sido clave. Los tres han comprendido que, dejando de lado el egoísmo, se podían conseguir cosas muy importantes. Han sido muy inteligentes acoplándose”, remata el antiguo Luisito Suárez.

“Messi hasta ahora, ha sabido convivir perfectamente con Neymar, a partir de ahora tendrá que aprender a convivir con la evolución de Neymar”, apunta con agudeza el periodista español Félix Monclus. Sin embargo, la empatía del tridente no parece alterarse con el crecimiento de Neymar y Suárez. Cuando se festeja un gol se advierte a un grupo. El trío ríe, se abraza, se felicita. Se hacen pases-gol unos a otros, le dejan un penal al que no ha convertido aún. Y el buen clima sigue en el vestuario, lo dicen las fotos que se toman juntos y publican en las redes sociales. Es un caso de antivedetismo inusual, tres fenómenos que se lleven de maravillas. Esto puede determinar clamorosos triunfos en los próximos años. Barcelona quiere blindar a Neymar hasta 2021, lo cual no parece sencillo. A Messi acaban de tentarlo con una locura desde el Manchester City: 1.200.000 dólares semanales. Todos quieren a los tres tenores, no sólo para disfrutarlos, también para desarmar a esta máquina.

Como muchos, al principio pensábamos que el mérito de Luis Enrique era correrse para no estorbar. Llegó el tiempo de darle algún mérito. Administra bien las rotaciones, no ha querido cambiar el estilo, se percibe armonía en el plantel.

El segundo gol a la Roma retrata a este Barça de Luis Enrique, que casi ha igualado la línea de belleza del de Guardiola: once jugadores tocaron el balón en 27 pases consecutivos, finalizando con una triple pared y una definición magistral de vaselina. Eran siete jugadores de la Roma en el área; había menos lugar que en el subte de Tokio a las seis de la tarde. Pasaron igual. Están escribiendo una leyenda del fútbol, y nosotros viéndola en tiempo real.

Último tango...

JORGE BARRAZA
Para EL TIEMPO
@JorgeBarrazaOK

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