¿Algo más por decir de París?

¿Algo más por decir de París?

No hay que sentir miedo. El terrorista utiliza este sentimiento como su mejor logro.

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23 de noviembre 2015 , 04:50 p.m.

La verdad, todas las conjeturas, análisis y opiniones parecen estar ya todas trazadas sobre lo ocurrido en París exactamente un viernes 13. Esta vez me prometí dejar pasar algunos días, leer todo, analizar, preguntarlo todo y no escribir con la cabeza caliente, como en el ataque contra el semanario ‘Charlie Hebdo’. No obstante, las imágenes se repitieron y esta vez sí se vio en el metro de París lo que en aquella ocasión yo había relatado y otros salieron a refutar. Hoy –más de una semana después–, los hechos siguen hablando por sí solos en una ciudad que es el “símbolo de libertad” para Occidente, como se refirió al tema el escritor cubano William Navarrete cuando intercambiábamos impresiones de lo ocurrido en la capital francesa.

“El viernes estaba precisamente hablando de la violencia en Venezuela por parte del dictador Maduro en la Casa de América Latina de París”, me compartió también el escritor, y agregó: “El sábado, cuando apenas eran las 7 de la noche, salí y te aseguro que nunca en más de veinticinco años había visto un París tan desolado a la altura de Ópera, cuando generalmente son mares de personas en ese lugar”.

Por mi parte, tuve una sensación bien diferente al estar de nuevo en las calles después de las acciones terroristas: prender el teléfono, tener innumerables llamadas perdidas, mensajes, textos y sin saber aún qué ocurría; luego, estar en un calle fantasmagórica por su inhabitual soledad y comenzar a caminar como si hubiera llegado a un mal “futuro alterno” o como un desubicado protagonista en un episodio de ‘Dimensión desconocida’.

A lo largo de la semana y la saturación de información, solo quería encontrar sensatas razones para explicarle a cada francés que no hay que sentir miedo, que el terrorista utiliza este sentimiento como su mejor logro, su mayor triunfo, y que –además– la historia nos demuestra que la turbación colectiva, tanto como la indiferencia (que ya solo es en redes y frente al televisor), es el perfecto portal de entrada para dichos males y la posterior victoria de una tiranía.

Yo, personalmente, nunca he considerado estas muertes como ejemplo de valor en cualquiera que sea su embrutecida ideología. Y mucho menos mártires o héroes. Son un jodido álter ego de narcisismo, de la más ignorante de todas las vanidades humanas y basta. Exhibicionistas que buscan una amorfa gloria diferente a la del deporte, el cine o la política. La buscan en su propia muerte alzándose a cuantos puedan por capricho de una interpretación en su enloquecido antojo. Un sacrificio que –según ellos– les ofrece la eternidad en el Djanna, ese peculiar edén en el cual dichos “héroes” (eso creen) se cogerán todo el tiempo a las vírgenes huríes.

En el peor de los casos, con una zozobra latente para toda Europa, ¿qué más puede ocurrirnos en París o en otras ciudades de Europa? ¿Otra vaticinada invasión de alienados profetas llevándose por delante a tanto “perro infiel” para que ellos lleguen pulcros a su “cielo”? A las puertas de este nuevo oscurantismo ideológico poco importa si verdaderamente somos tan libres como lo creíamos ser, porque nuestra publicitaria “indignación”, las flores, los mensajes en las redes sociales, los filtros de fotos con la bandera francesa de nada servirán cuando en cuestión de días –como de costumbre– nuevamente hayamos sentenciado todos estos acontecimientos a la ‘damnatio memoriae’.

 

Andrés Candela
@Andrescandla

 

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