La maestra en Medellín que pide abandonar los cuadernos

La maestra en Medellín que pide abandonar los cuadernos

Liliana del Valle, profesora de Robledo, fue reconocida como una de las cuatro mejores educadoras.

notitle
22 de noviembre 2015 , 12:01 a.m.

Frente a la Institución Educativa Villa Flora, en Robledo, se levanta una montaña tupida, reconocida por muchos como el lugar donde el grupo ‘Los del morro’ comercializan droga.En 2010, el contexto era difícil: barreras para que los niños asistieran al colegio, atracos a los profesores y el riesgo del reclutamiento. Entonces, la maestra de preescolar Liliana María del Valle debía elegir una institución para trabajar, y pese a las circunstancias, no dudó que allí, donde había mucho por hacer, era donde quería estar.

En Villa Flora se encontró con niños agresivos, con dificultad para desarrollar actividades de motricidad gruesa y fina, con poco interés en explorar y todavía menos en preguntar lo que no entendían de su entorno. A Liliana le llamaba la atención que los pequeños, aun viviendo y estudiando frente a una montaña repleta de árboles, les inquietara poco la naturaleza.

Incluso, en aquel año hubo una temporada en que los niños comenzaron a faltar al colegio con frecuencia. La maestra decidió que se saldría de “las casillas aceptadas por el sistema educativo”, e iría casa por casa a preguntar qué sucedía.

La respuesta de muchos padres fue que ‘Los del morro’ ponían obstáculos a los estudiantes para que transitaran. Liliana entendió que la montaña y sus alrededores eran territorio vetado que debía recuperarse. Por eso, reunió a las familias y les pidió que le ayudaran a establecer contacto con “los muchachos” para proponerles algo insólito: convertir ese lugar, donde la droga era el único motivo para estar, en un aula ambiental.

La profesora logró establecer el diálogo y convirtió en un ritual inamovible de los viernes la asistencia de sus estudiantes a la montaña.

“Conquistamos ese espacio y le devolvimos la luz a punta de ciencia”, cuenta Liliana, que entregó a cada niño un kit de explorador: lupa, balde, pala y rastrillo. Con estos implementos comenzaron a estudiar los hormigueros, el color de las hojas de los árboles, la forma de las rocas, el origen y los caminos del agua que corre por allí y las particularidades de los demás seres vivos que habitan la montaña.

Además de explorar, la docente logró crear un currículo para los aprendizajes de la montaña que permitía combinar conocimiento con las dimensiones de desarrollo del niño: cognitiva, comunicativa, corporal, estética y de valores.

Si bien algunos se opusieron, la idea excluía los materiales escolares tradicionales de aprendizaje para su desarrollo. Los cuadernos, por ejemplo, se quedaron en las aulas, porque para la docente, tocar, caminar, compartir, descubrir y desenterrar, son esenciales antes de comenzar a leer y a escribir.

Aunque al principio los niños subían la montaña casi arrastrados, porque pocas veces caminaban por terrenos inclinados, con el tiempo se acostumbraron a su aula ambiental, que se convirtió en ejemplo para toda la comunidad, para los demás profesores, para los delincuentes y para 180 maestros a los que Liliana replica su exitoso modelo en colegios de Medellín.

Este modelo innovador y su tesis doctoral sobre diálogos metacognitivos con niños, aplicada a su labor como maestra de preescolar de la Institución Educativa Villa Flora, le valió a Liliana ser reconocida en Washington como una de las mejores cuatro educadoras de América Latina, según la Fundación Alas, creada por la cantante Shakira, y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

“Su metodología, basada en años de investigación y entrenamiento, está en sintonía con las necesidades de su comunidad, integrando no solo a los estudiantes sino también a sus familias y a profesionales relevantes”, destacó el BID en veredicto.

Y es que Liliana es de las pocas maestras de su sector que permitir a los padres ingresar a las aulas, intervenir en los procesos de aprendizaje e incluso tomar lecciones de la maestra.

La innovación y la ruptura de lo tradicional son su sello. Por ejemplo, entendió que hay cosas del sistema educativo que no funcionan. Por ejemplo, que entre más implementos haya en un salón de clase, más se inhibe el aprendizaje.

“La saturación visual no ayuda en nada”, agrega. Pero sobre todo, aprendió que es importante entender en los colegios que nada se necesita más que buenas ideas del maestro para alentar a los niños a explorar. Esto lo dedujo de un viaje a Haití en el que vio cómo una profesora transformaba a todo un barrio con una pizarra bajo una ramada, y nada más, ni siquiera pupitres.

MEDELLÍN

 

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.