La paisa que ha recorrido el mundo a punta de hacer panelitas

La paisa que ha recorrido el mundo a punta de hacer panelitas

Oliva pertenece a 'Medellín sí sabe', un proyecto que busca rescatar la comida típica.

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22 de noviembre 2015 , 11:30 p.m.

Oliva Castañeda es una mujer a la que le encanta viajar, a sus 63 años ya conoce Israel, lugar que visitó en el 2009. También sobrevoló el Cañón del Colorado en helicóptero y además ha estado en Cuba, Cancún, Los Ángeles, Las Vegas, Hollywood y Santa Catalina.

Los dulces de coco con arequipe que se venden a 300 pesos le han dado el dinero para conocer esos destinos. ‘Panelitas mi fortuna’ es su empresa.

Esta mujer asegura que uno de los secretos del éxito está en “no relajarse y tener la presión de conseguir para algo”. Dice que su visita a Oriente le costó ocho millones de pesos y aunque tenía el dinero ahorrado, prefirió pedir un préstamo e ir pagando el viaje poco a poco.

Oliva pertenece a ‘Medellín sí sabe’, un proyecto que busca rescatar la comida típica y fortalecer el consumo local en la ciudad. La iniciativa liderada por la Alcaldía ofrece recorridos gastronómicos divididos por rutas para que cada visitante local, nacional o internacional conozca a la capital de la montaña a través de sus delicias culinarias.

Esta ruta, que está demarcada como si se tratara de un mapa del metro, fue creada en el 2012 e integra a los 36 mejores establecimientos de Medellín que están repartidos entre las 16 comunas y los cinco corregimientos que componen la ciudad.

Gracias al impulso brindado por la primera dama, mujer que encabeza el proyecto, Oliva expuso hace unos meses los productos de ‘Panelitas mi fortuna’ en Plaza Mayor de Medellín, en el marco de la Feria de las Flores. La oferta de su negocio también incluyó arequipe, colaciones, gomitas, entre otros dulces.

Una empresa hecha con ‘verraquera’

Oliva vive en la Loma El Escobero, Envigado (Antioquia), un hogar que logró adquirir con mucho esfuerzo y una educación que apenas llega a tercero de primaria.

Trabajó por 17 años en una fábrica de forros para automóviles. Después de muchos años de servicio, y con un hijo que le exigía de sus cuidados, un día decidió no volver.

“Yo salí de vacaciones y no regresé, eso fue en 1995. Para ese momento mi hijo estaba en quinto de primaria y con él le mandé mi carta de renuncia a mi jefe”, relata Oliva.

Como una buena paisa, su decisión de estar en la casa estaba ligada al cuidado de su hijo, pero sin dejar de trabajar. Su gran labor durante casi dos décadas de trabajo en la misma empresa le otorgó no solo el respeto de su feje, sino su cariño y gratitud.

“Después de que me fui el patrón me dio 300 mil pesos para surtir el nuevo negocio de las camisetas, pero que va, tenía que hacer mi poceta (el lavadero), uno bien bueno ya que iba a estar en la casa. Lo de las prendas lo conseguía después”, cuenta Oliva.

La venta de camisetas acompañada de los jeans fue su primer ‘rebusque’; sin embargo, cuando a Antioquia le llegó la crisis en los 90 y comenzaron los despidos masivos de trabajadores de las grandes empresas, esta mujer pensó en nuevas alternativas.

Las ideas de Oliva se remontaron a su época de infancia, cuando preparaba panelitas con su abuela. Después de un día de “arrebato”, como ella lo dice, empezó a preparar estos dulces para que dos de sus amigos los vendieran en el colegio y en la universidad. El negocio al cabo de unos días se volvió tan rentable que arrendó un local de un amigo de su padre y empezó a preparar decenas de panelitas.

El primero de julio de 1999, día en que artesanos y mercaderes ofrecen artesanías, decoración para el hogar, plantas para el jardín, prendas de vestir y todo tipo de recuerdos, Oliva estrenó su nuevo local de venta de panelitas.

“Para esa época yo no comía, yo aguantaba hambre, no tenía tiempo para ponerme a cocinar, a toda hora tenía que estar preparando los dulces… eran muchos. Era muy duro”, relata Oliva.

Después de cuatro meses de arduo trabajo y de buenos resultados, esta emprendedora tenía un objetivo claro, su casa. Su primera adquisición le había costado siete millones, había dado tres de cuota inicial, y después de nueve años llevaba los mismos cuatro millones de deuda. Sin embargo, gracias a sus panelitas había podido ahorrar casi un millón por mes y así logró pagar el saldo que tenía con la cooperativa por más de una década.

“Las panelitas me dieron la casa. Gracias a estos dulces pude pagar muchos años de esfuerzos y deudas, ahí supe que esto iba a ser una fortuna, por eso el nombre de esta empresa tenía que ser ‘Panelitas mi fortuna’”, cuenta con emoción.

Un negocio con cariño

Aunque la tradición de las panelitas tiene más de 60 años en la familia de Oliva, ella comenzó a hacer de esta idea un negocio rentable hace 20.

Cuando vendía en su primer local no faltaron los inconvenientes: recuerda que tuvo que poner rejas después de ser víctima de un robo en su anterior establecimiento, hoy ve estas anécdotas como lecciones de vida.

“Un día un hombre llegó a pedirme tres cajitas de panelitas y me pidió que le hiciera una factura, cuando fui por el papelito y volví, el señor se había ido y me robó, ¡que risa!”, cuenta.

Oliva dice que siempre ha tenido el control sobre su negocio y que así espera que siga siendo. “Yo no dejo crecer mucho el negocio, porque si yo fabrico todos los días, yo estoy atendiendo con todo el cariño y estoy pendiente. Prefiero un negocio en el que podamos estar todos reunidos, pero también respeto a quienes lo quieren hacer, porque, claro, uno debe tener ambiciones, es algo más personal”, menciona.

Hoy, Oliva dice que está cansada, que quiere tener una casa en donde su primer piso sea utilizado para vender ropa de niños; un lugar para trabajar porque no se quiere sentarse nunca. No le gusta vender ropa de ´moda´, así que prefiere los calcetines y las camisas para los más pequeños.

“He trabajado toda mi vida y no podría quedarme quieta, pero ya me siento cansada. Tampoco me quiero quedar encerrada porque a eso vinimos a esta vida, a vivirla, y uno encerrado no la vive”.

Cuatro consejos de Oliva para los que quieren montar un negocio

Hay que ponerle mucha energía a las ventas

“Yo me acuerdo que cuando empecé, a todo el mundo le vendía de una manera cordial y alegre. Hay días de días, pero uno no puede rendirse. ¡Esto es cuestión de actitud!”

Constancia

“Uno tiene que ganarse a los clientes y para eso se necesita perseverancia. Un día un dulce, otro un buen saludo. Paso a paso uno consigue tolo que quiere y se propone”.

Compartir el conocimiento

“Yo aprendí de mi abuela y las niñas que hoy trabajan conmigo aprendieron de mí, así que también espero que ellas les enseñen a sus hijas y el negocio se conserve. Así como en la vida los valores se heredan, el conocimiento también”.

‘Ñapa’: la vida es para disfrutarla

“En la vida hay que trabajar duro, pero también hay pasarla bueno. Yo llevo mucho tiempo haciendo panelitas y ha sido difícil, pero también me he podido dar mis gustos; todos los viajes que he hecho son parte de disfrutar la vida y uno encerrado no la vive”.

DIANA PAOLA AVENDAÑO
ELTIEMPO.COM

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