Editorial: La liquidación de Saludcoop

Editorial: La liquidación de Saludcoop

Esta experiencia debe conducir a la estabilización y al equilibrio financiero de todo el sistema.

25 de noviembre 2015 , 07:28 p.m.

Después de cuatro años y seis meses de intervención del Estado, la EPS Saludcoop, considerada en su momento la más grande del país, deja de existir.

Los múltiples intentos por mantenerla en operación y garantizar su supervivencia cedieron ante el cúmulo de fallas financieras, administrativas, asistenciales y de calidad en la atención.

Los números son un reflejo de esta situación: deudas que bordean los 1,5 billones de pesos, una sanción fiscal de 1,7 billones impuesta por la Contraloría General de la Nación, una multa de la Superintendencia Nacional de Salud y un déficit económico que no solo viene creciendo, sino que puso en riesgo la atención de sus 4,6 millones de afiliados.

Nadie se explica por qué una empresa cuyo modelo recibió el calificativo de audaz en sus primeros momentos acabó convertida en un factor desestabilizador de todo el sistema de salud; de hecho, no pocos la calificaron finalmente como un auténtico mal sistémico.

Por eso sería ingenuo decir que esta decisión tomó por sorpresa a alguien; en efecto, cuando la intervención logró establecer la dimensión de las inconsistencias que la aquejaban, las autoridades asumieron que no tendría otro final y dieron inicio al proceso que se anunció oficialmente este miércoles.

La tarea no fue nada sencilla. Requirió, en primer lugar, la participación de instancias del alto Gobierno, entre ellas la misma Presidencia de la República, y el diseño de una estrategia que permitiera sacar adelante la operación, sin afectar las finanzas del Estado o del sistema de salud, y mucho menos la atención de sus afiliados.

Hay que decir, de entrada, que una medida de este tipo merece reconocimiento, pero que solo podrá afirmarse que fue exitosa cuando todo se decante y cada cosa caiga en su lugar.

No se puede perder de vista, en primer lugar, que con el paso de todos los usuarios de Saludcoop a Cafesalud esta última queda convertida, con 6,5 millones de afiliados, en la EPS más grande del régimen contributivo.

Eso significa que si el proceso falla, no solo se pondrá otra vez en riesgo la atención de millones de personas, también el sistema mismo, con lo que se repetiría la nefasta historia de Saludcoop. Lo que se espera es que el Gobierno cumpla con las promesas hechas durante el anuncio de liquidación y logre traducir en hechos concretos el mensaje de tranquilidad y orden emitido por el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, y el superintendente Nacional de Salud, Norman Julio Muñoz.

Eso empieza por garantizar que todos los afiliados sigan siendo atendidos y que la calidad de los servicios que demandan, hoy blanco de críticas permanentes, mejore sustancialmente y de manera progresiva. También, que en un plazo prudencial empiecen a pagarse las deudas que Saludcoop tiene con hospitales y clínicas de la red pública y privada, lo cual aliviaría la crisis de más de una institución, y con sus propios trabajadores.

Aunque todo ello es importante, resulta capital que esta experiencia redunde en la estabilización, equilibrio y tranquilidad financiera y asistencial de todo el sistema. No es exagerado decir que el pronóstico de este sector depende, en buena medida, de los resultados de todo este proceso. Aquí no se puede fallar.


editorial@eltiempo.com

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