Letras al metro en su aniversario

Letras al metro en su aniversario

Un filósofo, un escritor y un promotor de lectura le escribieron una carta al metro en sus 20 años.

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27 de noviembre 2015 , 10:37 p.m.

Memo Anjel, Jairo Osorio Gómez y Nelson Fredy Pérez describen en cartas dirigidas al sistema metro su posición como usuarios y críticos de ciudad, los tres coinciden en las transformaciones y hablan del equilibrio entre los beneficios y las fallas.

Memo Anjel es periodista, docente, filósofo y escritor. Entre sus obras se encuentra Historias del barrio Prado, De dictadores, Ángeles Peatones y Pecados renovados. Además de ser un investigador de la ciudad.

Por su parte, Jairo Osorio Gómez es director del Fondo Editorial de la Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula), a través de sus escritos ha narrado historias de la sociedad antioqueña, su libro más reciente lleva por nombre ‘Familia’.

Finalmente, Nelson Fredy Pérez Galeano es promotor de lectura de la biblioteca Comfenalco. Desde su labor, lucha por una inclusión a las prácticas literarias de las personas con discapacidad.

De Memo Ánjel para el metro

Memo Anjel es periodista, docente, filósofo y escritor. Entre sus obras se encuentra Historias del barrio Prado, De dictadores, Ángeles Peatones y Pecados renovados. Foto: Laura Montoya/EL TIEMPO

Es interesante que me hayan solicitado una carta y no un e-mail o un twitt, que para los tiempos que vivimos escribir más de diez renglones ya es un asunto de tiempos pasados, buen estado del cerebro y un poco de tranquilidad. Pues, bien asumo el asunto de la carta (que ojalá pudiera ser escrita a mano, a fin de identificar a quien la envía) y el estado de tranquilidad necesario para hacer una reflexión sobre lo que el Metro de Medellín ha significado en estos 20 años (no tenía idea que llevaba tantos años funcionando) en términos de urbanismo, transporte masivo y modernidad para la ciudad.

En mi vida he conocido muchos sistemas de Metro: el de Madrid, el de Barcelona, el de Berlín, el de París, el de Buenos Aires (que solo se extiende por la parte norte), el de Nueva York, el de Londres, el de Santiago etc. Unos underground, otros mixtos (el de Berlín, por ejemplo). Algunos huelen mal, otros son habitados por gentes de la calle, los más tienen un acordeonista en algún túnel de acceso. Y todos cambian en sus pasajeros según sea la estación (primavera, verano, otoño. Invierno). Para escribir una novela, el metro es un espacio con muchos argumentos.

El mundo de los Metros es interesante. Y el de Medellín, a pesar de que le faltan vías (todavía es muy joven) tiene unos anexos que lo hacen único en el mundo: los metro-cables, una solución de ingeniería que resuelve el problema de la topografía de la ciudad (Medellín es una especie de embudo), y los espacios públicos creados alrededor de las estaciones. De los metros que conozco, solo unas pocas estaciones plantean un espacio público. La mayoría son entradas y salidas. No así el de Medellín, que si bien es lo que se llama un tren S (Strasse-Bahn, que va al nivel de la calle y en algunos tramos se eleva), se integra a la ciudad no solo como transporte sino en la calidad de espacio urbano.

20 años no es mucho tiempo para un Metro, pues es una obra que no para de ampliarse. Los que tiene más de un siglo son más grandes porque nunca han parado de extenderse, pues los sistemas Metro (por esto nunca son rentables) son obras que no paran, a menos que la ciudad detenga su crecimiento. Vista así la situación, creo que tendremos Metro para muchos años: nuevas vías, nuevos equipos, nuevas soluciones. Y como resultado, más comodidad para los ciudadanos y menos contaminación ambiental.

Bueno, me he pasado de los diez renglones. Pero tengo algo más que decir: me decía un amigo que sabe mucho de Metros, que la estación Universidad de Antioquia es la más completa de América porque cubre una buena cantidad de lugares esenciales para la ciudad: la universidad, el Parque de los Deseos, el Jardín Botánico, el Planetario. Y otro amigo, que sabe mucho de arte y cultura, anotaba que los cuadros de la Virgen en las estaciones son un acierto: es lo único que nunca rayaría un antioqueño.

Si las demás instituciones siguieran el ritmo del Metro (en asumir retos, establecer una cultura, tener inteligencia y pensar la ciudad), salir del Tercer Mundo sería posible. El Metro es algo grande, pero no tiene por qué halar él solo. Los demás tienen que tomar el ejemplo.

¡Ay, Metro de Medellín!

Jairo Osorio Gómez es director del Fondo Editorial de la Universidad Autónoma Latinoamericana (Unaula), a través de sus escritos ha narrado historias de la sociedad antioqueña. Foto: Archivo EL TIEMPO

Me piden los amigos del periódico El Tiempo que les escriba una cartica, con ocasión de su cumpleaños número veinte. Buena la intención de congraciarlos así, pero riesgosa porque un hombre imprudente como yo es capaz de aguarle la fiesta a cualquiera que tengo reparos en su hoja de vida.

