Las fronteras infranqueables / Séptimo arte

Las fronteras infranqueables / Séptimo arte

Sin duda, es un thriller que se anticipa a las sensaciones el lector.

21 de noviembre 2015 , 11:32 p.m.

Siempre he mostrado admiración por el trabajo de la directora danesa Susanne Bier, una autora que nunca le ha tenido miedo al melodrama y que ha sabido hacer de él un medio válido para expresar sus inquietudes sobre la naturaleza humana. Actualmente está en cartelera ‘Una segunda oportunidad’ (‘En chance til, 2014’), el sexto filme que ella hace junto al prolífico guionista Anders Thomas Jensen, quien la viene acompañando desde ‘A corazón abierto’ (‘Elsker dig for evigt’, 2002), el largometraje que la lanzó a la fama.

A Bier siempre le atraen las situaciones límite y las sorpresas, y esta cinta no es la excepción: es la historia de dos familias parecidas en su conformación, pero con unas particularidades que las alejan profundamente: el detective Andreas (Nikolaj Coster-Waldau) con su hogar perfecto, su hermosa esposa y su recién nacido lleno de ternura y afecto; y por el otro lado, el ladrón y yonqui Tristan (Nikolaj Lie Kaas) que maltrata a su mujer, también adicta, y descuida a su bebé, al punto de que lo pone en grave riesgo de morir.

El destino de ambos hogares se va a cruzar de una forma inesperada y tan trágica como la incisiva música del filme, y su tono de thriller nos anticipan: algo muy malo va a pasar y con esa tensión juega el primer tercio de Una segunda oportunidad.

Hasta aquí puedo contarles, pero lo que ocurre después representa una reacción desesperada frente a un hecho vital irreversible y profundamente doloroso. Un impulso que la película quiere hacernos vender como lógico, viable y hasta digno de tolerancia y comprensión. Sin embargo, hay fronteras infranqueables, hay límites que no se cruzan.

Está bien que el drama –literario, teatral, fílmico– nos sirva para hacer elucubraciones sobre la resolución de eventos que en la vida real serian éticamente inviables, pero acá las cuerdas se han tensado demasiado, al nivel de manipular y perturbar al espectador, atrapado en un relato truculento e incoherente, lleno de trampas y de giros tan extremadamente forzados que a veces lucen hasta ingenuos.

Esta cinta como melodrama no se disfruta, se padece. En busca de un golpe de efecto, Susanne Bier ha perdido en esta ocasión el rumbo, pues olvidó que cuando se mezclan el dolor con la psicopatía nada bueno va a resultar. ‘Con Una segunda oportunidad’ podemos corroborarlo.

JUAN CARLOS GONZÁLEZ A.
Para EL TIEMPO

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