Piden cuidar las quebradas de Medellín y el Valle de Aburrá

Piden cuidar las quebradas de Medellín y el Valle de Aburrá

Contaminación y poca conciencia ambiental encontró EL TIEMPO en el recorrido por quebradas.

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24 de noviembre 2015 , 05:55 p.m.

Aguas grises, espumosas y malolientes corren por los cauces de las quebradas de la ciudad. Además, sus lechos arrastran botellas, plásticos, icopor y hasta colchones y mesas viejas de noche.

Medellín registra 4.217 fuentes hídricas. EL TIEMPO recorrió La Hueso, Altavista, La Picacha, La Iguaná, La García, Santa Elena y Doña María, entre otras de menor longitud e importancia.

El común denominador: la suciedad, la inmundicia y la desidia. De acuerdo con un estudio de la Contraloría General de Antioquia, sobre medio ambiente, aunque se están desarrollando proyectos para la protección de las fuentes hídricas, los índices muestran que entre las 15 quebradas más importantes solo una tiene niveles de contaminación aceptables.

Las demás quebradas bajan de las montañas, verdes de la cordillera central, que rodea la ciudad, en su forma más pura. Brotan de la tierra y se precipitan sobre la vertiente inclinada.

En su descenso se van encontrando con barrios sin alcantarillado, empresas y negocios que depositan sus residuos en ellas y ciudadanos que a su paso arrojan basuras a las aguas.

De ese tránsito por asentamientos humanos solo quedan aguas pesadas, turbias, malolientes por los químicos y despojos humanos, además de los moscos, los roedores y otras plagas que se desatan en verano.

Las más importantes: La Hueso, Altavista y La Iguaná a su paso por la ciudad llevan en su cauce, además de las comunes botellas y bolsas de plástico, colchones y mesas de noche. La Santa Elena, que nace en cerro Verde, llega a la periferia de la ciudad ya contamina por desechos químicos y materia orgánica. En forma subterránea pasa por el centro.

Los habitantes responsabilizan a los recicladores y habitantes de calle que, después de revisar los residuos de las casas y edificios, arrojan las basuras.

Para Oscar Mesa Sánchez, profesor de la Universidad Nacional, esta situación es deplorable, pues los ríos y quebradas son refugio de flora y fauna, constituyen una reserva de agua durante el verano y son objetivos de protección, dado que la contaminación de las aguas puede dar paso a la destrucción de ecosistemas e incluso a la transformación de los asentamientos humanos.

En los parques lineales de Medellín las personas disfrutan de largas caminatas y deporte al aire libre. Solo piden que sean descontaminadas las quebradas.

“Nosotros somos un país muy rico en agua, lo que nos da la posibilidad de tener múltiples quebradas. Las hemos usado de una manera poco sana, como alcantarillas o cloacas, donde depositan los residuos. Por otro lado, hemos ocupado zonas que son de las quebradas, así que hemos tenido tragedias y muertes porque estamos mal ubicados”, dijo Mesa.

No más en el 2014 cayeron al río Medellín - Aburrá 4.324.845 metros cúbicos de aguas sucias; es decir, un 2,2 por ciento del total de aguas residuales correspondiente a usuarios que tienen evacuación domiciliar y que en su gran mayoría descargan a las quebradas directamente o que por vivir en zonas de alto riesgo no se les permite la instalación del servicio de alcantarillado.

Para José Ignacio Arango, profesional de Empresas Públicas de Medellín (EPM), hay barrios de la ciudad en donde por sus características geográficas no pueden ser construidas redes de servicios públicos: acueducto y alcantarillado. En estos lugares las aguas residuales van a parar a las quebradas.

“Sucede que cuando construyen encima de la fuentes hídricas no dejan espacio suficiente para ubicar la infraestructura, por lo que las viviendas descargan sobre la quebrada. Así que llevar las redes allí se vuelve demasiado difícil. Esto sucede mucho en el sector Nororiental o Noroccidental”, dijo Arango.

Por ejemplo, explicó el ingeniero, en la quebrada La Hueso, que nace en el sector de San Javier La Loma en los límites con el corregimiento de San Cristóbal y recorre el centro- occidente de Medellín, EPM ha implementado un programa de saneamiento integral; sin embargo, los problemas de contaminación subsisten debido a la formación de barrios ilegales.

