Área deforestada en 2014 fue igual a nueve veces el parque Tayrona

Área deforestada en 2014 fue igual a nueve veces el parque Tayrona

Minería ilegal, ganadería, tala, incendios forestales y cultivos ilícitos, principales responsables.

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20 de noviembre 2015 , 08:14 p.m.

La pérdida de bosques en el 2014 para Colombia fue de 140.356 hectáreas, lo que representa un aumento del 16 por ciento frente al 2013, cuando la deforestación arrasó con 120.934 hectáreas.

Eso es como haber devastado una área de bosques equivalente a nueve veces el parque Tayrona o 52 veces la isla de San Andrés.

Así lo reflejó la tasa de deforestación en el país, divulgada ayer por el Ministerio de Ambiente y el Instituto Nacional de Hidrología y Meteorología (Ideam).

La minería ilegal, la tala, la conversión a áreas agropecuarias y los incendios llevaron a que la superficie de bosque natural en Colombia se redujera de 59’133.636 hectáreas a 58’964.543.

Para el ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo, el informe deja ver cambios significativos en la ubicación geográfica de las áreas deforestadas y, si bien el aumento en la tasa preocupa, zonas como la Amazonia, pulmón del mundo, muestran una mejoría.

El próximo 30 de diciembre se iniciará en París la COP21, Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, donde los Estados debatirán, entre otras cuestiones, sobre la salud de los bosques en el mundo.

El diagnóstico que presentaron ayer las autoridades ambientales cumple con el mandato trazado hace dos años en Varsovia –sede de la COP19– para que los países hagan un monitoreo permanente.

De las 58 millones de hectáreas de bosques del país, el 68 por ciento está en la región amazónica; el 4 por ciento, en la Orinoquia; el 9 por ciento, en el Pacífico; el 17 por ciento en la zona Magdalena-Cauca y el 3 por ciento en el Caribe.

La que tuvo mayor aumento porcentual de deforestación fue la región Pacífica, que pasó de 5.028 hectáreas, en el 2013, a 13.855, en el 2014. En la región Andina la tasa subió de 26.014 a 33.679 hectáreas, en el Caribe el incremento fue de 12.403 a 18.903 hectáreas y en la Orinoquia, de 8.764, pasó a 10.639 hectáreas.

En la Amazonia la deforestación se redujo de 68.725 a 63.280 hectáreas. Ómar Franco, director del Ideam, indicó que la caída obedeció a las actividades de protección y conservación que allí se adelantan.

“Desde 1990 ha habido un descenso en la deforestación. En los 24 años que se ha tenido registro, el país ha perdido 6,2 millones de hectáreas y la tasa del 2014 no tuvo un buen registro”, aseguró Franco.

A comienzos de noviembre, las autoridades ambientales celebraron la disminución de la emisión de gases de efecto invernadero –178’258.000 toneladas de dióxido carbono para el 2012–, lo que representa un 20 por ciento menos que la última medición (del 2010).

La reducción, explicaron las autoridades, se debió a la disminución en la tasa de deforestación para el 2012, lo que indica que con el aumento en la tasa el año pasado, la emisión de gases será mayor y en la misma medida la contribución negativa al cambio climático.

El aumento en los gases de efecto invernadero (como el dióxido de carbono, el metano y el óxido de nitrógeno) es el responsable del incremento en la temperatura de la Tierra, fenómeno que se conoce como calentamiento global y del que ya se ven consecuencias como los desastres naturales o la pérdida de biodiversidad en el mundo.

La pérdida de las superficies boscosas se extiende incluso a las áreas protegidas, donde unas 7.718 hectáreas han sido arrasadas. Los parques más afectados son Sierra de La Macarena (1.342 hectáreas), Paramillo (1.315 hectáreas), Tinigua (1.194 hectáreas), La Paya (1.061 hectáreas) y Catatumbo Barí (627 hectáreas).

El monitoreo obtenido a través del análisis de imágenes satelitales permitió también llegar a escalas municipales. En ese nivel, los que más deforestaron en el 2014 fueron San Vicente del Caguán (Caquetá), con 12.000 hectáreas; Cartagena del Chairá (Caquetá), con 11.769; La Macarena (Meta), con 6.135; Puerto Guzmán (Putumayo), con 5.650, y Puerto Leguízamo (Putumayo), con 4.311.

Los cinco motores

La identificación de los motores que generan la deforestación del país ha permitido enfocar estrategias para reducir las tasas. El director del Ideam explicó que son cinco los motores que generan la desaparición de los bosques.
Uno es la minería ilegal, que se concentra en el Bajo Cauca antioqueño, Chocó, Guainía, Vaupés y Casanare. Otro es la conversión de áreas en sectores agropecuarios, es decir, se cambia la cobertura de bosque por pastos.

Aparece también la tala ilegal. “Detrás de esto hay un cartel, una acción criminal que alimenta un mercado complejo. El Pacífico es uno de los más presionados. Además, alrededor hay un desarrollo de infraestructura”, dijo Franco.

Los incendios forestales –el cuarto motor– han contribuido en gran medida a que las tasas sigan creciendo y que desde ya se puede estimar que la tasa del 2015 podría aumentar, pues este año las llamas han consumido 103.000 hectáreas.

