'Mis novelas tienen un pie en el barro de la realidad': Vásquez

'Mis novelas tienen un pie en el barro de la realidad': Vásquez

En 'La forma de las ruinas', el escritor continúa su reflexión sobre la memoria histórica del país.

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27 de noviembre 2015 , 07:54 p.m.

En su novela más reciente, La forma de las ruinas, el escritor Juan Gabriel Vásquez recupera la imagen de Pacho Herrera, un personaje de la sociedad bogotana del siglo pasado que tenía la facilidad de imitar las voces de políticos de la vida nacional.

Vásquez cuenta que Herrera fue su profesor de oratoria cuando estudió Derecho en la Universidad del Rosario. “Pero en sus imitaciones de Gaitán salía un conocimiento profundo de la vida y la obra del político, que hacía que Pacho Herrera fuera una especie de médium del propio Gaitán”, recuerda Vásquez (Bogotá, 1973).

La memoria histórica del país es una de las reflexiones literarias más presentes en la obra de Vásquez, quien, de paso, es un coleccionista de anécdotas de época y literarias.

Por eso, su encuentro con Herrera fue una de esas experiencias que lo marcaron y que también influyeron en el origen de esta novela.

El libro es un interesante experimento literario en el que el autor no solo apela como telón de fondo de la trama a los magnicidios de Gaitán y de Rafael Uribe Uribe, sino en el que toma el riesgo de ser protagonistas con nombre propio.

¿Cómo fue la génesis de esta novela?

Las historias del 9 de abril me han acompañado siempre, pero el detonante de la novela fue una de las cosas más raras que me han pasado. Hace unos años conocí a un médico bogotano, hijo de un experto en ciencias forenses, que en 1960 se encargó de exhumar el cuerpo de Gaitán para hacerle una segunda autopsia. Por diversos caminos que se cuentan en la novela (aunque transformados como lo transforma todo la ficción), el médico rescató algunos objetos importantes que su padre había utilizado en su vida de profesor de ciencias forenses. Uno de esos objetos es la vértebra donde pegó una de las balas que mataron a Gaitán. Mi amigo la ha conservado y protegido durante décadas, la ha salvado de la desaparición, y un día me dio el inmenso privilegio de tenerla en mis manos. Hay gente a la cual esto no le dice nada, pero para mí fue una experiencia brutal. La novela nace en ese momento. Luego vinieron otras cosas, otras revelaciones igual de potentes, pero eso la novela lo cuenta mejor de lo que yo puedo contarlo aquí.

¿Cree que el título es de alguna manera una metáfora de la historia del país?

El título sale de un verso de Julio César, la tragedia de Shakespeare. Antonio está frente al cuerpo muerto de Julio César y le dice: “Eres las ruinas del hombre más noble…”. La tragedia de Shakespeare atraviesa la novela, porque La forma de las ruinas es una novela de conspiraciones y Shakespeare escribió la reflexión más aguda que jamás se ha escrito sobre las conspiraciones. Julio César también habla de lo que pasa en un país cuando se asesina a un gran hombre. Y sus versos me han ayudado a interpretar los crímenes de Gaitán y Uribe Uribe, que son verdaderas tragedias.

¿Cómo surgió Carlos Carballo, el protagonista que se encarga de llevar la intriga en esta novela de investigadores e investigados?

Carballo es la fuerza que lleva adelante la novela. Es un hombre agobiado por demonios personales, obsesionado con una teoría de la conspiración que explica el asesinato de Gaitán. En realidad, es un hombre que entiende el mundo entero a través de teorías de la conspiración: en eso, por lo menos, está basado en mucha gente que he conocido. Lo que pasa es que las verdaderas razones de su obsesión no son las que el narrador cree en un principio. Carballo, como todos los personajes que me interesan, es un hombre de doble fondo, lleno de secretos y de conflictos ocultos. La novela, de alguna forma, es la investigación de esos secretos.

¿Y en qué momento se le atraviesa ese año histórico de 1914 y el asesinato de Uribe Uribe?

Yo encontré hace unos cuatro años un documento formidable del que nunca había oído hablar. Resulta que en 1914, cuando Rafael Uribe Uribe fue asesinado, su familia comenzó a darse cuenta de que las autoridades no estaban llevando correctamente la investigación del crimen. Resolvieron entonces encargar una investigación privada, y la hizo un abogado joven, Marco Tulio Anzola, que publicó en 1917 un libro con los resultados de sus averiguaciones.

Fueron revelaciones espeluznantes que sacudieron a la sociedad bogotana del momento. Anzola se convirtió para mí en otro cazador de conspiraciones, como mi propio Carballo, y entró a formar parte importante de La forma de las ruinas. Yo creo que su libro terrible ha caído en el olvido porque nos obliga a enfrentarnos con verdades incómodas. Pero el año pasado, por lo menos dos escritores lo rescataron un poco: Philip Potdevin y Adelina Covo. Cuando vi sus libros, pensé que el fantasma de Anzola estaba en el aire. Lo que yo he tratado de hacer es reconstruir, con las herramientas de la literatura, la investigación que él hizo. Es una especie de novela detectivesca dentro de mi novela.

