Editorial: París, la esperanza del clima

Editorial: París, la esperanza del clima

Acuerdos de no superar la barrera de los 2 °C contrasta con el aporte de nuevos actores a la causa.

21 de noviembre 2015 , 08:53 p.m.

Entre el luto y la esperanza empieza la cumbre mundial del clima en París. El Gobierno francés sigue adelante con la COP 21, después de los atentados del viernes 13, pero canceló la realización de fiestas y manifestaciones. En medio de ese ambiente, la cumbre se cumplirá en espacios cerrados, tanto la reunión de los delegados de 195 gobiernos como la cita de la sociedad civil en Le Bourget.

¿Y qué espera la humanidad que salga de allí? Hay una gran respuesta, de la que se derivan otras: que se preserve la vida por encima de todo. ¿Cómo? Mediante un acuerdo ambicioso y justo que detenga la amenaza que significa superar la barrera de los 2 ºC de calentamiento. Lo pidió la Unión Europea a los líderes del G20 la semana pasada en Antalya (Turquía). Pero, de acuerdo con los compromisos de 146 países presentados hasta hoy, no solo superaríamos la barrera de los 2 ºC sino que llegaríamos a 3 ºC y 4 ºC antes del 2050 en muchas regiones del mundo.

Los pronósticos, por tanto, no son alentadores; todo lo contrario. John Kirton, codirector del Grupo de Investigación del G20, dijo: “No hay ningún liderazgo mundial. En París todo dependerá de un milagro en el último minuto”.

La situación, nunca estará de más recordarlo, es grave, pues ya cobra 500.000 muertes anuales. Hoy estamos comprometiendo el 1,6 por ciento del PIB global, algo así como 1,2 billones de dólares, pero si el nivel de las actuales emisiones se mantiene (escenario RCP8 del IPCC), podremos comprometer hasta el 10 por ciento del PIB global antes de final de siglo. Entonces la economía colapsaría y no sería posible atender las pérdidas causadas por el clima. Según el Banco Mundial, la inacción global llevaría a la pobreza extrema a 100 millones de personas en los próximos 15 años.

Para los expertos, lo malo del probable acuerdo es que no será ambicioso ni vinculante. Eso ya se sabe, pues los Estados han venido presentando sus contribuciones de mitigación de emisiones durante todo este año, y lo que hay sobre la mesa no alcanza para lo que ha pedido la ciencia.

Tampoco habrá el dinero necesario para la adaptación. ¿Cuánto es? Cien mil millones de dólares anuales a partir del 2020.

¿Quiénes se esperaba que aportaran esa suma? Los organismos multilaterales, los países ricos y el sector privado. Si no se fortalece el Fondo Mundial de Adaptación se aumentará el desequilibrio entre naciones desarrolladas y aquellas en desarrollo, y se debilitarán los esfuerzos para compensar las pérdidas y los daños y para transferir tecnologías.

Lo preocupante es que si el acuerdo resulta débil en materia de financiación, que es el punto medular de París, se debilitará también la confianza de la sociedad en la diplomacia internacional y se cuestionará su eficacia para obligar a los países desarrollados a comprometerse efectivamente con dicha causa.

Esta cumbre es, tal vez, la última prueba ácida del sistema ONU. Por eso, las organizaciones de la sociedad que fungen como observadoras miran con lupa los mecanismos de verificación, monitoreo y revisión de los compromisos de los gobiernos desde el 2020. Si no se acuerda un mecanismo de transparencia y rendición de cuentas que deje contentos a todos, quedará muy lastimado el sistema y habrá que pensar en reestructurarlo.

Quizás por ello viene desde la COP 20 una hoja de ruta que vincula a los actores no estatales y promueve la participación de nuevos sectores ciudadanos, entre los cuales los empresarios serán determinantes.

He ahí lo positivo que dejará París. El papel de los nuevos actores en el periodo pos-2015: empresarios, medios de comunicación, academia, religiones (recordemos la encíclica Laudato Si’). La pregunta que se hace el mundo es si eso será suficiente.

La COP mostrará miles de iniciativas empresariales, ciudadanas y de gobiernos locales en el llamado ‘Día de la acción climática’. El columnista de este diario Manuel Guzmán Hennessey tocó el tema en reciente escrito.

El mensaje es que las empresas pueden acelerar la transición hacia una economía baja en carbono. Según Carbon Disclosure Project, que examina la responsabilidad climática de las grandes empresas, estas demuestran ya mayor ambición de mitigación que los gobiernos.

Y, por último, la cumbre de París dejará claro que la transición energética debe acelerarse. Algunas voces han planteado un compromiso de incluir, por qué no, un 100 por ciento de energías renovables con miras al 2050. El informe Energy Report 2010 (amo/oma, wwf) demostró que ello es posible. Demasiada ambición para París, aunque el acuerdo energético entre Estados Unidos y China, y el de la UE, para el 2030 dan una pauta.

El panorama del petróleo y la tendencia de la desinversión en hidrocarburos indican que avanzar hacia esquemas de más renovables es ya un hecho inaplazable. ¿Y Colombia? Fortalecer la adaptación para el posacuerdo (de París y de la paz, que coinciden). El presidente Santos llevará este mensaje.

EDITORIAL
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