Lo que dejan 12 años de la era Kirchner

Lo que dejan 12 años de la era Kirchner

Después de las elecciones, pasará a la historia la dupla de Néstor Kirchner y su esposa, Cristina.

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21 de noviembre 2015 , 06:21 p.m.

Las elecciones presidenciales de hoy en Argentina marcarán el fin de La Era K, signada por doce años de Gobierno, primero de Néstor Kirchner y luego de su esposa, Cristina Fernández de Kirchner.

A juzgar por las encuestas y por el latir de la calle, un cambio de época se avecina en Argentina por el favoritismo que acompaña al opositor Mauricio Macri, de la alianza Cambiemos, sobre el oficialista Daniel Scioli, del Frente para la Victoria (FPV).

Néstor y Cristina impusieron una de las máximas del peronismo: el poder es un bien ganancial y por ende lo compartieron como lo que eran. Algo más que un matrimonio. Una sociedad política perfecta. Lo mejor del matrimonio se dio en los inicios del Gobierno. Cuando llegaron a la Casa Rosada, provistos de un escaso poder ante la imposibilidad de competir en la segunda vuelta.

Aquella debilidad la convirtieron en fortaleza con medidas concretas.

Una nueva Corte Suprema de Justicia, en reemplazo de la desprestigiada de los tiempos de Carlos Menem; una política de derechos humanos acorde con los reclamos de la sociedad; planes sociales para paliar el costo social de años de neoliberalismo y los cambios del Código Civil, sin olvidar la ley de fertilización asistida y el matrimonio igualitarios. Normas, todas, por las que la era kirchnerista será recordada en los próximos años.

Fue el kirchnerismo el que, en sus primeros años de gestión, montado sobre la bonanza de los commodities (productos básicos), consiguió un crecimiento económico de 7 por ciento promedio entre el 2003 y el 2008, y que volvió a contagiar la mística política en miles de jóvenes. De allí que en el 2010, antes del deceso de Néstor Kirchner, surgiera en el universo político la agrupación La Cámpora, bajo la conducción de Máximo, el hijo mayor del matrimonio.

Es a esa organización a la que se le señala por muchos de los males del Gobierno. Por formar parte de “una militancia rentada” que ocupó los cargos claves en la burocracia y en el gabinete de la Presidenta.

Con el correr de los años se fue perfilando el carácter más negativo del kirchnerismo. El autoritarismo, el enfrentamiento con los medios de comunicación.

Guerras, como la que los enfrentó con el sector agropecuario, que sirvieron para labrar un relato épico de su paso por el poder, mientras en el camino aparecían Amado Boudou, el vicepresidente procesado por corrupción, piqueteros (movimientos de desempleados), funcionarios como Luis D’Elia, atacando comisarías.

También el ejercer un capitalismo de amigos con empresarios como Cristóbal López o Lázaro Báez; los servicios de inteligencia revolcados con el Poder Judicial, que derivó en la muerte del fiscal Alberto Nisman; o un jefe de Gabinete como Aníbal Fernández, acusado de liderar una organización ligada al narcotráfico y, a la postre, convertido en uno de los mariscales de la derrota en la primera vuelta electoral.

Todo, mientras la economía “se cerraba y se fogoneaba un consumo ficticio”, según el economista Roberto Cachanovsky, mientras las empresas tenían prohibido importar, o los turistas que viajaban al exterior con su tarjeta de crédito veían cómo se les cobraba un impuesto del 35 por ciento de sus gastos “porque sí”.

Ahora, el kirchnerismo llega al final raspando la olla de las reservas en el Banco Central, y con lo justo para evitar que una devaluación y la liberación del tipo de cambio provoquen una crisis antes de la partida.

“No dejaron nada en pie. Ni reservas, ni el Fondo de Autopistas. Se comieron los fondos de pensión, y ese exceso de populismo de los Kirchner lo pagarán los argentinos con cualquier gobierno que llegue”, explicó Cachanovsky en entrevista con EL TIEMPO.

Solo resta ver si los últimos días en el poder, la Presidenta y su gabinete deciden una transición tranquila o se dejan llevar por la tentación de dejar “tierra arrasada”. De lo que no escaparán los argentinos, ya sea con Macri o con Scioli, es de que todo lo bueno de estos años quede relegado por la pesada herencia económica y social que deja la era K.

La caída de fichas clave oficialistas

En el distrito obrero de Tres de Febrero, en las afueras de Buenos Aires, el ‘caudillo’ peronista Hugo Curto, que ha sido alcalde por 24 años, sufrió una dura derrota a manos de un intelectual de derecha, señal de los tiempos que corren en Argentina. Ese es uno de los golpes que recibió el oficialismo en los comicios del 25 de octubre en los alrededores de la capital, donde parecía imposible vencer a los barones peronistas. Incluso perdió la poderosa provincia de Buenos Aires, donde gobierna el candidato presidencial oficialista Daniel Scioli y que ahora será gobernada por el partido opositor Cambiemos.

JOSÉ VALES
Corresponsal de EL TIEMPO
Buenos Aires.

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