Viaje al Urabá

Viaje al Urabá

El protagonismo del banano es tal que una de las primeras atracciones es la Ruta del Banano.

27 de noviembre 2015 , 05:47 p.m.

Conocer las plantaciones bananeras en Apartadó (Antioquia), a poco más de hora y media en avión vía Satena, desde Bogotá, es el abrebocas de un viaje que nos adentra en Urabá, una zona durante muchos años estigmatizada por la violencia, pero que hoy se levanta fortalecida y determinada a convertirse en el polo de desarrollo de Antioquia gracias al turismo que puede generar por todas sus maravillas naturales.

El protagonismo del banano es tal que una de las primeras atracciones ofrecidas es la Ruta del Banano. Por algo a Apartadó la conocen como la capital bananera de Colombia y en la subregión de Urabá esta industria genera 25.000 empleos directos. El año pasado más de 34.000 hectáreas se dedicaron a su cultivo y 3,9 millones de cajas se exportaron a la Unión Europea, de acuerdo con la Asociación de Bananeros de Colombia.

En un recorrido de una hora los trabajadores de una finca nos muestran desde las condiciones que debe cumplir el terreno donde germinará la planta, hasta la pila del rechazo a la que se enfrenta la fruta si presenta manchas de madurez o cicatrices y, finalmente, su paso al embarcadero, rumbo al mercado extranjero.  

Bananos

Recorrer la Ruta del Banano, algo que no puede dejar de hacerse en Apartadó, la capital bananera de Colombia. Foto: Ana María García / EL TIEMPO

Apartadó es una ciudad intermedia a 336 kilómetros de Medellín y por su actividad comercial, el municipio líder del Urabá antioqueño. “Llevamos 10 años de paz que Colombia desconoce, pero nosotros que vivimos aquí la tenemos y estamos tranquilos –apunta José Cabeza, presidente de la Corporación Turística Urabá-Darién-Caribe–.

“Tenemos la selva del Darién alrededor de Urabá, con el encanto del avistamiento de aves y reptiles, comunidades indígenas y ese mar de mágicos colores”, se apresura a adelantarnos este operador turístico para sumergirnos en la aventura que nos aguarda.

La biodiversidad es uno de los mayores encantos de Urabá, que además representa la salida de Antioquia al mar. Allí se conjugan diversos tipos de turismo: el etnoturismo, que estimula el compartir con culturas nativas y afrodescendientes (hay cerca de 17 resguardos indígenas en esta zona), el agroturismo o turismo rural y el ecológico.

En una de tantas bocas

Nuestra ruta de la ‘biodiversión’, como se podría llamar esta excursión en medio de naturaleza pura, continúa en Bocas del Atrato. Es otra experiencia de disfrute para los sentidos. Bañada por el mar Caribe, esta población ubicada al noroccidente de Colombia es uno de los 18 corregimientos del municipio de Turbo, en Antioquia. Un verdadero remanso de paz. Llegamos después de 40 minutos de recorrido en lancha, en medio de un sol que nos abraza y que con sus rayos estimula los tonos cambiantes del agua, que fluctúan entre el cobrizo, amarillo dorado y el verde esmeralda a mar abierto.

Ya en el lugar nos recibe Luz Enith Bravo, encargada del Centro Ecoturístico Bocas del Atrato, un santuario de flora y fauna donde se puede pasar el día o pernoctar en una posada rural con energía solar y filtros de agua que ha acondicionado esta población afrodescendiente, cuya economía se basa en la pesca.

Bocas del Atrato es el destino para quienes quieren perderse varios días. Sí, literalmente perderse, porque a este caserío de 110 viviendas asentado en la cabecera del corregimiento y en el que brillan los niños como la gran mayoría, no entra la señal del celular y está alejado de las hordas de turistas. En este centro ecoturístico se escuchan los latidos de la naturaleza.

Enamora a primera vista porque conviven aves marinas, acuáticas y terrestres, y el pueblo, asentado entre el río y el mar, está rodeado de una espesa vegetación que parece arrullarnos con los cantos de aves como el Bucco noanamae, una de las especies endémicas que alientan la visita de extranjeros junto con la Chauna chavarria. Con las garzas, ibis, tucanes y loros nos dan un concierto exclusivo durante la hora que dura el recorrido por Madera Atrato, uno de sus tantos hidrosenderos ecológicos.

Bocas es solo una de las varias desembocaduras del Atrato. “Son siete las principales de este río considerado el más caudaloso del mundo con respecto a su longitud”, explica Catalina Gaviria, ecóloga de zonas costeras y quien elaboró una miniguía para los amantes del avistamiento de aves que acuden allí para congelarlas en fotos.

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