Huertas urbanas están de moda entre los jóvenes de Medellín

Huertas urbanas están de moda entre los jóvenes de Medellín

Aire puro, tranquilidad y conexión entre las personas, son algunos beneficios de las parcelas.

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20 de noviembre 2015 , 06:15 p.m.

Todos los domingos salen en sus bicicletas, recorren las calles y jardines con palas y regadera. Tratan de colonizar cada espacio árido y mal utilizado, se toman los antejardines descuidados, las materas de las señoras y los ventanales de los edificios. Llegan allí, a donde sea, con sus maticas de yerbabuena y tomillo y sus árboles de cidras. Se sueñan la ciudad como un bosque, donde los niños puedan arrancar guayabas de las ramas o preparar jugo de la cosecha del naranjo del jardín.

Se trata de la Red de Huerteros de Medellín, que ya tiene más de 455 miembros en Facebook y agrupa a niños, a viejos, a los vecinos de calles y cuadras enteras, además de a instituciones públicas como bibliotecas y centros culturales. Entre todos ellos no son pocas las huertas que han sembrado y cuidado, muchas de con la ayuda de programas de la Alcaldía de Medellín, que ya contabiliza 1.400 parcelas en toda la ciudad.

Una de estas huertas es la de Javier Cardona Palacio, ubicada en el barrio Santa Lucía (Comuna 12, La América), que en pantalonetas y sandalias sale todas las mañanas a regar sus plantas, deshierbar y alimentar su cría de lombrices con cascara de huevo y otros desperdicios que salen de su cocina.

Esta actividad, cuenta Cardona, le ocupa mucho tiempo, pero se siente satisfecho, porque para él “las zonas verdes se convierten en zonas vivas”. Dice que lo más bonito, lo mejor de esta actividad es ver crecer los arbustos, las hierbas, sentir el olor que producen las hojas, los sabores, todo lo que después se va a ver reflejado en los platos que prepara, porque también ama cocinar.

Cuando Cardona recoge los tomates piensa en pasta boloñesa o en ensaladas frescas y con la albahaca tiene una relación cercana, pues es la planta aromática que más se reproduce en los jardines de la red.

Para Javier Márquez, de la corporación ecológica y cultural Penca de Sábila, toda esta actividad en torno a los jardines es símbolo tanto del furor de los jóvenes por volver a lo natural y estar en armonía con el medio ambiente, como de la necesidad de consumir alimentos libres de químicos y toxinas. Otra de las razones para incentivar el cultivo, dice Márquez, es la seguridad alimentaria de familias de bajos recursos, muchos de ellos desplazados por la violencia, con una historia campesina.

Lo más importante de las huertas, señala Sandra Roa, otra de los integrantes de la red, es la conexión que genera entre las personas. “Es básicamente la posibilidad de encontrarnos, de intercambiar ideas, conocimientos, impresiones. Y es saber que el otro está ahí a pesar de que se haya ido”, dice la joven y se limpia una lágrima, después se pasa las manos por la cara, huele a hierbas.

Hace solo un mes, cuenta Sandra, murió su vecina de 65 años, Rocío Uribe, su amiga, con la que compartía el gusto por la agricultura, por las flores, por la vida y con la que creó, en un fin de semana, una huerta en forma de mandala, figura simbólica budista en círculo. A pesar de la poca fe que tenía su abuela de que este germinara, las frutas y verduras brotaron y al poco tiempo las dos mujeres comenzaron a preparar tortas de espinacas, de zanahorias y otras delicias culinarias.

Ahora la huerta está incompleta, hay maleza y un poco de matorral, la mata de albahaca, a la que Rocío le hablaba por la mañana, se secó dos días después de su muerte. Como una forma de honrar su vida, los integrantes de la red sembraron hortensias alrededor de la huerta.

Sandra, de ojos y cabello negro, solo fantasea con llenar su calle de cultivos, por eso desde el Jardín Botánico de Medellín, lugar en donde trabaja, ayudó en el diseñó del programa de Agricultura Urbana.

Allí, cada fin de semana, ofrecen talleres y cursos. Además, dice Sandra, lo más importante es que se encuentran, se reúnen para seguir aprendiendo sobre cómo optimizar espacios reducidos, de la utilización de residuos sólidos, la producción y manejo de hortalizas, aromáticas y plantas medicinales.

Estos espacios de encuentro, cuenta la joven de 28 años de edad, se convierten en convites, en pequeñas fiestas urbanas, donde los integrantes de la Red participan con algunas de las verduras o granos de sus huertas para la preparación de recetas, como sancocho vegetariano, cremas, todo tipo de ensaladas y pastas.

Todos ellos, jóvenes y adultos, apasionados por la agricultura urbana esperan llenar cada rincón inutilizado de la ciudad, para así contribuir al bienestar de las personas, a la salud, a la vida, al placer que genera el verde. “Queremos que la gente piense en los otros, que contribuya al confort por medio de la generación de espacios con vida, con frutos”, agrega Sandra.

PAOLA MORALES ESCOBAR
Redactora de EL TIEMPO
inemor@eltiempo
@PaoLetras

 

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