Medidas de excepción de Hollande: debe primar la cautela / Análisis

Medidas de excepción de Hollande: debe primar la cautela / Análisis

Si se excede, se abrirá otro escenario de confrontación difícil de detener.

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19 de noviembre 2015 , 07:19 a.m.

El discurso del presidente de Francia, François Hollande, ante la Asamblea Nacional plantea enormes desafíos para Francia y para Europa. La masacre cometida por los terroristas y asesinos de ISIS en la ciudad de París deja en el aire un ambiente pérfido y ambivalente sobre la forma de responder a la barbarie que dejó a 129 personas muertas y 300 heridas, en uno de los ataques más salvajes que se hayan cometido en la ciudad luz.

Las medidas anunciadas por Hollande deben ser analizadas con cautela, teniendo en cuenta que las alteraciones constitucionales y legales deben ser proporcionales, razonadas y tener en consideración los estándares desarrollados por la jurisprudencia de la Corte Europea de Derechos Humanos. Por eso, debe tenerse en cuenta estos criterios tanto para las medidas de urgencia como para la reforma a la Constitución que anunció el jefe de Estado francés.

En cuanto al primer aspecto, el presidente Hollande invocó el artículo 16 de la Constitución de la Quinta República, de 1958. En esta disposición se dice que ante una amenaza grave e inmediata en donde el funcionamiento regular de los poderes públicos constitucionales pueda ser interrumpido, el presidente puede declarar un Estado de urgencia en el marco de esas circunstancias.

Esos poderes excepcionales no son indefinidos. De hecho, el artículo 2 de la Ley No. 55-385 del 3 de abril de 1955- modificada en 1960- que reglamenta el artículo 16 le permite al presidente fijar máximo un tiempo de 12 días de duración de la urgencia. Si se pretende extender las medidas deberá el Parlamento a través de una ley fijar los nuevos términos. Históricamente se ha usado en cinco ocasiones. Tres en temas relativos a la situación en Argelia en la década del 60. Una en 1984 en el caso de la Nueva Caledonia y, la última, en 2005 por la existencia de disturbios en los suburbios -banlieue- de París.

Un segundo punto tiene que ver con la manifestación del Presidente de reformar la Constitución de 1958 en la medida en que no está a la altura de los tiempos. Dentro de lo que indicó se materializa la posibilidad de suprimir la nacionalidad de aquellas personas que tiene doble nacionalidad y que estén participando o puedan participar en actos de terrorismo o afecten la seguridad nacional. Esta acción permitiría la expulsión del territorio de ese tipo de personas. Esto no lo permite actualmente la Constitución francesa.

Además de lo anterior, seguramente se planteará un fortalecimiento de los organismos de inteligencia que permitirían, entre otras, las interceptaciones telefónicas sin autorización judicial previa, lo que compromete una serie de derechos fundamentales. En el fondo es una especie de Patriot Act a la francesa, como la estableció Bush después de los ataques del 11 de septiembre.

Las consecuencias tanto del Estado de urgencia como de la modificación a la Constitución son de diverso orden.

Frente al Estado de urgencia, el Ministerio del Interior podrá interceptar comunicaciones, fijar zonas de residencia a sospechosos, detener personas sin orden judicial previa, allanar domicilios sin orden judicial durante el día o la noche, fijar zonas de seguridad prohibidas, cerrar mezquitas donde se predique el extremismo, entre otras medidas. Este estado de cosas se mantendría por 12 días y seguramente se extendería por ley del parlamento por tres meses más.

Con las modificaciones constitucionales no hay mucha claridad. Empero lo único cierto es que se restringirían las libertades públicas de forma permanente, lo que limitaría de forma abrupta el Estado de derecho.

El ataque múltiple contra Francia y los valores de occidente fue inmisericorde, la reacción de la comunidad internacional y de Francia debe ser justa. Si se excede en las medidas que se tomen, se abrirá otro escenario de confrontación que será difícil de detener. Recordemos que, más allá de las guerras coloniales, esta vez los enemigos no necesariamente están fuera de las fronteras, sino, por el contrario, se están incubando en los barrios marginales de las ciudades de Francia y de Europa. No debe olvidarse que el éxodo masivo en Siria e Irak está generando un ingreso de refugiados en los países europeos y en Estados Unidos.

Pensar en medidas generales de represalia llevará al fomento de la xenofobia contra musulmanes en Francia. Recordemos que en Francia hay más de 5 millones de ciudadanos que tienen esa opción religiosa.

Esto políticamente en Francia permitía el acceso al poder de Marine Le Pen o el regreso de Nicolás Sarkozy, quien aprovecharía esta coyuntura. Del lado de la Unión Europea se daría un paulatino desmantelamiento de ciertos aspectos de la UE por temas de seguridad. Para seguir de pie, Francia tiene que seguir siendo Francia.

FRANCISCO BARBOSA
Ph. D. en Derecho Público de la Université de Nantes (Francia) y profesor de la Universidad Externado
@frbarbosa74
margencultural.blogspot.com

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