'Exxon sabía desde 1978 los efectos del cambio climático'

'Exxon sabía desde 1978 los efectos del cambio climático'

Expertos aseguran que ejecutivos de la petrolera han ocultado la verdad sobre sus investigaciones.

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27 de noviembre 2015 , 06:37 p.m.

Durante los últimos años, un número creciente de personas ha estado examinando seriamente lo que está ocurriendo con nuestro planeta (sequías, aumento del nivel del mar, inundaciones) y dichas personas reconocieron, finalmente, que la actividad humana es la que impulsa un rápido cambio climático, pero adivinen qué. Exxon (ahora ExxonMobil) ya tenía una leve idea de esto, en el año 1978.

Y, a principios de la década de 1980, los científicos de Exxon tenían mucho más que una leve idea. Ellos no solo entendían la ciencia detrás del cambio climático, sino que también reconocían el papel que desempeñaba la empresa en lo que respecta a impulsar el fenómeno. Al darse cuenta de que los efectos potenciales eran “catastróficos”, instaron a sus altos ejecutivos a tomar medidas. Pero, en lugar de ello, los ejecutivos ocultaron la verdad.

Pero puede haber un aspecto positivo en esta irritante historia: la reciente investigación que puso al descubierto los engaños de Exxon podría catalizar acciones para abordar la crisis climática. A fin de cuentas, revelaciones similares relativas a la industria del tabaco han transformado el panorama de la salud pública.

En 1996, una serie de demandas obligó a que las tabacaleras publicaran millones de documentos que confirmaron lo que los formuladores de políticas de salud sospecharon por años: ya en los años 50, las tabacaleras sabía que la nicotina era adictiva y que los cigarrillos causaban cáncer. Pero, para proteger sus intereses, engañaron al público, haciendo lo posible para poner en duda los hallazgos científicos. Tales tácticas permitieron que la industria retrasara, por décadas, la regulación que podría haber salvado millones de vidas.

Sin embargo, después de las revelaciones quedó claro que la industria del tabaco era una fuerza malévola que no tenía cabida dentro del proceso de formulación de políticas. Cuando las tabacaleras salieron de la ecuación, los promotores de la salud, armados con pruebas de los efectos del consumo de tabaco, pudieron finalmente obligar a sus gobiernos a que actuaran.

En el 2003, los líderes mundiales firmaron el Convenio Marco para el Control del Tabaco, negociado bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud. Hoy, este acuerdo cubre al 90 por ciento de la población mundial y ha contribuido a una disminución significativa de la venta de cigarrillos.

Al presente está muy claro que las grandes petroleras siguieron el manual de estrategias de las tabacaleras. En 1997, casi dos décadas después de que comenzaron a estudiar el cambio climático, acallaron sus investigaciones, afirmando que la climatología estaba “lejos de ser clara” y, por lo tanto, no apoyaba los recortes obligatorios en el uso de energía. Además de suprimir sus propios hallazgos, ExxonMobil y sus pares fueron más lejos, ya que financiaron la seudociencia, así como también atacaron a los científicos que advertían sobre el desastre climático. El abordaje de las empresas de combustibles fósiles fue tan eficaz que los medios apenas están comenzando a reconocer el liderazgo que ejerció esta industria en la creación del llamado “debate climático”.

Sin embargo, quizás el mayor éxito de las grandes petroleras fue la disminución de la voluntad política para implementar la regulación apropiada. Incluso, después de que la comunidad internacional adoptó la Convención de la ONU sobre el Cambio Climático en 1992, la industria de los combustibles fósiles logró bloquear avances significativos.

El cabildeo de Shell diluyó tanto los esfuerzos de la Unión Europea que ahora no existen objetivos vinculantes con respecto a energías renovables para cada uno de los países. La empresa incluso envió una carta a la Comisión Europea afirmando que “el gas es bueno para Europa”. En la actualidad, Shell y otras petroleras están comprometiéndose a trabajar como “asesores” de los gobiernos a propósito de cómo hacerle frente al cambio climático.

Al igual que los archivos de información sobre el tabaco sacaron a la industria tabacalera de los procesos de formulación de políticas, la investigación de Exxon debería obligar a que los líderes mundiales saquen a la industria de los combustibles fósiles de los esfuerzos para resolver la crisis climática. A fin de cuentas, ninguna política puede tener éxito si quienes le dan forma están apostando por su fracaso.

El punto de inflexión para la política de salud pública relacionada con el tabaco se produjo cuando la depravación de la industria fue indiscutible. Ahora, ese momento ha llegado para el movimiento climático. No podemos esperar que la industria de los combustibles fósiles vaya a cambiar sus maneras de actuar.

Los científicos de Exxon estaban en lo cierto: los efectos del cambio climático en muchas comunidades sí son catastróficos. Con tantas vidas en juego, las grandes petroleras, de la misma manera que las grandes tabacaleras, deben ser tratadas por lo que son: grandes problemas.

KELLE LOUAILLIER* Y BILL MCKIBBEN**
* Presidenta de Corporate Accountability International.
** Experto en temas ambientales de Middlebury College y miembro de la academia Americana de Ciencias y Artes.
© Project Syndicate
Boston.

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