Según la secretaria de Medio Ambiente de Medellín, Gloria Alzate, a esta problemática se adicionan otras relacionadas con la minería ilegal, vertimientos industriales, además del uso de herbicidas y abonos químicos en la agricultura y la ganadería.

Otros focos de contaminación de las aguas son los desechos orgánicos provenientes de mataderos de ganado o de aves; al igual que el procesamiento de frutas y vegetales que requiere grandes cantidades de agua.

Precisamente, debido esto fue creado el programa Nuestro Río, con el que se pretende unir esfuerzos para recuperar, conservar y proteger el río Medellín y las quebradas de la región.

Todo llega al Medellín

En todo el valle de Aburrá, 254 afluentes de diferentes magnitudes, en 100 kilómetros de recorrido, desembocan en el río Medellín, que nace en el Alto de San Miguel (Caldas) y confluye con el río Grande.

Todas estas quebradas y arroyos son las venas o arterias que alimentan las redes hidrográficas y nutren al río de sus aguas, pero también son las que llevan en sus corrientes los desechos, químicos y otros contaminantes.

Por eso, señaló Arango, aunque las autoridades ambientales, de la mano de EPM y la Secretaría de Medio Ambiente, realicen proyectos de intervención, limpieza y saneamiento, lo más importante es que los ciudadanos se concienticen de la responsabilidad que tienen sobre el cuidado y la contaminación de las quebradas.

Los niños piden quebradas limpias, sin malos olores, donde puedan jugar a sus alrededores y disfrutar del paisaje.

Como dijo un niño en el recorrido: “No quiero ver más estas basuras, pues me gusta la quebrada. Cuando paso por este río me refresco porque hay mucho árbol, también algunos animales. Yo quiero verlo en un futuro sin esos muebles y basuras, pues mi sueño es nadar en él”.

Qué proyectos tienen para la recuperación de fuentes hídricas

La Alcaldía sembrará más de 100.000 árboles en el Alto de San Miguel, nacimiento del río Medellín.

En la actualidad, Empresas Públicas de Medellín (EPM) ejecuta un Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos a través de la Planta de Aguas Residuales San Fernando, en el sur del valle de Aburrá.

Desde septiembre de 2012 está en construcción la Planta de Bello y el interceptor norte, que atenderá al río Medellín y a sus quebradas y afluentes.

Esta planta, que será de tratamiento secundario, tendrá una eficiencia de remoción de materia orgánica y sólidos en suspensión superior al 80 por ciento. Además, contará con un proceso de recuperación de energía para autoabastecerse.

Por su parte, la secretaría de Medio Ambiente de Medellín realiza una labor integral en la intervención y protección del río Medellín y sus afluentes, con la siembra de más de 700.000 árboles por medio del proyecto Más Bosques, además de la adquisición de más 480 hectáreas en las zonas en donde nacen las fuentes hídricas.

“Le hacemos mantenimiento preventivo a las quebradas. Tenemos trabajadores que hacen la limpieza de los cauces y que extraen los sedimentos”, contó Gloria Alzate, secretaria de Medio Ambiente.

El objetivo fundamental de la Secretaría, dijo Alzate, es lograr una conciencia ambiental, por eso este año se celebró el Festival Mi Río e iniciaron la siembra de 100.000 árboles en el Alto de San Miguel, nacimiento del río Medellín.

La siembra también se hará en los corregimientos San Cristóbal, Santa Elena, San Antonio de Prado y Altavista, en el nacimiento de la quebrada La Picacha.

Lugares donde también realizarán enriquecimiento de especies silvestres y recuperación de áreas de importancia ecológica para la sostenibilidad.

Según Alzate, la Secretaría logró la adhesión de los alcaldes del valle de Aburrá al proyecto. También, más de 500 empresas se comprometieron.

Por su parte, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, autoridad ambiental, desarrolla la RedRío, que realiza un análisis de la cuenta hidrográfica, lo que implica la distribución físico-espacial, el fenómeno de conurbación, la población asentada a lo largo del río, las dinámicas territoriales y las potencialidades ambientales.

