¿Cómo pelear la guerra contra el terrorismo? / Análisis

¿Cómo pelear la guerra contra el terrorismo? / Análisis

'Medidas diplomáticas son cruciales, pero hay que aceptar que no venceremos sin esfuerzo militar'.

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21 de noviembre 2015 , 06:21 p.m.

Cuando el presidente François Hollande anunció que estamos en guerra con el Estado Islámico (EI), el ‘estamos’ nos incluía a usted y a mí. La pelea de Francia es la pelea de Inglaterra y la pelea de Europa. Nos involucra a todos.

La globalización no solo significa poder comprar mangos en el supermercado en invierno. El terror y la barbarie han sido globalizados también. Hombres y mujeres entrenados, adiestrados, y armados a miles de millas de distancia son enviados a nuestros vecindarios para matar y mutilar.

El terror internacional requiere una respuesta internacional. Pero esa respuesta debe incluir diálogo y diplomacia. No debemos dejarnos llevar a que el horror y el miedo nos hagan olvidar nuestros valores cívicos. Eso es precisamente lo que los terroristas buscan. No debemos satanizar a todos los musulmanes. (Lea: El terror yihadista desafía al mundo)

No debemos quemar los puentes interreligiosos. No debemos abandonar los principios básicos de la civilización europea, incluyendo la obligación de ayudar a refugiados que huyen del mal. La instintiva reacción al flujo de migrantes de la canciller alemana Ángela Merkel todavía debería ser aplaudida, no condenada.

La agitación popular en contra de hombres y mujeres de etnicidad y creencias distintas terminará por dividir nuestras sociedades cuando deberíamos estar unidos. Desde Beirut hasta París, los ataques terroristas constituyen un esfuerzo deliberado de exacerbar tensiones entre comunidades. Marine Le Pen, del Frente Nacional de extrema derecha francés, y otros como ella bien podrían terminar actuando como sargentos reclutadores para el EI. (Además: Entender las causas, para poner fin al 'terrorismo de efecto bumerán')

En la cumbre del G-20 se impulsó fuertemente el uso de la diplomacia. Eso implica, y sobre todo obliga a los principales rivales de Oriente Próximo, a la Arabia Saudí gobernada por suníes y al Irán gobernado por chiíes, a enfrentar su responsabilidad en la reducción de hostilidades entre grupos suníes y chiíes en Asia occidental. Los países de Occidente han sido las víctimas residuales de las luchas encarnizadas entre representantes del poder saudí y el iraní.

Debemos acabar con la división entre los que se oponen al EI en Siria. Eso podría implicar darle un papel a corto plazo al presidente Bashar al Asad en una transición política (en parte para salvar la cara de Rusia). Pero un presidente que ha bombardeado a sus propios ciudadanos no puede ser parte de una solución pacífica a largo plazo.

Las medidas diplomáticas son cruciales, pero también debemos aceptar que no venceremos sin un esfuerzo militar mejor coordinado y más efectivo. Debemos sacar al EI de su autoproclamado califato en Siria e Irak. De no ser así, el territorio que controlan seguirá siendo refugio y campo de entrenamiento de asesinos. (Lea también: El miedo y su nuevo valor estratégico)

Puede ser que el robustecimiento de la intervención militar provoque más atrocidades. Pero lo que está claro es que los ataques a la civilización continuarán hasta que le cortemos la cabeza al EI.

Los que se oponen a la intervención militar suelen citar los fracasos de Irak y Afganistán para justificar su inacción. Es verdad que deberíamos aprender de esos errores. No obstante, el apaciguamiento no es una de las lecciones. No tendremos sociedades libres bombardeando al EI con palabras fuertes en vez de hacerlo con explosivos. El primer ministro británico David Cameron entiende la importancia de incrementar la presión militar.

Puede ser que la mayoría de las botas sobre el terreno sean usadas por árabes, iraníes y kurdos, incluyendo miembros de la Brigada Internacional Peshmerga. Pero necesitan más apoyo –no solo aéreo o con armas y entrenamiento, sino también con fuerzas especiales occidentales–. (Lea además: Francia, menos derechos en la patria de la libertad)

Existe también un fuerte argumento para que la OTAN reconozca que uno de sus miembros, Francia, ha sido atacado y para así activar el artículo 5 del Tratado del Atlántico Norte, que asegura la defensa mutua. La Alianza entera debería comprometerse a derrotar el terrorismo.

Pero esta pelea no es solo de Europa o de Estados Unidos. Hablamos de un orden global en un mundo estable y próspero. Rusia y China deberían, por tanto, dejarle claro al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que la destrucción del EI es su pelea también.

Todos esos hombres y mujeres en París no fueron asesinados en vano. Sus muertes deberían retarnos a asegurarnos de que París, la ciudad de las luces, ayudará a desterrar la oscuridad que amenaza con tomarse este siglo.

CHRIS PATTEN
Comisionado de Asuntos Exteriores de Naciones Unidas y exresponsable de relaciones exteriores de la Comisión Europea.
© Project Syndicate

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