Francia y sus paradojas

Francia y sus paradojas

Guerra y cierre de fronteras no son la solución a esta crisis que las mismas potencias han producido

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24 de noviembre 2015 , 06:27 p.m.

Una de las grandes reflexiones en torno a Francia ha sido su constante proceso de reinvención partidista en la Quinta República, que se estableció con la llegada al poder del general Charles de Gaulle y la elaboración de la Constitución de 1958.

Sin embargo, esta discusión tiene orígenes en el final de la Cuarta República y la guerra en Argelia —antiguo departamento francés—. Por eso, tanto lo ocurrido en aquel tiempo como lo que acontece luego de los atroces ataques de París tiene un común denominador: jefes de Estado, socialistas, débiles y con políticas de derecha.

En 1957, Francia se encontraba envuelta en una guerra intestina en Argelia. Movimientos independentistas pretendían romper el cordón umbilical con el país galo. En ese momento regía la Constitución de 1946 y existía un caótico y débil régimen parlamentario que no permitía formar gobiernos de manera estable.

En aquel tiempo, el presidente de la república, René Coty, le propone al socialista Guy Mollet constituir un gobierno como presidente del Concejo. Luego de visitar Argelia el 6 de febrero de 1956 y observar la degradación del conflicto, declara el estado de urgencia y les otorga a los militares la facultad de juzgar civiles, atribuye facultades excesivas al Ejército e incluso crea campos de confinamiento en donde se verifica una política sistemática de tortura en diferentes lugares del territorio para enfrentar el terrorismo argelino.

Estas medidas extremas llevan a Francia a la instalación de gobiernos socialistas inestables, lo que conduce a un intento de golpe de Estado en 1958. Circunstancia que lleva al llamamiento del general De Gaulle, quien recibe plenos poderes del Parlamento con el concurso del voto de los socialistas, que con sus decisiones erradas de gobierno permitieron la militarización del país. Con esto, muere la Constitución de 1946 y se establece la Quinta República a través de su nueva carta política de 1958.

Esta referencia histórica permite entender que con el tándem François Hollande- Manuel Valls se puede repetir el efecto ‘Mollet’ en Francia por el giro nacionalista que se le está dando a la actual crisis política. Es cierto que los ataques contra varios puntos de París son un hecho muy grave, pero también lo es que el presidente Hollande enfrente este desafío acudiendo a discursos próximos al expresidente George Bush en Estados Unidos luego del 11 de septiembre del 2001.

Salir a decir que existe una guerra contra Francia, imponer 132 puestos de control fronterizo —excepción del título II del Acuerdo Schengen (1985)— por motivos de seguridad o de orden público, anunciar una reforma de la Constitución de 1958 porque no se adapta a la realidad actual y restringir derechos fundamentales contraviniendo lo expresado por la Corte Europea de Derechos Humanos es un riesgo para la historia de ese país, que es visto en el mundo como la patria de los derechos humanos.

Medidas de ese nivel traen a la memoria la derechización de Francia de 1956, pero esta vez a través de personajes políticos bastante nacionalistas como Marine Le Pen, líder del Partido Frente Nacional (FN).

A pesar de los problemas internos que se viven en partes del territorio francés en torno a la integración, no debe olvidarse que esa nación se distingue de Estados Unidos y otros países militaristas por su trabajo intelectual y su reflexión y desarrollo sobre valores que nos son caros en Occidente. Tan esto es cierto que tiempo después de los atentados del 11 de septiembre del 2001 y de la inminente invasión a Irak, fue Francia durante el gobierno de Jacques Chirac la que por medio de su entonces ministro de Relaciones Exteriores, Dominique de Villepin, se opuso a otorgarles facultades a los norteamericanos para que hicieran cuanto quisieran en ese país.

Discursos nacionalistas y cierres de fronteras no son la solución a esta crisis que las mismas potencias han producido. Francia no debería preocuparse mucho por quienes llegan al país, sino más bien entender por qué un grupo importante de franceses sale del territorio europeo hacia Siria para unirse a una fuerza bárbara y asesina.

Los franceses deben observar con cuidado que cuando los socialistas juegan a ser de derecha terminan asumiendo roles que son ajenos a su ideario político. Ojalá los poderes públicos no se dejan vencer por la emoción y no se caiga en terrenos que conducen a más exclusión y dolor.


Francisco Barbosa

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