Afropacíficos ponen su 'flow' en cabezas bogotanas

Afropacíficos ponen su 'flow' en cabezas bogotanas

Una barbería y una peluquería son famosas por sus estilos. Empleados vienen del Chocó.

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20 de noviembre 2015 , 04:51 p.m.

Ambos locales atienden a blancos, negros y mestizos. Pero su influencia y marca características son el estilo afro que les dan tanto a peinados como a cortes de cabello. Hombres y mujeres llegan a By Goyo (Chapinero) y a Barber Shop Ghetto (Teusaquillo).

Este tipo de negocios abunda en las calles del centro, entre la avenida Caracas y la carrera 6.ª, y entre las calles 24 y 17. Sin embargo, la nota distintiva de estos sitios es que fueron pioneros en abrir sus espacios en zonas bogotanas más convencionales. Su idea es que no sean vistos como opciones periféricas, sino como parte de la Bogotá diversa y multicultural.

Dentro de ellos siempre se oye música alegre: salsa, reguetón, champeta, reggae, chirimía, todo reflejo de su ánimo festivo y recuerdo de la tierra de la cual emigraron los artistas del pelo que allí atienden: Chocó.
Comenzaron sus labores de forma cotidiana, entre amigos y familias, pero en Bogotá las convirtieron en su forma de sustento.

Barbería con toque de ‘libertá’

Para los barberos de Barber Shop Ghetto su labor es parte de su libertad. Hace cinco años montaron su local en la avenida Caracas con 40A (Teusaquillo) y hasta allá han arrastrado la clientela que los visitaba en el centro, donde comenzaron hace diez años.

“Parte de los corte nacieron en lo militares afroamericanos que estaban prestando servicio y no los peluqueaban, entonces ellos comenzaro a hacer su propios corte, modificando lo que se hacían lo sargento, agregando sombra, eso empezó en lo año ochenta”, señala Jaime Salas.

 

Harinson de Diego montó Barber Shop Ghetto con su amigo Jaime Salas. Ambos son chocoanos y ponen su onda en los cortes.

Su compañero, Harinson de Diego, explica las múltiples opciones que tienen para sus visitantes. “Lo corte que má demanda tienen son el jersey (estilo Daddy Yankee, bien marcado), la cresta, el siete, los cuadros, el desvanecido y las rayas”.

Las figuras en la cabeza son su fuerte. “Cuando uno ve la imagen que le traen uno ya se compromete a hacerla tal como se ve. Se hace a puro pulso, agua, cuchilla e imaginación. Te puede gastar de 40 a 30 minuto”, añade Harinson.
La moda de las cejas también la ofrecen. Es una especie de depilación, muchos le llaman tocaíto, que es quitarles los ‘cañones’ o bordes desordenados, para darles mejor forma y resalte. Otra intervención en las cejas es la rayita o vacile, muy de los que gustan del estilo hip-hop y la influencia de futbolistas.

“Nosotros llegamos acá con los cortes afroamericanos y eso ya es un legado”, asegura Jaime, quien es respaldado por su socio y compañero: “Ante no se veían las barbería como un negocio serio. Ahora han crecido mucho, como pasó con el reguetón, que nadie daba un peso por él y se creció. Hace 10 año encontrar una barbería era un problema, pero hoy en día hay bastante”.

 

Cortes como el ‘jersey’ gustan mucho a jóvenes y adultos.

Puro sabor a Chocquibtown

Nuris Santos se crió en Quibdó. la aDesde dolescencia descubrió sus facultades para jugar con los ensortijados cabellos de su mamá, abuela y hermana. No pasó mucho tiempo hasta que las vecinas identificaron sus cualidades y comenzaron a buscarla.

“Se me fue convitiendo en una profesió en la cual me quedé”, dice Nuris, abrigada con una chaqueta. Luce un turbante en la cabeza.

Bogotá la recibió hace nueve años. Sus primeros trabajos los hizo en el centro, donde hay una amplia oferta de salones estéticos. “Estuve en do peluquería de la carrera 10ª con 23”, señala, con ese imborrable acento del Pacífico. Desde Quibdó traía renombre, tanto que la cantante del grupo Chocquibtown se hacía peinar por ella en esa ciudad, y apenas supo que estaba en Bogotá, no dudo en hacerla su peinadora.

“Goyo vio que había necesidad de un bué salón y montó By Goyo (carrera 7.ª con calle 32). <TB>Me vine con ella, hace do año”, dice.

 

La espina de pescado es una de las opciones en By Goyo.

Con una sonrisa cuenta que apareció en un breve fragmento del video que hizo famosa a la agrupación de su jefa: Somos Pacífico. En este se le ve tejiéndole unas trenzas a Slow, otro de los cantantes.

“Me visitan niña, jóvene y adulta. A la menore le gusta el cuento de las trenza y peinado innovadore, curiosear con su cabello. Nos llega también mucho público mestizo. La gente piensa que esto salone solo son para afro, pero no es así”.

Apunta que lo difícil con el pelo afro es que suele ser abundante y toca dividirlo en varias partes. “De resto es má fácil que el cabello liso, porque al liso hay que sacarle toa la grasa pa que dure la trenza. A vece al cabello afro le ponemo aceite pa manejarlo má fácil y que quede con brillo”, explica.

Muestra en su celular los peinados que hace: espina de pescado (una línea por el centro que se desprende en trenzas hacia los costados), apartheid (moño de pelo recogido hacia arriba), el kinky twis (trenzas sueltas con las que se puede jugar para múltiples arreglos), el banano, el recogido y más.

Lo menos que se tarda en una de sus obras es 15 minutos. Lo más, cinco horas.

Bloquea su teléfono y dice que la vida en la ciudad es diferente a su tierra. Y confiesa: “Cuando voy en diciembre a Chocó voy con la idea de no trabajar. Pero obvio, siempre me toca atenderlas, ¿cómo no?”.

FELIPE MOTOA FRANCO
Redactor de EL TIEMPO

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