Igualmente, el Área inspecciona las obras de infraestructura y de cumplimiento de los objetivos del Plan de Saneamiento y Manejo de Vertimientos (Psmv), realiza proyectos para la recuperación ambiental del río, entre los cuales se destacan: construcción de alcantarillados no convencionales, limpieza y remoción de sedimentos, remoción de escombros, obras de intervención para proteger el cauce del río y mejorar la conectividad metropolitana.

A la par, la Alcaldía, por medio de la Subsecretaría de Servicios Públicos construye redes de acueducto y alcantarillado en donde el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) lo permite; es decir, zonas que estén libres de riesgo.

Los diez ríos más contaminados del valle de Aburrá

Según resultado del ‘Índice de calidad del agua en corrientes superficiales’, del Área Metropolitana, en total, de las 14 quebradas que fueron analizadas, un 71,4 por ciento, que corresponde a 10 afluentes tuvieron una mala calidad de sus aguas: La Señorita, La Picacha, El Tábano, La García, La Rosa, La Madera, Altavista, La Hueso, la Santa Elena, La Valeria y La Miel.

En la quebrada Santa Elena no existen aceras, no hay puentes en buen estado. Las personas apenas voltean a ver su cauce de aguas contaminadas y mal olientes.

El análisis de la Contraloría General de Antioquia señala que, sin embargo, las quebradas La Rosa, La Madera, y La Picacha aunque presentaron unos índices de calidad del agua malo tuvieron un valor numérico cercano al límite inferior para el rango, lo que logra calificarlas como regular.

Alrededor de La Picacha hay flora y fauna silvestres. Árboles frondosos le dan sombra a las aguas, pero se observan basuras y residuos en el camino del parque lineal.

Según este reporte de la Contraloría, en la contaminación de las aguas, las subcuencas que clasificaron en la categoría de “mala” presentan entre sus características generales el transporte de vertimientos domésticos e, incluso industriales.

También inciden las intervenciones del cauce por la extracción de material de playa y la inadecuada disposición de residuos sólidos y escombros en laderas o en la corriente.

En efecto, en el recorrido que hizo EL TIEMPO se constató que la quebrada que luce más contaminada es La García, en el municipio de Bello. En la rivera y el cauce de esta fuente hídrica se observan plásticos, botellas, sillas, mesas de noche y colchones. El olor de es nauseabundo, sus aguas son espesas y de color café. La gente pasa de lado, no se detienen a observarla, solo giran la mirada por los gallinazos y las pocas garzas blancas que se posan en el muro de contención.

En la quebrada La García solo hay basuras y por su cauce pasan aguas sucias y contaminadas. Habitantes del sector se quejan de malos olores y de habitantes de calle que viven debajo del puente.

“Es que la gente va botando la basura donde sea, en el río, en la calle, en los potreros, no hay respeto. Me pasa a mí que soy barrendero, voy y limpio un lugar y al momento ya está sucio”, dijo Sergio Andrés Atehortúa”.

Debajo del puente aledaño a la autopista norte vive una familia de habitantes de calle que ha amontonado plásticos y basuras, puertas, tejas y todos los muebles y chécheres que las personas van botando allí.

Otras de las quebradas, todas ellas canalizadas, que se precipitan hasta el río Medellín son la Santa Elena, la Altavista y La Hueso. Estas, por su caudal y recorrido en la ciudad, son algunas de las de mayor importancia. Pero, de forma paradójica, tienen niveles de contaminación altos.

Para Manuela Ospina, que trabaja en un negocio aledaño a la quebrada Santa Elena, el agua trae olores nauseabundos, que contrastan con los residuos sólidos que arrojan los habitantes a sus aguas. Ella desearía poder caminar en sus riveras, por senderos y caminos.

“Acá no hay por donde caminar, no hay aceras y todo el mundo deja las basuras a la orilla de la quebradas, así que después llegan los recicladores o los perros y lo riegan todo”, dice Ospina, para la que el cuidado del río debe ser una prioridad para todos los habitantes.

En la quebrada Chocó, cerca de la estación Rosales de Metroplús, un gran cúmulo de basuras obstruye su cauce. A pocos metros hay recicladores que prenden fuego a residuos de madera.

