Ni papas ni ayatolas

Ni papas ni ayatolas

Las religiones encubren al verdadero Dios: el poderoso don Dinero.

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23 de noviembre 2015 , 06:11 p.m.

“Si uno se acuerda de aquella vez en que se quedó en casa de unos amigos y se levantó antes que ellos y no sabía qué hacer; pues bien, así me siento yo en este planeta” (idea robada o tomada prestada de las redes sociales).

Es un asunto con muchas aristas. Lo ocurrido en Francia tiene que ver con el mundo entero, evidentemente. Pero lo grave es que se trata de una salvajada para la cual no es fácil encontrar antibióticos. Creo que al mundo le sobran redentores y salvadores. Dejemos de rezar, pues no pasa de ser un monólogo. Orar es hablar consigo mismo, y lo digo partiendo de la base de que no existe Dios alguno.

Discúlpenme los creyentes, tanto cristianos evangélicos o católicos romanos, como suníes y chiíes, y judíos; religiones todas ellas provenientes o vertientes de un libro llamado La Biblia, que significa nada más ni nada menos que una colección de libros de diferentes y ancestrales épocas; libros contradictorios, escritos en diversos idiomas y traducidos a gusto por cada quien, según su interés.

El Nuevo Testamento y el Corán son adiciones a los mencionados libros, ajustados a épocas distintas y por circunstancias diversas, ellas todas relacionadas con el poder. Cristo es 560 años mayor que Mahoma. En nombre del primero se cometieron crímenes durante las muchas inquisiciones que en el mundo fueron, así como las guerras de religión entre católicos y protestantes que asolaron a Europa cinco siglos antes de las que hoy devastan a Oriente entre los diferentes grupos que reclaman ser los legítimos herederos de Mahoma. Hay otros cruzados que en el mundo han sido, como los marxistas, que anduvieron casi un par de siglos redimiendo humanos a costa de los mismos.

Las cruzadas, aquellas, las primeras, fueron sostenidas principalmente contra los musulmanes, aunque también contra los eslavos paganos, judíos, cristianos ortodoxos griegos y rusos, mongoles, cátaros, husitas, prusianos y contra enemigos políticos de los papas. Los cruzados tomaban votos y se les concedía indulgencia por los pecados del pasado. Así como a los yihadistas suicidas se les permite llegar directamente a los brazos de Alá.

Las religiones encubren al verdadero Dios: el poderoso don Dinero. Drogas, petróleo y venta de armas se esconden tras el elenco de creyentes que pretenden salvar al mundo.


Mauricio Pombo

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