La Cueva presenta 'Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla'

La Cueva presenta 'Crónicas sobre el Grupo de Barranquilla'

Heriberto Fiorillo recuerda a Alfonso Fuenmayor al presentar la reedición de este libro.

notitle
27 de noviembre 2015 , 03:48 p.m.

Alfonso Fuenmayor, que poseía un conocimiento profundo de los clásicos griegos y latinos, conoció a Gabriel García Márquez en 1949 y se convirtió –hasta su muerte, el 20 de septiembre de 1994– en su consultor y compinche literario más cercano. En 1950, fundó con él, Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas, Alejandro Obregón, Alfonso Melo, Orlando Rivera y otros, la revista literario-deportiva Crónica, de la cual fue Alfonso su director y Gabito, su jefe de redacción.

En 1967, Fuenmayor y García Márquez estuvieron juntos, con Cepeda Samudio y Rafael Escalona, en Aracataca, donde armaron el que sería recordado como el primer festival vallenato de la historia. Fueron siempre muy cercanos.

Hablaban de los libros que conseguían, discutían significados, se regalaban diccionarios y gramáticas, se pedían esos favores que solo se atreven a pedirse los amigos y esperaban con ansiedad la presencia del otro, sus libros y sus cartas.

Inmortalizado por su amigo como personaje de Macondo, Alfonso es el muchacho que se ajusta los anteojos para examinar mejor los botines de un coronel que no tiene quien le escriba. Uno de aquellos cuatro primeros y últimos amigos de Aureliano Babilonia, que comenzaban sus sesiones tormentosas de literatura a las seis de la tarde y terminaban en los burdeles al amanecer. Ese que andaba con los bolsillos llenos de recortes de periódicos y manuales de oficios raros. El mismo que agarró alguna vez a un loro, le torció el pescuezo y lo echó en un sancocho de gallina.

Liberal disciplinado y senador de la República, Fuenmayor poseía una sabiduría devastadora, pero tenía la ventaja de que no se le notaba. Fue maestro, conductor de tertulias y orientador literario, que guiaba con su fino olfato el interés de ese grupo de amigos que devoraba libros, conocía las grandes obras del cine y se burlaba abiertamente de la falsedad de ciertos presuntuosos intelectuales.

Para Alfonso, el buen periodismo pertenecía a la literatura. O mejor, la literatura pertenecía a la crónica, como género narrativo. “No es posible –decía– que pueda darse un buen periodista sin una base literaria, sin un conocimiento de la prosa, sin un manejo fácil del idioma. De manera que a mí nunca se me ha dado por coger una actividad y dejar la otra”.

Nunca escribió novelas, pero dejó traspapelados algunos cuentos en sus gavetas. A pedido de Carmen Balcells, la agente literaria de García Márquez, escribió a fines de los años setenta sus famosas trece crónicas sobre el 'Grupo de Barranquilla', que fueron publicadas en el Diario del Caribe, reproducidas por El Espectador, galardonadas con el Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar y que en esta reedición son catorce porque incluimos, con mucho gusto y a manera de prólogo, esa otra que él escribió en 1988 sobre aquellas trece.

CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.