Ustedes, por ejemplo. Bonito eso de haber surgido para mejorar la movilidad de la ciudad, para ahorrarles tiempo y dinero a los usuarios del transporte público, para darle a Medellín una imagen de metrópolis progresista y amable. Solo que, como pasa con todo lo que aquí construye, se queda a medias en la intención sana de mejorar la vida del colectivo. Ni siquiera mencionemos los antecedentes de las dificultades de diseños y las compras de las fajas de tierra, y todo aquel berenjenal de la contratación en la que tantas cosas se dijeron. No, no hablemos del pasado para que sigamos repitiendo los mismos errores en las obras públicas por venir.

Mejor será reconocerte, Metro, que le has hecho la vida más fácil a muchos, aunque a veces también se las haces difícil. Has tratado de imponer un sello, la cultura Metro, que a veces se desdibuja con ese comportamiento atrabiliario de los ciudadanos. Para mí, como vecino, importa es que el sello perdure, que no se extravíe en las falsas canonjías que canta la publicidad, porque esas trovas de sirena engañan tanto.

La cultura Metro es buena cuando realmente la practican, no cuando se queda en el discurso, tan afín a la idiosincrasia paisa. La ayuda del Metro es muy humana cuando la hacen verdaderamente, pero de ella tienen que decir muchas cosas los veteranos que te utilizan, porque las facilidades de uso externo e interno dejan qué decir a quienes no podemos subir infinidad de escaleras en ángulos a veces impensables. Cómo se les olvidó a los gestores la dotación de escaleras mecánicas para evacuación o acceso fáciles de peatones de condiciones variadas. Y, lamentablemente, la solución a ese equívoco es otro equívoco. Ni pa qué decirlo.

La cultura Metro se desdibuja con los vendedores que te cierran el acceso en cada estación. Ay, por dios, qué montón de gente. Ellos podría retratarnos como lo mejor de lo paisa, al fin y al cabo somos sinónimos de rebusque y prestidigitación, de bulla, escándalo, corotos, etcétera. Entiendo la situación por el contexto de iniquidad que nos rige, pero qué hiciéramos para que esa masa se interiorice con las prédicas de vuestra cultura Metro. Ésa, y los usuarios de tus vagones, porque esta semana supe que ya hasta se están peleando a coscorrones, qué tal. Y no es para menos. Los tumultos a las horas picos, en tus estaciones principales, supe hace años que iba a degenerar en eso que ahora las redes están denunciando: las tropelías de los bárbaros por un escaño en tus plataformas. Están llevando el ejemplo de la dirigencia blanca a tus interiores: la pelea como principio de vida, el baile de garrote como precepto de clase.

Y Metrico, ¿por qué no creces? Yo te imaginé desde el principio recorriendo la cañada del Aburrá desde Barbosa (incluso más allá, desde estación Botero) hasta las colinas de Santa Bárbara, Amagá y Camilocé. Te quedaste en un Metrico, encajonado entre dos montañitas centrales. Cómo ayudarías a la planificación de la región si tuvieras cojones para explayarte por donde tus pares lo han hecho en otras ciudades. Pienso en los trenes suburbanos de Madrid, Barcelona y París, por ejemplo. Yo trabajaría en Medellín y con gusto viviría en las riveras del Porce, allí no más, a treinta minutos de la estación de Niquía. Pero estas son imaginaciones que yo no sé por qué no las tienen los cabecillas inteligentes y creativos que te gobiernan, Metrico.

Yo no sé, Metro. Tantas cosas para compartir en tu cumpleaños. Celébralo mejor sin estos aguafiestas al lado. Mejor lo bueno para recordar ahora. Lo malo lo hablamos adentro, aunque útil es la crítica cuando viene de los amigos sinceros. Un consejo: no te pierdas en los aplausos de tantos. El ruido a veces no deja oír los rumores de la avalancha que se avecina.

Qué goces tus festejos, pero sin perder la cabeza. Adiós, Metrico.

El tiempo es quien debe juzgar

Nelson Fredy Pérez Galeano es promotor de lectura de la biblioteca Comfenalco. Desde su labor, lucha por una inclusión a las prácticas literarias de las personas con discapacidad. Foto: Archivo particular

Hace 20 años no pensaba en los beneficios que este sistema de transporte podría aportarle a la ciudad y al área metropolitana, apoyado con las posiciones de periodistas como Germán Castro Caicedo que nos invitaban a reflexionar sobre la cantidad de casas que se podrían construir con el dinero invertido en el Metro y que servirían para acabar con la pobreza, sin embargo, es importante reconocer que tanto don Germán Castro y muchos más nos equivocamos, el Metro ha transformado la ciudad, ha generado empleo, permite que cubramos grandes distancias en menos tiempo y nos ha convertido en un proyecto turístico que no se pensaba podría serlo.

Es evidente que las transformaciones son constantes, que una empresa no puede quedarse en su nacimiento, tiene que desarrollarse, crecer y permanecer en el tiempo para que los hijos de nuestros hijos encuentren en la perseverancia una mejor ciudad, esa en la que nos podemos transportar por el aire, o por monorriel eléctrico y en la que se podrá eliminar la extorsión al transporte que alimenta en gran medida a las bandas delincuenciales y las fortalece: El Metro es un ejemplo para hacer frente a la violencia que estos grupos quieren imponer.

Felicitaciones en esta conmemoración de un año más de servicios. 

MEDELLÍN

 

 

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