Editorial: La casa 100.000

Editorial: La casa 100.000

Santos da por concluida una de sus promesas más esperadas, pero también más controvertidas.

27 de noviembre 2015 , 09:21 p.m.

En una conmovedora ceremonia, esta semana tuvo lugar la entrega de la última de las 100.000 casas gratis que el Gobierno Nacional se comprometió a adjudicar a igual número de familias golpeadas por la pobreza y la violencia. El sitio escogido para tal fin fue el corregimiento de El Salado (Bolívar), en donde 100 familias resultaron favorecidas.

Una de ellas fue la de Osiris Cárdenas, quien en el año 2000 tuvo que refugiarse en el monte para que los paramilitares no acabaran con ella y su prole. La masacre, sin embargo, no tuvo piedad con decenas de vecinos suyos que fueron asesinados brutalmente. Esas imágenes volvieron a la memoria de los 1.000 residentes que hoy tiene el pueblo, y que tratan de salir adelante.

La estrategia de otorgar viviendas sin costo ha permitido atender miles de historias como la de Osiris. Siete de cada diez casas fueron para familias víctimas de desplazamiento; un 15 por ciento, para otras en condición de pobreza extrema, y otro 15 por ciento, para beneficiar a las víctimas de desastres naturales.

Ha sido una tarea titánica, para la cual no se han escatimado recursos: 4,4 billones de pesos, que se ha aplicado en todo el país –29 departamentos–, y que ha contado con el apoyo decidido del vicepresidente Germán Vargas Lleras, de alcaldes, gobernadores y el sector privado. En total, se consiguió ejecutar más de 230 proyectos a lo largo de los últimos tres años.

El presidente Juan Manuel Santos da así por concluida una de sus promesas más esperadas, pero también más controvertidas. No han faltado los cuestionamientos, ni los calificativos, ni las malquerencias ante algo que por sí solo los desmiente.

Lo importante ahora no es limitarse a medir los resultados solo por su impacto cuantitativo o cualitativo, sino por las lecciones que deja y que permitirán ajustar los esfuerzos para la segunda ola de la política de vivienda.

Una de esas lecciones es el necesario enroque entre entidades para que acompañen el proceso desde sus inicios. En varios proyectos han aflorado serios problemas de convivencia, de respeto hacia los espacios comunes y de tolerancia con los demás. No hay que olvidar que en muchos de estos conjuntos se encuentran cara a cara los viejos enemigos de ayer. De ahí la necesidad de cohesionar socialmente dichas comunidades, desde la propia vivienda, para ir afianzando, entre otras, las bases del posconflicto.

También se ha sugerido que el tema se convierta en una política de Estado que contribuya a disminuir la desigualdad y la inequidad; que se les dé prioridad a los pobres que generan los mismos centros urbanos, y que los futuros desarrollos tengan presente la mejora de los entornos en los que se levantan las viviendas para que el beneficio sea integral. Ese es el reto que queda para las 40.000 viviendas gratis que comprende la segunda etapa y que se ubicarán, primordialmente, en municipios de categorías 4, 5 y 6 y cuya inversión asciende a 1,7 billones de pesos.

Todo lo anterior hace parte de una ambiciosa meta cuyos lineamientos fueron anunciados por el vicepresidente Vargas Lleras en el XII Congreso de Infraestructura, en Cartagena, y que incluye no solo distintas modalidades de financiación de vivienda, sino iniciativas para las cuales ya hay 600 lotes que llegaron a oferta.


editorial@eltiempo.com

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