París: la guerra ya no es lo que era

París: la guerra ya no es lo que era

Solían ser entre tribus. O ciudades-estado. O un imperio contra otro. O entre países.

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21 de noviembre 2015 , 08:53 p.m.

El Estado Islámico le ha declarado la guerra a países, a religiones, a sectas. También a grupos rivales como Al Qaeda, Hamas, Hezbolá y los talibanes. Pero ¿qué es el Estado Islámico? No obstante sus esfuerzos por parecer un Estado y cumplir con algunas de las funciones que usualmente desempeñan los gobiernos, Isis (o Daesh) es más que nada una organización islamista no gubernamental, militarizada y terrorista. Y apátrida. En reacción a la masacre de París, el presidente François Hollande dijo: “Este es un acto de guerra... llevado a cabo por un ejército terrorista”.

Los actos de guerra solían ser monopolio de los Estados. Evidentemente, ya no. Los terroristas solían ser ‘bandas’ o ‘grupos’. Ya no. Y Barack Obama ha dicho “este no es un ataque a Francia sino un ataque a la humanidad y a los valores universales que todos compartimos”. O sea que el agredido no es un Estado nación y sus ciudadanos, sino un conjunto de creencias y principios. Obviamente necesitamos un nuevo lenguaje para entender lo que está pasando.

Y, más de una década después de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos, las ideas predominantes sobre la naturaleza de la amenaza, sus causas y las mejores maneras de combatirlas son confusas y aun motivo de álgidos debates.

Pero hay más. Este nuevo siglo no solo nos trajo nuevas formas de conflicto armado y de combatientes, sino también transformó las armas más frecuentemente usadas y que más daños y víctimas han causado. Los explosivos caseros, los drones o aparatos voladores no tripulados, los ciberataques por vía de internet y los terroristas suicidas son las armas más comunes y más letales en los conflictos de estos tiempos.

Por supuesto, el uso de combatientes suicidas no es una novedad. En la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, 3.860 pilotos militares japoneses, convertidos en los famosos kamikazes, se suicidaron intentado estrellar su avión contra un barco enemigo (solo el 19 % tuvo éxito). En contraste, entre 1981 y junio de este año hubo 4.620 ataques suicidas que se cobraron 45.000 vidas. A este número ahora hay que añadirle, entre otras, las víctimas de la reciente masacre en París.

Otra arma que ha tenido enorme impacto son los explosivos improvisados. De nuevo, las minas explosivas siempre han existido. Pero, mientras que en la Segunda Guerra Mundial causaron el 5 % de las fatalidades del ejército estadounidense, en las guerras de Irak y Afganistán fueron la causa de la abrumadora mayoría de las bajas que tuvo ese ejército. Estos explosivos improvisados no solo se usan enterrados y a la espera de que pase un carro o un pelotón de soldados para hacerlos estallar a control remoto sino que, amarrados al cuerpo de un terrorista suicida, se vuelven una devastadora y eficaz arma, tal como vimos en los atentados de París.

Una nueva arma que está cambiando la guerra son los drones, aviones no tripulados a control remoto. La mayor parte de los líderes de Al Qaeda, los talibanes y el Ejército Islámico han sido dados de baja por drones teledirigidos y armados con misiles. Si bien hasta ahora han sido los ejércitos tradicionales como el de EE. UU. Los que más los han utilizado, es solo cuestión de tiempo antes de que los grupos terroristas también los adopten como una de sus armas usuales. La combinación de explosivos caseros y drones ofrece una nueva y potente arma para los terroristas. Y, finalmente, la ciberguerra. Hoy en día, casi todas las fuerzas armadas del mundo tienen efectivos dedicados exclusivamente a defender su nación de ataques cibernéticos y espiar y atacar a otros países. Los grupos terroristas también han aprendido a usar la red para coordinarse, financiarse, reclutar efectivos y lanzar eficaces campañas de propaganda.

¿Qué tienen en común estos cuatro tipos de armas que están transformando la guerra? Que ya no son monopolio de los militares y sus gobiernos. Antes, las armas más importantes y letales estaban bajo el control de las fuerzas armadas profesionales y de los gobiernos de sus países. Ya no. Usted puede comprar un dron por internet y también conseguir en la red las instrucciones para hacer un explosivo casero. Y, si usted puede, los terroristas también. Adicionalmente, algunos grupos terroristas tienen acceso a personas dispuestas a suicidarse, una opción con la que no cuentan los ejércitos de las democracias contemporáneas.

¿Quiere decir todo esto que los terroristas tienen ventajas que garantizan su victoria a largo plazo? Por supuesto que no. Pero para ello es necesario cambiar radicalmente la manera como los demócratas pensamos sobre la guerra, los combatientes, las armas, la inteligencia y el espionaje.

MOISÉS NAÍM
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