Pese a todo, rueda Transcaribe

Pese a todo, rueda Transcaribe

Finalmente transitan por Cartagena un puñado de buses de un sistema que tomó diez años construir.

27 de noviembre 2015 , 09:28 p.m.

Si bien no se han registrado todavía casos, no nos sorprendería si por estos días se reporta desde Cartagena a gente pellizcándose al ver pasar –por fin– un bus de Transcaribe.

Y no es para menos, pues finalmente –aunque en etapa pedagógica– comienza a rodar un puñado de buses de un sistema que tomó diez años construir, cuyo costo se duplicó y que atravesó por crisis que dieron motivos suficientes para pensar que la capital de Bolívar estaba condenada a albergar el más grande y vergonzoso elefante blanco del país. Por suerte, no fue así. Hoy hay que celebrar que esa posibilidad ya parece quedar atrás y que la actual administración logró destrabar el proyecto.

Un medio de transporte digno y eficiente hace parte del que podría denominarse “paquete básico” de bienes y servicios que el Estado debe proveer a una población, y más cuando se trata de una ciudad con un índice de pobreza del 26 por ciento, dos puntos por encima de la media nacional.

Pero resta trecho. No hay que echar en saco roto las críticas al alcalde Dionisio Vélez por dar inicio a la operación sin antes tener una solución definitiva a problemas como la chatarrización de los buses tradicionales y la disponibilidad de un patio portal.

Hay que tomar nota de ellas, lo que no impide reconocer que el mandatario se la jugó, de manera audaz, por romper una inercia negativa y sentar un precedente, de tal forma que el costo de dar marcha atrás sea muy alto.

En línea con lo anterior, se debe advertir que el riesgo de que una mala administración de este obligue a detener su operación está latente. Sobre todo en un contexto en el que acechan factores que pueden impedir la consolidación del sistema, como el del bien conocido auge del mototaxismo.

Existe, así mismo, otro desafío que compete no solo a Cartagena, sino al país entero. Este consiste en aprovechar todos los tropiezos que afrontó esta obra para aprender de ellos y no repetirlos. Cualquier programa académico o esfuerzo de capacitación del Estado en materia de obras públicas debería ofrecer un recuento detallado de esta experiencia como paradigma de lo que no se debe hacer a la hora de construir infraestructura.


editorial@eltiempo.com

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