¿Sí se estarán cascando?

¿Sí se estarán cascando?

Ni el Presidente ni Vargas son tan bobos de desbaratar un equipo que ha funcionado tan bien.

notitle
21 de noviembre 2015 , 08:53 p.m.

El vicepresidente Vargas Lleras le ha resultado al presidente Santos el más confiable, leal y eficiente de casi todos los que lo rodean. A pesar de su carácter, claro. (¿O gracias a él?)

Imposible que un gobierno pudiera aspirar a tener resultados más prácticos, visibles, útiles y rápidos para el desarrollo del país que los producidos por su vicepresidente en las tareas que le asignaron; o más bien, si se quiere, en las tareas que él mismo le pidió al Presidente para lucirse, como condición de ser su coequipero: construcción de vivienda gratuita, acueductos, carreteras, autopistas y puentes. Lo lleva en la sangre: Germán, el Man, es un trabajador compulsivo. O se ponía a trabajar estos 4 años en la Vicepresidencia, como lo hace hoy, 24 horas, 7 días a la semana, recorriendo todos los municipios del país, vigilando personalmente la inversión de la chequera, metido en las comunidades con sus representantes y fijando prioridades que poco a poco se han venido convirtiendo en realidad, o solo le quedaban dos caminos. El de estar cuatro años gateando sobre los tapetes rojos de la diplomacia, para lo cual Vargas ha demostrado ser malísimo; o el de pasarse los días enteros frente a la chimenea de la casa de ladrillo de la Vicepresidencia construida por Salmona, oyendo música pop de los años 70 y rascando a los galgos italianos Lola y Lupe, que son la adoración de su esposa, Luz María. No quiere decir que hoy no les pase la mano a los animalitos por el lomo, como quien no quiere la cosa; muy disimuladamente, para no perder su fama de hosco.

De manera que quienes han querido ver en estos días la aparición de una brecha en las relaciones del Presidente con su Vice están perdiendo el tiempo. En primer lugar, porque no necesitan pelear para diferenciarse: todo el mundo sabe que son distintos. Y segundo, porque, actuando en equipo, son útiles el uno para el otro. Lo que ha hecho el Vicepresidente salta como lo más vistoso de este gobierno en materia de gestión presupuestal, y le ha resultado muy útil para su popularidad. Pero sin la decisión política del Presidente, y eso también es cierto, Vargas no habría tenido la tal chequera que le quiso quitar el Ministro de Hacienda, y por la cual le tocó patalear, siempre con su famoso geniecito.

Lo que sí es cierto es que en la excelente relación que surgió desde el primer día de esta alianza política para la reelección de Santos, demasiados han querido sembrar cizaña y aunque no han podido, siguen tratando.

La pelea –y tamaña pelea, que sí está armada– no es entre el Presidente y su Vicepresidente. Es entre el Partido Liberal y Vargas. Y cuando el Presidente emplea frases, a veces desafortunadas, como afirmar que la chequera de los colombianos es de él, lo que muchos interpretaron como un ‘fuetazo’ al protagonismo de Vargas Lleras, entretelones es más bien como una manguerada de agua del Presidente para apagar los incendios que de vez en cuando se le prenden en las cocinas de Palacio, y que no puede permitir que se le crezcan.

Estos incendios caseros han aumentado desde las elecciones, en las que Cambio Radical le arrebató varios trofeos al liberalismo, en un pulso de las mismas mañas políticas. Para atajar lo que hoy parece inevitable a punta de trabajo, que es como Vargas Lleras está convertido en una de las más sólidas figuras públicas, el liberalismo comienza a mover nerviosamente sus fichas y, entre ellas, no es descartable que ponga a jugar al jefe negociador de La Habana, Humberto de la Calle, para ir montando un contendor de quilates.

¿Cómo parar a Vargas? Esa es la consigna que insólitamente tejen desde tan temprano fuerzas internas. Y en las barras, el uribismo aplaude este ‘fuego amigo’, pues la primera estrategia con miras a las próximas elecciones presidenciales será desactivar la coalición de gobierno.

¿No será que las cosas se calman un poco si el Vicepresidente deja de desbaratarle al ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, cuanta cumbre de gobernadores intenta montar, en lo que ha resultado un infructuoso muñequeo de poder? Debería dejarlo hacer por lo menos unita...

Entre tanto: el mundo entero está de xanax.

MARÍA ISABEL RUEDA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.