El mensaje en la botella / Hablemos de vinos

El mensaje en la botella / Hablemos de vinos

El vino en el mundo tiene un problema más o menos solucionado: la calidad.

21 de noviembre 2015 , 11:32 p.m.

Eso significa que cuando ustedes vayan al supermercado, escojan una botella y la descorchen en sus casas, es más que seguro que no tendrá defectos. Puede que no les guste, pero que tenga problemas técnicos originados en la vinificación no es usual. La democratización de la calidad en el vino lo permite. Podemos confiar en que beberemos vino, no vinagre.

Con eso ya solucionado, se plantean otros problemas, entre ellos el que me parece más grave: la estandarización. Como un gran número tiene acceso a la misma tecnología y como las comunicaciones permiten saber lo que hace el colega al otro lado del mundo, lo que sucede ahora es que todos los vinos se parecen. Pruebas uno y ya has probado una buena parte.

Ante eso nace la idea de que los vinos cuenten historias. Por ejemplo, que hablen del lugar de donde vienen. Hay zonas que influyen fuertemente en los vinos que allí se producen. Pienso, por ejemplo, en el Alto Maipo, en Chile o en Gualtallary, en Mendoza. Con algo de entrenamiento, uno llega a reconocer esos vinos. Hablan más que del mero y simple hecho de tratarse de uvas fermentadas. Nos cuentan cómo es que ese lugar hace vinos.

Sin embargo, para muchos consumidores eso puede sonar algo abstracto. ¿Vinos con sentido de lugar? ¿Qué es eso? ¿Es que no huelen a vino? Afortunadamente, esta no es la única forma que existe de contar historias a través de uvas fermentadas. Hay otras más simples de entender. Por ejemplo, cuando el productor intenta transmitir algo que le inquieta, que lo motiva o, simplemente, que le interesa.

Piensen en todos aquellos vinos hechos con técnicas ancestrales, como criar en tinajas de greda, por ejemplo. Ahí existe la intención de hacer vino que se beba, pero también de contarnos algo que va más allá. Lo mismo con el rescate de la cepa país en Chile o la criolla, en Argentina. Además de vino, en ellos también hay un mensaje.

Contar historias con el vino es una forma de darle individualidad, de luchar contra la estandarización, de ganar en diversidad. Pero también es una forma de ganar consumidores. ¿A quién no le gusta escuchar una buena historia?

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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