Indígenas demandan para recuperar 4.680 hectáreas

Indígenas demandan para recuperar 4.680 hectáreas

Pueblos jiw y tukano buscan que les devuelvan terrenos considerados como reserva indígena.

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27 de noviembre 2015 , 07:57 p.m.

La Unidad de Restitución de Tierras (URT) emprendió una cruzada para recuperar 4.680 hectáreas de tierras que pertenecieron a comunidades indígenas que habitan en el Guaviare y que les fueron arrebatadas por el Incora y grupos armados ilegales.

A través de una demanda, presentada en cabeza del director de la URT, Ricardo Sabogal, cerca de 328 indígenas del pueblo jiw y tukano oriental esperan que les devuelvan el territorio que les quitaron del resguardo de La Fuga, ubicado en San José del Guaviare.

De acuerdo con la demanda, que quedó en manos de jueces de tierras, los indígenas reclaman 4.680 hectáreas de tierra de La Fuga, para completar las 8.360 que les fueron otorgadas como reserva indígena en 1979 por el desaparecido Incora, y que en 1997, esa misma entidad les quitó al publicar una resolución en la que solo les reconoció 3.680 hectáreas, ya que el resto del terreno estaba afectado por la presencia de grupos armados.

Precisamente los nativos reclaman que han perdido parte de su territorio debido a la influencia en la zona de grupos armados, a la bonanza del narcotráfico que se dio en la región entre las décadas de los 80 y 90, y a la llegada de colonos que en medio del conflicto armado se instalaron en esas tierras indígenas.

En los 80 llegó todo el proceso de la coca en esta parte del país, asociada a la colonización, la guerrilla, los grupos armados, junto con la intensificación de los cultivos ilícitos en territorios de los indígenas y en detrimento de los recursos ambientales.

“Con la agudización del conflicto y la llegada de los paramilitares fueron desplazados los indígenas. Los jiw y tukanos, que estaban en el resguardo de La Fuga, perdieron parte del territorio, por esto la idea es recuperar las tierras que fueron consideradas en un comienzo reserva indígena jiw”, explicó Luis Azcárate, director de asuntos étnicos de la URT.

La denuncia presentada también tiene en consideración que la Corte Constitucional determinó en el 2012 que el pueblo jiw está en peligro de desaparecer física y culturalmente, razón por la cual pidió que haya un proceso de atención y reparación a esta comunidad.

De acuerdo con este pronunciamiento de la Corte, esa comunidad, así como los nukak makú, que también habitan esta zona del país, han sufrido dramáticos desplazamientos forzados, pérdida de los saberes ancestrales, inseguridad alimentaria que afecta a los niños, asesinato de la población, así como han sido víctimas de minas antipersonales y de cultivos de coca en sus territorios.

Para Ricardo Sabogal, la URT encontró que estas comunidades fueron confinadas en un terreno pequeño para el número de habitantes que hay, y que la otra parte del territorio les había sido usurpado. Sin embargo, aclaró que parte de la responsabilidad de esta pérdida de territorio la tiene el Estado, en este caso el antiguo Incora, que fue el que, a través de una resolución, les quitó tierra a los indígenas.

“Históricamente la institucionalidad ha tenido una distancia muy grande con las comunidades indígenas y lo que pasó en el pasado es que un funcionario público titulaba con la irresponsabilidad del que no sabe y que no conoce la lengua de esas comunidades y les redujeron el territorio de manera arbitraria”, aseguró Sabogal, al tiempo que dijo que el que tiene que responder por esas tierras no solo será el actual Incoder, sino también toda la institucionalidad, para acabar con el “olvido” en que se ha tenido a tantas zonas del país.

“Es un desafío para el Estado hacer una restitución en zonas como estas, pero a la vez es un desafío para el posconflicto”, agregó Sabogal.

Ignacio Prorio, del pueblo jiw, aseguró que debido a que su comunidad todavía es seminómada, necesitan recuperar el territorio que les fue reconocido inicialmente.

Según Prorio, “ese es un territorio ancestral”, que es amplio para poder movilizarse y en el que también se puede pescar, cazar animales y recoger frutas silvestres.

DAVID FERNANDO MONTES A.
Enviado especial de EL TIEMPO
San José del Guaviare

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