'Gota a gota' y pirámides siguen abusando de los colombianos

'Gota a gota' y pirámides siguen abusando de los colombianos

Una de las causas que mueven la informalidad financiera es el alto costo de productos en el mercado.

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21 de noviembre 2015 , 08:57 p.m.

¿Alguna vez se ha visto en la necesidad de acudir a los llamados ‘gota a gota’, esos personajes que ofrecen crédito fácil, rápido y sin mayores requisitos, para salir de una emergencia? ¿O se ha visto tentado por los altos rendimientos que prometen ciertas ‘firmas’ o individuos, a través de fórmulas mágicas que multiplican los ahorros de su vida en cuestión de pocos días? (Vea: Colombianos se endeudan más, ¿para comprar qué?)

En Colombia, la cobertura bancaria cobija la totalidad de los más de 1.100 municipios y se calcula que no menos de 24,3 millones de personas, o un 75 por ciento de la población adulta, cuentan con un producto financiero.

Sin embargo, a lo largo y ancho del territorio nacional pululan agiotistas, ‘gota a gotas’, ‘pagadiarios’, pirámides y captadoras ilegales a la caza de incautos que por diversas circunstancias no han podido ingresar al circuito financiero formal.

En los últimos cinco años, la Superintendencia Financiera ha emitido más de 300 llamados de alerta por firmas especializadas en los mal llamados ‘créditos exprés’, que cobran tasas exorbitantes, como también por entidades que prometen el milagro de la ‘multiplicación de los pesos’. (Lea también: Bandas colombianas 'exportan' el 'gota a gota' a siete países)

Solo en lo que va corrido del 2015, ese mismo organismo ha detectado y alertado al público frente a unas 33 entidades que se dedican a estas labores sin la debida vigilancia de las autoridades.

A lo anterior se suman las nuevas modalidades de negocios que utilizan plataformas virtuales para llegarles a las personas, en especial a la población joven, muchas de las cuales también operan sin control alguno de las autoridades y motivadas por la poca atención que las entidades formales les prestan a ciertos nichos de la población que, a su vez, encuentran barreras o tienen dificultades para acceder a estas.

Conocer con exactitud el grado de informalidad financiera que existe en el país no es fácil. Sin embargo, un acercamiento a este lo pueden dar las más recientes investigaciones sobre inclusión financiera, en los que se muestra qué tanto del ahorro y del crédito, tanto de personas como de empresas, está fuera de la banca.

El ‘Estudio de demanda para analizar la inclusión financiera en Colombia’, elaborado por el programa de la Banca de las Oportunidades y la Superfinanciera, señala que, por ejemplo, en materia de ahorro, solo el 16 por ciento de los hogares consultados en el país (1.417 personas y 1.213 microempresarios) dijeron ahorrar en el sector financiero, mientras que 33 por ciento lo hace por fuera de este, es decir, en la informalidad. (Además: Endeudamiento para consumo sigue su marcha)

Ese grupo de personas se sienten más cómodas, dicen, o teniendo su dinero guardado en alcancías (25 por ciento), en las llamadas cadenas o ‘natilleras’ (5 por ciento), y en otros mecanismos (6 por ciento). Los argumentos para ello van desde los costos asociados a las cuentas, productos que no se ajustan a sus necesidades, baja rentabilidad hasta pocos ingresos. Los trámites y el tiempo gastado en largas filas para depositar los ahorros en las oficinas de las entidades son otras barreras.

Vecinos y familiares

En el crédito, la situación no es muy diferente, aunque los porcentajes de informalidad sí son menores: 24 por ciento, frente a un 17 por ciento de las personas que prefieren acudir a una entidad financiera.

Quienes prefieren la informalidad acuden a un familiar o amigo (11 por ciento) cuando tienen dificultades de dinero; un 6 por ciento recurre a los llamados ‘gota a gota’; el 2 por ciento, al crédito directo con un establecimiento comercial (les fían) y un 3 por ciento, a otros mecanismos.

Entre las razones expuestas para optar por el crédito informal está la autoexclusión, la principal de estas. Los trámites y requisitos y los costos (tasa de interés) son la segunda y tercera barreras, respectivamente.

Llama la atención que esa informalidad es más alta entre los microempresarios, pues, según el mismo estudio, de los 1.213 consultados, el 43 por ciento prefiere ahorrar por fuera del circuito financiero formal y, de ese porcentaje, un 32 por ciento lo hace en la caja de su negocio o alcancía; el 9 por ciento, en cadenas y 8 por ciento, en otras alternativas.

Pero a la hora de tomar un préstamo, la mayoría (28 por ciento) acude a la banca, mientras que el 24 por ciento opta por mecanismos informales como la familia, los ‘gota a gota’ y sus proveedores. Así, la profundización financiera, esto es, el nivel del crédito como proporción del producto interno bruto (PIB) alcanza hoy el 48 por ciento.

‘Prevenir para erradicar lo ilegal

Jorge Castaño Gutiérrez, superintendente financiero, sostiene que para combatir la ilegalidad de ciertos servicios se viene actuando de forma preventiva, sobre todo en regiones donde la población puede ser más vulnerable frente a las ofertas engañosas de captación.

“Realizamos visitas de inspección para saber si en los modelos de negocios se da la captación ilegal y así ordenar la suspensión inmediata de las operaciones, la congelación de los activos y el traslado a la Supersociedades para que se adelante el proceso de intervención administrativa tendiente a devolver los recursos al público. Durante el último año se han realizado 68 visitas de inspección y se han impuesto cuatro medidas por captación ilegal de dineros, entre otras acciones”, señaló.

Así se combate

El acceso y la cobertura de los servicios bancarios para la población ha sido preocupación permanente tanto de los gobiernos como del mismo sector financiero en las últimas décadas. Lo anterior ha derivado en una serie de medidas normativas y campañas de educación financiera.

Por ejemplo, la eliminación de buena parte de los requisitos existentes para la apertura de cuentas de ahorro y de las cuentas electrónicas, así como el visto bueno para la creación de las sociedades especializadas en depósitos y pagos electrónicos (Sedpes) hacen parte de los estímulos para atraer la formalidad de las personas en materia de ahorro.

En cuanto al crédito, este año el Gobierno les dio luz verde a las entidades bancarias para que otorguen préstamos de bajo monto, también sin mayores requisitos ni trámites (decreto 2654 del 2014).

En esa misma dirección expidió la Ley 1731 del 2014, mediante la cual creó el Fondo de Microfinanzas Rurales para estimular los distintos sectores de la economía rural, y está en trámite la reglamentación de la Ley de Garantías Mobiliarias, que les permitirá a las personas y empresas el uso de sus bienes muebles como garantías de los préstamos ante la banca.

Del lado de la banca, más allá de las campañas de educación financiera, las entidades no solo están siendo más intensas en la penetración del mercado a través de los corresponsales bancarios que llevan productos y servicios, sino que trabajan además en una estrategia de desarrollo de productos (billeteras electrónicas, cuentas y sistemas de pagos virtuales) con los cuales buscan reducir costos transaccionales y facilitarles la vida a sus clientes, entre otros fines.

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