Editorial: Hablemos de prevención

Editorial: Hablemos de prevención

Todos los bogotanos deben apropiarse de su entorno para ayudar a prevenir graves estragos.

20 de noviembre 2015 , 07:04 p.m.

Son la inseguridad y la movilidad los dos asuntos que encabezan la lista de preocupaciones de los bogotanos. Y es comprensible, pues los capitalinos suelen convivir con trancones, buses inseguros e historias de asaltos de todo tipo.
Pero varios hechos recientes, entre estos la caída de la avioneta sobre una panadería del barrio El Luján, que causó la muerte de nueve personas y la explosión de un tanque de hidrógeno de un laboratorio ubicado en el barrio San Luis, han dado indicios de otra serie de situaciones que deberían incluirse en dicha lista, pues tienen el potencial de causar graves estragos.

En días pasados este diario publicó un listado de diez de ellas, con el ánimo de que las autoridades tomaran nota y, luego, acciones preventivas, en un país donde gran parte de las tragedias son anunciadas.

Antes hay que aclarar que cualquier ciudad está expuesta a este tipo de contingencias. No se discute que eventos como la caída de la aeronave son tan tristes como difíciles de prevenir. Y es verdad también que en muchos otros, como la proliferación de llantas, las perforaciones en tuberías de gas, las aglomeraciones en establecimientos nocturnos y de intensa actividad comercial, es un factor común la debilidad institucional para hacerles frente.

Esta tiene que ver con cuestiones presupuestales, aunque en ella también ponen su parte la ausencia de herramientas legales y, no pocas veces, la pobre gestión. Y hay males crónicos, que vienen de tiempo atrás. Uno de ellos es la falta de información actualizada y confiable sobre las redes que se encuentran en el subsuelo de la ciudad. Algunos esfuerzos se han hecho por despejar este misterio, pero han sido insuficientes y a diario se registran incidentes que podrían llegar a causar serios daños.

Pero no toda la responsabilidad se les debe endilgar a las autoridades. En casos como los de los laboratorios o, sobre todo, los bares que no cumplen con la reglamentación vigente, son más que frecuentes las historias de ciudadanos que hacen toda suerte de piruetas para evadir el control, sin importarles que estas implican un enorme riesgo de detonar una catástrofe que cobraría decenas, cientos de vidas. Pensamiento egoísta, que debe erradicarse. Es principalmente a los propietarios a quienes compete elaborar planes adecuados de evacuación y dotar sus establecimientos de señalización visible y equipos básicos para reaccionar ante un suceso inesperado. Deben hacerlo por convicción, no por cumplir un trámite más.

Todos los bogotanos deben apropiarse de su entorno: indagar por los detalles de las construcciones de los lugares que frecuentan, y observar los riesgos de toda clase a los que están expuestos. Con más veras si se trata de establecimientos abiertos al público.

Las autoridades, a su vez, han de contar con las herramientas para ejercer control preventivo, como también garantizar que la gestión en esta materia sea impecable, con verdaderos expertos al mando, más allá de cuál sea su filiación política. Es fundamental la información veraz, actualizada y abundante; la pedagogía, pero contar, así mismo, con sanciones fuertes y la manera de aplicarlas. En suma, hay que insertar de una vez y para siempre la cultura de la prevención en la manera como se administran las ciudades.


editorial@eltiempo.com

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