Flor Alba, la periodista que luchó contra las redes delincuenciales

Flor Alba, la periodista que luchó contra las redes delincuenciales

La comunicadora puso todo su empeño para informar cómo operan las mafias en su región.

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21 de noviembre 2015 , 06:44 p.m.

“Yo la mato. Esa vieja me jodió”, dijo Juan Camilo Ortiz, alias el Loco, cuando en una reunión, conocida luego por las autoridades, se habló del plan de asesinar a la periodista Flor Alba Núñez, como evidentemente ocurrió el 10 de septiembre en Pitalito (Huila).

La comunicadora, cuya memoria quiere mantenerse viva gracias al proyecto Pitalito sin Censura, a cargo de la Fundación para la Libertad de Prensa (Flip), Andiarios y Colprensa, estaba empeñada en develar que detrás del control del expendio de drogas y de crímenes, aparentemente aislados, existían bandas criminales que empezaban a tomar bastante fuerza.

Si bien Jorge Motta, secretario de Gobierno, y el personero, Teodosio Claros, aseguran que en la región no existen grupos de crimen organizado de ese tipo –solo advierten que existen personas que actúan de manera individual–, Flor Alba no pensaba lo mismo.

Justamente esto habría originado que acabaran con su vida en la puerta de la emisora La Preferida, uno de los medios de comunicación para los que trabajaba, según las indagaciones de las autoridades.

Uno de los hechos que la puso en la mira de los criminales se dio hace dos años, cuando publicó la historia de los sicarios que le dispararon a la zootecnista Julieth Marcela Henao, quien logró sobrevivir.

Como era habitual, la comunicadora de 31 años difundió la noticia y le hizo seguimiento hasta que en julio de este año varias personas fueron enviadas a prisión, entre ellas el ‘Loco’. Flor Alba dio a conocer su nombre y su fotografía.

Pero cuando se enteró de que un juez les había dado casa por cárcel, cuestionó abiertamente a la justicia, teniendo en cuenta la contundencia de las pruebas aportadas por la Fiscalía.

Algunas de sus fuentes, según las investigaciones sobre este caso, le comentaron que alguien habría pagado cerca de 50 millones de pesos para que al sicario lo dejaran en libertad. Y a pesar de sus intentos para que se hiciera justicia, el 9 de septiembre el ‘Loco’ salió a la calle y, de acuerdo con la Fiscalía, al día siguiente mató a Flor.

Fuentes consultadas, que pidieron la reserva de sus identidades, dicen que el ‘Loco’ hace parte de la banda de sicariato ‘los Danger’, que además estaría vinculada a una gran red conformada por ‘los Culodebolsa’, integrada por unas 12 personas que se dedican a cometer hurtos en Pitalito, y ‘los Torcidos’, 15 delincuentes que manejan el microtráfico y la distribución de estupefacientes en varias zonas del país.

A la cabeza de esta organización estaría alias ‘Mincho’, oriundo de Putumayo, otrora lugarteniente de un jefe paramilitar. Muchos saben quién es, que se mueve con tranquilidad por el sur del Huila y que gracias al control que ha adquirido su nombre nunca ha estado vinculado a crimen alguno.

Una población clave

La criminalidad busca asentarse en Pitalito por su estratégica posición geográfica, pues está cerca de tres departamentos con gran cantidad de hectáreas cultivadas con coca: Putumayo (13.609), Cauca (6.542) y Caquetá (6.389), según Naciones Unidas.

Primero fueron las Farc, que con el Frente 13 llegaron entre mediados y finales de los 90, y para inicios de siglo los paramilitares también hicieron presencia: el frente sur se trasladó allí desde Putumayo en el 2001 por orden de Carlos Castaño. Además, en octubre del 2002 llegó a la zona el Bloque Calima al que la Fiscalía le atribuyó la muerte de 115 personas.

“No somos una isla”, dice Motta y explica que la suerte de ese municipio se encuentra estrechamente vinculada a lo que ocurra en los departamentos vecinos, lo que también lo ha beneficiado, pues se ha convertido en el principal polo de desarrollo del sur del país y ciudad intermedia con mayor potencial de crecimiento, según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Lo cierto es que, años después, la presencia cada vez más fuerte de bandas delincuenciales fue lo que llevó a Flor Alba a ser incisiva, tal vez demasiado para las dinámicas de Pitalito, y a denunciar la criminalidad especialmente en sus redes sociales. Y por ello recibió insultos y amenazas en no pocas ocasiones, y hasta llegó a sospechar que alguien le ‘hackeó’ su cuenta de Facebook.

“Las amenazas a periodistas en internet y en las redes sociales no son tomadas en serio por las autoridades, pese a que estas son cotidianas y pueden conducir a este tipo de dramas. Reporteros Sin Fronteras lamenta que no se contemple ninguna sanción y que no se cuente con medidas preventivas para proteger a los periodistas amenazados en la web”, expresó la organización un día después del asesinato de la periodista huilense.

De hecho, algunas de las publicaciones más recientes de la comunicadora provocaron reacciones de intimidación en su contra a través de internet.

La labor periodística no es fácil. Colombia ocupa el tercer lugar entre los países latinoamericanos más mortíferos para los comunicadores, y el riesgo aumenta cuando el oficio se ejerce en las regiones, un panorama nada alentador.

Aunque no se puede devolver el tiempo, el Concejo municipal tramita un proyecto para bautizar el Centro Regional de Víctimas como Flor Alba Núñez, un reconocimiento póstumo a su valentía.

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