Historias de camerinos rotos que acaban con equipos

Historias de camerinos rotos que acaban con equipos

Se dice que en el Real Madrid no hay buena comunión de los jugadores con el DT.

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28 de noviembre 2015 , 03:32 p.m.

Para ser director técnico, además de saber de fútbol (algo básico), hay que tener un poco de psicólogo, otro poco de médico y también un poco de vocación de papá para manejar 20, 25 o 30 egos distintos, que a la hora que llegan a entrenar, no se sabe con qué problemas llegan de la casa.

Pero a veces, nada de eso alcanza. Y es ahí donde los grupos empiezan a romperse, la confianza entre técnicos y jugadores se pierde y los procesos se acaban si no se toma una decisión. Existen tres opciones: o hablan todos y arreglan por las buenas, o se va el técnico, o se van los jugadores que, según el entrenador, son los que comienzan los problemas. La opción B es la más frecuente.

El caso más sonado por estos días es el del Real Madrid, que pasó por una de las peores semanas de su historia, con siete goles recibidos en dos partidos (entre ellos cuatro del Barcelona en el superclásico) y lluvias de críticas hacia el técnico Rafa Benítez.

Los malos resultados del Real Madrid (que antes del duelo con el Barcelona también había perdido con Sevilla) alborotaron los rumores. Que Cristiano Ronaldo dio un ultimátum al presidente Florentino Pérez y lo puso a escoger entre él y el técnico, que los jugadores no les gustaban las indicaciones de Benítez ni su nulo pasado como jugador de fútbol... Lo cierto es que Pérez ratificó a Benítez, Benítez cambió siete jugadores para jugar contra el Shakhtar y el Shakhtar puso a pedir tiempo al Real Madrid después de ir ganando 0-4. Casi empata: fue 3-4... Por ahora, la solución inicial del Madrid fue la A: tratar de arreglar por las buenas.

En la otra orilla, la del Barcelona, se viven hoy momentos de gloria. Pero no crean que siempre fue así: hace un año, en las páginas de los periódicos catalanes se leían notas que bien pudieron ser las del Madrid hoy, cambiando fechas y nombres de personajes. También hubo dos derrotas seguidas en la Liga, una de ellas, cómo no, en el clásico. ¿Qué decían los rumores entonces? Que Luis Suárez se quejó de sentirse “confundido tácticamente” en el clásico, que Mathieu estaba molesto por jugar como lateral, que Gerard Piqué ya alistaba maletas para volver a la Premier League, donde ya había jugado, y que Lionel Messi también andaba disgustado porque el DT lo hacía jugar lejos del arco.

A diferencia de Benítez, Luis Enrique sí fue jugador, y de los buenos. Y para ello aprovechó esa experiencia para poner el vestuario en orden. Ganó la Liga, la Champions y hoy tiene al equipo rememorando los años dorados de Pep Guardiola. Otro arreglo por las buenas. Pero no siempre pasa eso.

Luis Enrique, el DT del Barcelona, confesó, en un programa de TV, cosas que odiaba de sus entrenadores cuando era jugador. (EFE)

En una entrevista en el programa Colgados del Aro, emitido por internet, Luis Enrique recordó qué era lo que más le molestaba de sus técnicos, en la época de jugador. “Sufrí el típico entrenador pesado que se pasa el partido tocándote los huevos por jugar en la banda. Yo intento, aunque no digo que lo consiga, que al que me toca por allí no decirle todo lo que tiene que hacer el equipo. Yo no lo soportaba”, explicó. Y confesó que si hubiera tenido que dirigirse a sí mismo como jugador, se hubiera entendido bien... Otro arreglo por las buenas. Pero no siempre ocurre.

Volver a empezar

Jorge Luis Pinto llegó a la Selección Colombia en 2007, para reemplazar a Reinaldo Rueda. Y cuando asumió, recibió una base de jugadores que aún tenía como líderes a dos zagueros centrales que jugaban en Europa: Iván Ramiro Córdoba y Mario Yepes.

La relación fue, al menos, tirante entre jugadores y DT durante la Copa América de Venezuela. Y esos problemas se reflejaron en la actuación de Colombia en ese torneo: dos goleadas (5-0 de Paraguay y 4-2 de Argentina) lo dejaron afuera.

Pinto pidió arreglar las cosas a su manera. Nunca volvió a llamar ni a Córdoba, ni a Yepes, ni a Miguel Calero. Y empezó a aprovechar su experiencia cono DT del Cúcuta para tratar de cambiar la Selección. El asunto funcionó bien hasta que al equipo le cayó una racha espantosa, que se selló con un 4-0 en Chile. La solución C fue radical. Y no sirvió: Pinto dejó la Selección y Colombia no fue al Mundial. Pero antes de irse, el entrenador señaló a dos de los líderes que quedaban (extraoficialmente, Fabián Vargas y Amaranto Perea) y pidió no tenerlos más en cuenta. No le hicieron caso.

En la Copa América del 2007, el grupo no le funcionó a Jorge Luis Pinto (izq.). Lo cambió para la eliminatoria. Y luego se fue él. (Archivo EL TIEMPO)

No era la primera vez que había problemas internos en una Selección Colombia. Para el Mundial de Francia 98, el equipo llegó al torneo con poca renovación y con varios jugadores muy cansados. Y, además, con un grupo dividido. Faustino Asprilla y Hernán Darío Gómez se distanciaron luego de que el DT sacara a Asprilla del partido frente a Rumania. ‘Bolillo’ les dio día libre a los jugadores y Asprilla se encontró con un periodista. Grabadora encendida, se despachó contra el DT. El Tino fue excluido del Mundial y su relación con Carlos ‘Pibe’ Valderrama fue distante por algún tiempo. Las heridas se cerraron después.

Ese tipo de inconvenientes trasciende fronteras. Y se agudiza con los malos resultados, como los de Venezuela, que va en blanco en cuatro partidos de la eliminatoria. Esta semana, uno de los líderes de esa Selección, el zaguero Fernando Amorebieta, renunció. Y detrás de él podrían irse varios más, molestos por el estilo de trabajo del DT Noel Sanvicente.

Épocas de cabaret

Pero no siempre el disgusto es con el técnico. A veces, un compañero que, según el resto del plantel, no trabaja lo suficiente puede romper un grupo. Uno de los casos más famosos en el continente ocurrió en 1998, cuando Diego Latorre, actual comentarista de Fox Sports y la TV Pública de Argentina, era jugador de Boca Juniors.

Héctor Veira, el DT de Boca en la época del 'cabaret'. (Archivo EL TIEMPO)

Héctor ‘Bambino’ Veira era el técnico de un equipo en el que abundaban los problemas internos. Y casi siempre, el señalado era Latorre, a quien acusaban de no esforzarse. Un día, cansado del tema, soltó una frase que hizo historia: “Boca es un cabaret”. Veira pidió una sanción para el jugador. Luego se fue él. Y Latorre también. Su reemplazo, Carlos Bianchi, llevó a Boca a la era más gloriosa de toda su historia, con la misma base del “cabaret” del ‘Bambino’. No siempre en un equipo todos son amigos. Pero un camerino roto es el primer causante de que al equipo completo le pase lo mismo.

JOSÉ ORLANDO ASCENCIO
Subeditor de Deportes
@josasc

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