Mapiripán quiere ser Mapiripaz para dejar atrás la violencia

Mapiripán quiere ser Mapiripaz para dejar atrás la violencia

La comunidad, de la mano de Poligrow y de las autoridades, quiere la paz.

22 de noviembre 2015 , 06:05 p.m.

A Judith Flórez la dieron por muerta. Los cilindros con explosivos lanzados por guerrilleros de las Farc, desde el otro lado del río Guaviare, estallaron junto a la trinchera improvisada en la que se ocultaba en su casa con una señora y una niña de siete años.

De este lado del río, en Mapiripán, estaban los paramilitares de la casa Castaño que también lanzaban morteros, granadas y no paraban de disparar ráfagas de fusil. Corría el año 2000.

“Salí a buscarle comida a la niña y un cilindro de esos estalló muy cerca. Perdí el oído por un tiempo. Ese día los paramilitares y la guerrilla empezaron a pelear a las 4:00 de la madrugada y eran las 3:00 de la tarde y no paraban, y la gente en el medio de los dos, aguantando sin hacer nada”.

Por días como esos, que no fueron pocos desde 1997, cuando los paramilitares perpetraron la masacre de más de 40 personas, los mapiripenses quieren dejar atrás ese sino de violencia, muerte y estigmatización.

Con el apoyo de la Fundación Poligrow, empresa italiana que desarrolla un proyecto agroindustrial de producción de palma, la comunidad del municipio quiere que a Mapiripán ahora se le llame Mapiripaz.

El fin de semana inauguraron los Juegos Deportivos por la Paz, un evento en el que no importa la competencia sino la integración de la Policía, el Ejército, el comercio, los colegios, la banca local, la Alcaldía y hasta la iglesia, al frente del sacerdote Fausto Coronel, que vestido de clériman demostró ante el público sus dotes de buen bailarín de joropo.

“Me parece que el deporte y la recreación sean espacios para que fraternalmente dejemos atrás las secuelas de un pasado que no queremos seguir viviendo, que desde la vida se lleve un mensaje de aportar lo que podamos para ser más prósperos y caminar por los senderos de la paz”, afirma el padre Coronel.

Judith Flórez, quien hace parte de la mesa municipal de víctimas de Mapiripán, desplazada dos veces, dice que la comunidad no quiere que se solo se hable de la masacre sino del potencial de su gente, de la riqueza natural que los rodea y de cómo la seguridad les comienza a jugar a favor, por lo menos en el área urbana.

“Queremos ser un territorio de paz. No más guerra. Cuando uno busca Mapiripán en Google enseguida aparece información de la masacre del 97, no queremos más eso...”, precisó.

Nelson López, director ejecutivo de la Fundación Poligrow, señala que hay mucha gente trabajadora y noble en el municipio.

“Mapiripán ha sufrido mucho, está en proceso de reparación y hoy quiere salir adelante, su gente es noble y trabajadora, no quiere que se le estigmatice más y Poligrow ha sido importante en ese despertar económico y social con responsabilidad ambiental, queremos que sea una región de paz”, asegura López.

El mayor Dimir Yamid Pardo, jefe de operaciones del Batallón Joaquín París, afirma que “sería muy importante declarar al municipio como Mapiripaz”. “El municipio tiene un ‘inri’ que quiere dejar atrás y se lo merece. Hay gente muy luchadora y buena”, dice el oficial.

El teniente Nicolás Pantoja, comandante de la Policía en Mapiripán, asegura que la comunidad “quiere ser amiga de la Fuerza Pública”, se puede evidenciar que “la palabra paz quiere reinar“ en el municipio. Para el oficial el deporte y la sana convivencia son el camino.

Sin homicidios en el área urbana

Las estadísticas que en materia de seguridad manejan las autoridades sobre Mapiripán, reflejan que la comunidad quiere caminar hacia días de paz.

Los tiempos en los que hombres armados, al margen de la ley, recorrían las calles del pueblo generando temor, ahora están en la memoria de los pobladores.

En lo corrido del año 2015, en el área urbana de Mapiripán no hay registros de homicidios, según cifras de la Policía. Solo hay un caso reportado de hurto, pero el ladrón dejó abandonados los 2’400.000 pesos que le había robado a un comerciante.

Lo que sí ocurren son riñas en los días de pago de salarios, cuando los hombres se pasan de tragos en las tiendas.
Sin embargo, en voz baja se dice que hay algunos comerciantes extorsionados pero que no están pagando.
En zona rural, por el interés de la coca, junto a Vichada, sí hay presencia de bandas criminales y también del frente 44 de las Farc, pero en la ruta a Guainía.

EL TIEMPO

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