¿Cómo fue caminar por esa frontera riesgosa de la realidad y la ficción?

Yo necesito que mis novelas tengan un pie bien metido en el barro de la realidad, porque es ahí donde he encontrado los misterios que me interesan. Por otra parte, la maravilla de la novela como género está justamente en contarnos el otro lado de la realidad: el lado invisible, el lado oculto, todo eso que ocurre en lugares adonde ni la historia ni el periodismo pueden ir. La historia y el periodismo tienen muchas ventajas sobre la novela, pero la novela tiene muchas ventajas sobre la historia y el periodismo. Y la más clara es esta: la capacidad de rescatar todo lo que sucede en el mundo invisible de la conciencia humana. La manera en que los hechos públicos –por ejemplo, los crímenes del pasado– afectan nuestras vidas privadas. La novela rescata verdades que se han quedado por ahí refundidas, y que se perderían del todo si no existiera este aparato maravilloso.

¿En qué momento se dio cuenta de que la solución narrativa del libro era siendo usted el narrador y otro de los protagonistas?

Como el detonante de la novela fue tan personal, y además tan inverosímil, me pareció que no podía hacer lo que he hecho hasta ahora: inventar un narrador ficticio, una máscara detrás de la cual se oculta el autor. Me pareció que se desperdiciaba la potencia del material, la potencia de esa escena en que me llega a las manos una reliquia de la historia colombiana. Mejor dicho, entendí que entrar en la novela con mi nombre y mi biografía podía llevarme a explorar mi propia experiencia al mismo tiempo que exploraba el pasado de nuestro país, y eso era más interesante. A mí me gustan las novelas que hacen varias cosas al mismo tiempo, que mezclan géneros y posibilidades, porque esa es la riqueza del género. Y por eso La forma de las ruinas, además de tener una parte de crónica y una parte de novela histórica y una parte de novela policial, tiene una parte de novela autobiográfica. Lo interesante está en la mezcla.

Usted comenta que la literatura nos permite descubrir otras verdades. Y que eso es lo que intenta siempre en su oficio como escritor. ¿A qué otras verdades de nuestra historia llevará usted al lector en este nuevo libro?

Bueno, el libro entero es una investigación. Todo el mundo está averiguando algo: misterios de la historia, secretos de nuestras vidas privadas, sucesos ocultos o malinterpretados, culpas viejas o no tan viejas… Lo que pasa es que la novela, además de lidiar con verdades históricas, tiene que lidiar con verdades que ocurren fuera de la historia, en territorios más íntimos. Lo único que puedo decir es que el lector encontrará cosas que no se pueden encontrar en los libros de historia ni en las crónicas periodísticas. Lo que las novelas hacen es otra cosa.

¿Por qué quiso tocar de manera tangencial también la muerte de John F. Kennedy?

Carballo, el personaje de la novela, está obsesionado con los parecidos que hay entre el crimen de Gaitán y el crimen de Kennedy. Y uno tiene que darle la razón porque su argumento parece lógico. Fíjese: los dos asesinos, Oswald y Roa Sierra, salieron de la nada y actuaron solos. Los dos fueron asesinados inmediatamente después del crimen que cometieron. Carballo dice que incluso representaban lo que la sociedad más odiaba en su momento: Roa Sierra tenía simpatías nazis y Oswald, simpatías comunistas. Carballo piensa que fueron escogidos para que no despertaran demasiada lástima en sus sociedades. No sé. La gente que lee el mundo en clave de conspiración encuentra cosas así…

Usted anota que, finalmente, las novelas son relatos de lo que le pasa a personas privadas. ¿Siente que logró esto con dos personajes públicos como Gaitán y Uribe y Uribe?

No era mi intención. La novela no se ocupa de esas víctimas ilustres, sino de las conspiraciones que los mataron, y sobre todo de lo que nos pasa a los demás cuando un gran hombre es asesinado. Lo que nos pasa a los ciudadanos de a pie en nuestras vidas privadas, incluso a los que vivimos mucho después de los hechos. ¿Cómo heredamos esos crímenes? ¿De qué forma siguen vivos esos crímenes entre nosotros? Estas son algunas de las preguntas que trata de explorar la novela.

¿Podría revelarnos quién es el médico que quiere legarle al país la vértebra de Gaitán? ¿Sabe si ya han tenido algún acercamiento con algún museo?

Bueno, me imagino que no hay problema. Se llama Leonardo Garavito Goubert. La manera en que la vértebra llegó a sus manos se cuenta con mucha precisión en la novela, pero aquí puedo decir que esa vértebra es parte de una serie de objetos que él rescató un día. Los que no pudo rescatar han desaparecido, se han perdido para siempre. El doctor Garavito lleva mucho tiempo tratando de encontrar la mejor manera de que esos objetos vuelvan al patrimonio público. Siente y sabe que no le pertenecen, pero ha querido asegurarse de que no se pierdan, de que sean respetados, de que se les dé la importancia que tienen. Estos objetos de nuestro pasado deberían estar en un museo. También espero que mi novela sirva para convencer de eso a quienes puedan tomar esas decisiones. Y luego podremos agradecerle al doctor Garavito que haya conservado estos objetos para nosotros.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento

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