Por último, están los cultivos ilícitos. “Identificamos que en Norte de Santander, Nariño, Guaviare, Cauca y Putumayo más del 40 por ciento de las áreas deforestadas se encuentran a un kilómetro del cultivo”, añadió Franco.
El ministro Vallejo, por su parte, llamó la atención por el aumento de la deforestación en Antioquia y dijo que ya se están coordinando acciones. “Hemos hablado con el director de la CAR para ver qué mecanismos alternativos y adicionales se pueden tener. Allí, la deforestación fundamentalmente está dada por la minería criminal”, señaló Vallejo.

Y agregó que “tener los niveles de certeza logrados con estas mediciones es un gran avance para poder trazar las medidas pertinentes. Es una oportunidad para fortalecer el trabajo del Ministerio, en términos de reforestación, y también de apoyos, como los de los gobiernos de Alemania, Noruega y Reino Unido y del Plan de Bosques que se viene adelantando”.

'No podemos pretender restaurar el país entero y dejar que la tasa suba'

La pérdida de bosques año tras año es un lujo que un país considerado como de los más ricos del mundo en diversidad no se puede dar. En eso coinciden expertos ambientales ante el aumento en la tasa de deforestación en el 2014.

El profesor Guillermo Vásquez, del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional, recuerda que tradicionalmente la tasa de deforestación en Colombia ha sido alta, pero se había logrado un descenso importante.
“En los 70 y 80 era de entre 250.000 y 300.000 hectáreas por año, y un nuevo aumento representa un retroceso en la conservación de los recursos boscosos de un país que todavía tiene algo más de 50 por ciento en bosques”, dijo.
Para entender la importancia de conservar los bosques, Wilson Ramírez, coordinador del programa de Gestión Territorial de la Biodiversidad del Instituto Humboldt, expone dos puntos: servicios y biodiversidad.

El primero, que es una mirada humana, evidencia que de estos sistemas depende la regulación de agua. “El aprovisionamiento de agua debería ser dramáticamente importante en sistemas montañosos, donde hay miles de personas que dependen de la presencia de los bosques como factor regulador del líquido”, señaló.

A eso se suman los riesgos. “Lloramos los grandes desastres que ocurren por deslaves, erosión masiva e inundaciones, pero se nos olvida que nosotros estamos cavando nuestra propia tumba. Con tres cordilleras, con porcentajes de pendiente tan fuertes, la pérdida de áreas boscosas puede significar un riesgo dramático en la ocurrencia de desastres”, añadió.

Si bien las autoridades ambientales han demostrado voluntad por frenar la deforestación, su campo de acción sigue siendo restringido. “El músculo estatal en materia ambiental no llega a ejercer controles, a prevenir problemas como la minería, la tala, la supuesta apertura de la frontera agrícola. Son todos factores sociales complejos”, insistió Vásquez.

A pesar del alcance limitado, la obligación es seguir actuando porque el costo que genera la desaparición de los bosques es tal vez lo más difícil de pagar.

“Un sistema reforestado no logra recuperar 200-300 años de un proceso. Simplemente se ve verde. Un proceso de restauración puede llegar a durar años. No puede ser que pretendamos restaurar el país entero y con esa excusa aumentemos la tasa de deforestación”, dijo.

La cooperación internacional –señaló Vásquez–, un Estado más fuerte en materia ambiental, la supresión de la marginalidad económica, de la minería ilegal, de cultivos ilícitos y la consecución de la paz pueden contribuir en la tarea de frenar esta problemática. Todo, con la advertencia de que es un asunto de muchas generaciones.

Llamado a las CAR, a alcaldes y gobernadores

El ministro de Ambiente, Gabriel Vallejo, reconoció que el incremento del 16 por ciento en la tasa de deforestación no es una cifra grata, pero insistió en que este diagnóstico permite trazar estrategias puntuales para atacar el problema desde los focos que lo generan.

“Hago un llamado a todas las CAR, en especial a las de las zonas donde hay un alto nivel de deforestación, y a los alcaldes y gobernadores, que están en la consolidación de los Planes de Ordenamiento Territorial, porque este es uno de los temas fundamentales”, dijo.

Con respecto a los aspectos que desencadenan la pérdida de bosques, Vallejo dijo que lo primero es entender los problemas. “Frente a la tala ilegal para la venta, hay una estrategia con la Policía. El compromiso de la Policía y el trabajo de las CAR se ven. Falta educación ambiental. Si usted va a hacer una cama, pídale al carpintero que le muestre el certificado legal de la madera, porque ahí empieza el problema”, aseguró.

Respecto a los cultivos ilícitos, enfatizó en la estrategia de sustitución que lanzó el Gobierno. “Si se logra el proceso de paz, que tenemos la convicción de que así va a ser, esperamos que parte de este problema a mediano y largo plazos se pueda solucionar”, añadió. “Lo otro son los incendios forestales. Tenemos que generar entre la gente mayor conciencia; decirles que no puede haber caza ilegal de tortugas, que entiendan que al hacer un asado deben ser responsables. De los 4.280 incendios de este año, entre el 85 y 90 por ciento son generados por actividades humanas”, concluyó.

NICOLÁS CONGOTE GUTIÉRREZ
Redactor de EL TIEMPO

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