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Minutos de silencio

Los minutos de silencio no solucionan nada, pero sirven para concientizar sobre el valor de la vida.

Manuel Guzmán Hennessey
El minuto de silencio que se hará en la instalación de la cumbre de París debería extenderse a dos. Uno por las víctimas de los atentados y otro por las víctimas del clima. El vínculo entre los dos homenajes es indiscutible: la defensa de la vida por encima de todo otro valor. No obstante, en París habrá un solo minuto y no dos. ¿Por qué?
Muchos prefieren ignorar que la crisis climática es una crisis humanitaria que cobra miles de vidas y que fue causada por una civilización que hizo prevalecer el crecimiento de la economía por encima de todo otro valor. De la necesidad de cambiar los estilos de vida que colapsaron y los modelos económicos que le conceden al crecimiento el carácter de indicador único del desarrollo no se hablará. Y cuando acabe la cumbre nos dirán que ha sido un éxito, aunque el silencio sobre el examen de las raíces de la crisis haya sido tan elocuente como el de las víctimas del clima. No hay tal éxito si el promedio de las metas de mitigación ronda el 20 por ciento, cuando debería ser de 80 por ciento. La agenda oficial no tendrá en cuenta que entre 1971 y 1980 se produjeron 743 desastres climáticos, pero entre 1981 y 1990 la cifra aumentó: 1.534, y entre 1991 y el 2000 fueron 2.386. París ignorará que entre el 2001 y el 2010, esta cifra alcanzó 3.496 desastres.
Tomo datos del Atlas of Mortality and Economic Losses from Weather, de la OMM. Pero si uno lee el ‘Informe de evaluación global sobre la reducción del riesgo’, de la ONU, encuentra que allí se reconoce que las pérdidas han sido subestimadas en un 50 por ciento.
No quiero atiborrar esta columna con los datos del ‘Monitor de vulnerabilidad climática’, que cuenta muertes y pérdidas económicas. Quería dar un mensaje de esperanza, como el editorial de este diario del domingo. Pero no.
Prefiero decir que más nos vale prepararnos para las catástrofes que vendrán. La institucionalidad de Colombia para atender la adaptación es tan precaria que debería mover a una urgencia manifiesta. ¿Hay algo de prevención, me pregunto, para atender las olas de calor? En Pakistán murieron 1.300 personas; en la India, otras tantas, y el verano del 2003 dejó 15.000 víctimas en España. Las pérdidas económicas ya rondan los 2,4 billones de dólares. Los minutos de silencio no solucionan nada, pero sirven para hacer conciencia sobre el valor de la vida. Si en París se ignora todo esto, ¿qué quiere decir?
Manuel Guzmán Hennessey
director@laredkln.org
Manuel Guzmán Hennessey
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