La paz, el camino está hecho

La paz, el camino está hecho

Lo que falta para llegar a la paz se andará así trinen o truenen sus enemigos.

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19 de noviembre 2015 , 04:47 p.m.

Después de tres años de intensas gestiones de los enemigos de la paz en Colombia –o los amigos de la guerra– y de tesonera labor del gobierno de Santos y la guerrilla de las Farc para sacar al país del pantano bélico en que vive ahogado hace setenta años (y que solo ha servido para permitir a unos pocos engordar sus bolsillos a costillas del dolor y la miseria que genera la guerra, y para robarles sus tierras a los campesinos) el camino hacia la paz está hecho y adquirió el carácter de irreversible con el resultado de las últimas elecciones, que les dieron al Gobierno y a las Farc un mandato contundente para decretar en enero el cese bilateral del fuego y cumplir con la firma de los acuerdos el 23 de marzo del 2016, según quedó establecido, o antes si es posible.

Las negociaciones con el Eln no serán tan prolongadas, dada la voluntad que esa guerrilla ha manifestado de incorporarse al proceso de paz. Quien quita que en marzo se produzca una carambola milagrosa y la paz se firme también con el Eln. No es probable, pero no es imposible.

A los amigos de la guerra –o enemigos de la paz– se les acabó el juego, aunque no dejarán de hacer cuanto esté a su alcance para reavivar el conflicto. Su última trastada truculenta (ingeniosa, sí) fue la inexplicable acción del señor Fiscal General de asirse del fallo añejo y refundido de una juez cuestionada, para desconocer los tratados de paz de 1990 con el M-19. Rigurosa y ejemplarmente respetados durante treinta años por los antiguos miembros del M-19, esos tratados tuvieron y tienen un carácter de solemnidad, de compromiso al que no puede faltar ninguna de las partes firmantes. El paso en falso dado por el jefe del Ministerio Público (a quien de ninguna manera considero un enemigo de la paz) carece de justificación visible, y si la hay invisible, es con seguridad ajena a los tratados Gobierno-M-19, cuya violación por parte de la Fiscalía deja la sensación desagradable de que trata de cubrir y encubrir con una espesa cortina de humo ciertos escándalos. Y lo que era de esperarse, Su Santidad el Procurador General –ese sí amigo declarado de la guerra– se apresuró a respaldar la decisión de su antes enemigo el Fiscal.

¿Por qué motivo el Fiscal y el Procurador no abren investigación ni se ocupan de hechos gravísimos, tales los continuos asesinatos de líderes indígenas y campesinos que vienen sucediéndose de manera aterradora y con espantable impunidad? ¿Se sabe algo de los autores intelectuales y materiales del asesinato del líder de los Derechos Humanos en Casanare, Daniel Abril, el pasado 13 de noviembre? ¿Tienen idea la Procuraduría y la Fiscalía de quiénes y por qué intentaron asesinar al líder indígena del Cauca, Feliciano Valencia, el pasado 16 de noviembre? Muy preocupados nos mostramos por denunciar desde Colombia la condena a prisión en Venezuela de Leopoldo López como una violación a los derechos humanos. ¿Por qué no dejar que los venezolanos resuelvan entre ellos sus problemas, y nos preocupamos mejor de las violaciones de los derechos humanos en Colombia, perpetradas a diario por bandas criminales, paramilitares y otras especies venenosas, que actúan a sus anchas? ¿Dotadas de licencia para asesinar?

El otro taco de dinamita que quiere atravesársele al tren de la paz es el vicepresidente Vargas Lleras, cuya naturaleza bélica vive sin sosiego en guerra permanente con todo el mundo y consigo mismo. Su ilustre abuelo, el presidente Carlos Lleras Restrepo, habría sentido profunda vergüenza de ver a uno de sus nietos haciendo campaña presidencial con los dineros del Estado. Presentando como propias iniciativas y ejecutorias de obras públicas que son parte del Plan Nacional de Desarrollo, financiadas por la Nación, lo cual no les impide a los seguidores del Vice proclamarlo gestor y alma de esas realizaciones. El Presidente de la República ha cumplido con su deber de poner en su sitio al temperamental vicepresidente.

Ahora, los vargaslleristas quieren aprovechar el episodio para erigir a su jefe en el indiscutible sucesor de Santos, y esmerarse en pintar la paz bajo el aspecto de una pugna mezquina por el poder. El columnista Gustavo Duncan (que no disimula sus simpatías por el Vicepresidente, y está bien que no las disimule) puntualiza al respecto que si Santos le suspende a Vargas Lleras sus funciones de zar de la infraestructura “el gobierno vería retrasadas sus ejecuciones en estos temas, que es de lo poco que hay para mostrar en obras”. Es decir que: 1) ¿el único individuo en Colombia capacitado para adelantar obras de infraestructura es el doctor Germán Vargas Lleras?, y 2) ¿que lo único para mostrar en obras del gobierno actual lo ha hecho el Vice? El sagaz columnista debería quitarse sus anteojeras. Con el presupuesto gigantesco que ha tenido a su disposición el Vicepresidente, cualquier buen ingeniero habría hecho el doble o el triple. Además, falta a la objetividad desconocer la excelente tarea que adelantó la ministra Cecilia Álvarez en la primera administración Santos.

El camino de la paz está andado en un noventa y ocho por ciento. Lo que falta se andará trinen o truenen sus enemigos.


Enrique Santos Molano

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