En la ciudad ya hay 17 Parques lineales

La ciudad ya cuenta con 17 parques lineales, espacios verdes situados alrededor de las quebradas para la conexión y la conservación de la biodiversidad de los ecosistemas, la descontaminación de las microcuencas y el disfrute de la ciudadanía. Esta es una propuesta para aumentar las zonas verdes, como una estrategia que, además de embellecer, mejora la calidad del aire y del agua. La adecuación de estos espacios comenzó en el 2002, en la alcaldía de Luis Pérez, cuando con el Plan Parcial del Pajarito se habilitaron los parques ambientales El Chagualo y El Chagualón, entre las quebradas Lusitania y La Puerta, en el sector de Nuevo Occidente.

Entre los principales están Los Sentidos (en la comuna 13) el Buen Maso (en la comuna 7), La Hueso (comuna 11), La Tinaja (comuna 6), El Salado (comuna 12) y el Santa Helena (comunas 8 y 9), Mirador del Valle (comuna 60), La Frontera (comuna 16).

 

La quebrada Altavista, en la que fue construido un parque lineal, tiene hasta muebles en su cauce.

 Solo una quebrada no está contaminada

Las quebradas menos contaminadas en las mediciones del 2014 en todo el valle de Aburrá fueron El Salado, La Grande, La Valeria, La Miel, La Presidenta y la El Chuscal.

En el último monitoreo, realizado en el 2014, se encontró que de las 14 quebradas monitoreadas por la entidad, la quebrada Doña María presentó una calidad del agua ‘aceptable’. Asimismo, solo tres tuvieron una calidad ‘regular’.

En el reporte de la Contraloría General de Medellín sobre recursos naturales los investigadores señalan que esta situación es preocupante, pues han observado cómo históricamente, en los últimos cinco años, la categoría de calidad ‘deficiente’ ha venido creciendo de forma paulatina, pasando de 32,4 por ciento en 2010 a 45,6 por ciento en 2014.

Esto lo demuestran además las mediciones de calidad del agua en cuanto a oxígeno disuelto, realizadas por las Empresas Públicas de Medellín (EPM) en 68 quebradas afluentes.

El comparativo 2013 y 2014 muestra cómo se pasó de 29 a 32 quebradas que clasificaron en estado ‘aceptable’.

A su vez, según el informe de la Contraloría, se bajó de 9 a 5 fuentes hídricas en ‘recuperación’, y en la categoría ‘deficiente’ se pasó de 30 a 31 quebradas.

Para Diana Fernanda Castro, líder de gestión ambiental del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, en una misma quebrada la calidad del agua puede cambiar de un monitoreo a otro, esto depende de las condiciones propias del momento del monitoreo.

“No es igual la calidad de un cuerpo de agua, cuando previo o durante el monitoreo, ocurre un evento de lluvias a cuando se presenta tiempo seco, pues esto varía notablemente los caudales y por ende todos los valores y concentraciones de las variables fisicoquímicas que definen la calidad de una corriente superficial”, explicó la funcionaria.

En efecto, esto comprobamos en nuestro recorrido por el valle de Aburrá. La quebrada Doña María, en el municipio de Itagüí, la que menores índices de contaminación presenta, tiene un cauce natural, árboles y rastrojo, no tiene presencia de residuos sólidos en sus riberas y sus habitantes no se quejan de malos olores o plagas, pero sí hay presencia de animales silvestres como aves e iguanas.

La quebrada Doña María, en Itagüí, es cuidada por los habitantes de la zona, que se percatan que nadie arroje basuras a la corriente.

“Todos cuidamos mucho la quebrada, no dejamos que la gente arroje basura o desperdicios. Además le han hecho drenaje para que el cauce no se pierda. En cambio haría falta un mantenimiento al parque lineal que está en muy mal estado”, dijo Jorge López, habitante del sector.

Hace tres años EPM le hizo mantenimiento, limpieza y dragado del cauce. Además Corantioquia a realizado jornadas pedagógicas.

Para él lo más importante es que los habitantes de los alrededores, niños y adultos, se han concientizado de la importancia de esta fuente hídrica.

PAOLA MORALES ESCOBAR
inemor@eltiempo.com - @PaoLetras
Redactora de EL TIEMPO
MEDELLÍN

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