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Vientos latinoamericanos y el barco de La Habana

El fin del kirchnerismo en Argentina es el nacimiento de una nueva era para región.

Claudia Dangond
“¡Un cambio de época!” fue la expresión de Mauricio Macri refiriéndose a su triunfo en las elecciones presidenciales en Argentina. Al culminar la jornada electoral y una vez Daniel Scioli, candidato oficialista y del continuismo, reconoció su derrota, el presidente electo fue enfático en señalar que después de 12 años de gobierno peronista había llegado el momento de dar vuelta a la página y aprovechar la vitalidad de ese pueblo gaucho en función del futuro.
Invitó a la nación del general San Martín, a los que votaron por él y a los que no lo hicieron, a sumarse al esfuerzo de encontrar el camino del desarrollo y del progreso, a hacer gala del espíritu emprendedor que los caracteriza y a no detenerse en ajustes de cuentas infructuosos.
Macri y la vicepresidenta electa, Gabriela Michetti, dejaron claro que su gobierno trabajará por todos y para todos. Tranquilizaron a los pocos que le temen al cambio en Argentina y en otras latitudes, en el sentido de que no son las falsas izquierdas que se vienen imponiendo a la fuerza las que ofrecen solución a los problemas de pobreza.
Los resultados electorales en Argentina constituyen un hecho político trascedente en cuanto al hecho de que son la punta del iceberg que permite vaticinar un cambio de vientos para toda América Latina.
Después de casi 15 años, el péndulo comienza a moverse. Ello ha sucedido a partir de la decisión firme de la ciudadanía. Como afirmó Macri: “Con su voto, los argentinos hicieron posible lo imposible”. Es un mensaje de esperanza para todos los latinoamericanos: ¡sí se puede cambiar!
Las elecciones parlamentarias de Venezuela están a la vuelta de la esquina, y los más recientes datos (p. ej. Venebarómetro) muestran que la oposición supera al oficialismo en más de 30 %. No es utópico imaginar que el régimen totalitario que comenzó Hugo Chávez, hoy en cabeza de Nicolás Maduro, termine y se abra paso el cambio tan anhelado por la mayoría de venezolanos y de latinoamericanos.
El proceso y los resultados de Argentina han sido respetados. Ha habido una demostración de madurez democrática: el candidato oficialista ha reconocido su derrota; la Presidente saliente ha invitado al electo a iniciar una transición pacífica.
Eso mismo debe suceder en Venezuela el próximo 6 de diciembre. Ojalá los temores de fraude de parte del Gobierno sean infundados y en realidad, si gana la oposición, el régimen tenga la gallardía de reconocerlo y entregar el poder.
El fin del fin del kirchnerismo en Argentina es el nacimiento de una nueva era para la región. Un nuevo mapa se delinea a partir de esas elecciones, en las que se produjo una reacción popular contra el populismo radical y contra la manera autoritaria y prepotente de ejercer el poder en la última década. Como en Argentina, los latinoamericanos están cansados de los extremos, de la polarización de las sociedades; buscan gobiernos conciliadores, que no renuncien a sus principios, que defiendan sus instituciones, que les ofrezcan seguridad jurídica; que gobiernen para todos y no para unos pocos. Rompiéndose el eje Buenos Aires–Caracas, se debilita el Mercosur y seguramente se revitalizará la Alianza del Pacífico.
Es este el escenario regional en el que seguramente se tendrán que desenvolver las nuevas fuerzas políticas que surjan de un acuerdo entre el Gobierno de Colombia y las guerrillas de las Farc y del Eln, si ello se concreta. El primero y las segundas deben comprender la nueva dinámica del vecindario y del mundo. Colombia siguió en guerra fría aún después de la caída del muro de Berlín y del fracaso del comunismo. No se puede caer en el error de permitir que la nueva etapa de Colombia empiece siendo desueta y quede, antes de iniciarse, treinta años atrás de la dinámica internacional.
Claudia Dangond
Claudia Dangond
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