Calixto Ochoa: 'Salió bien todo lo que hice'

Calixto Ochoa: 'Salió bien todo lo que hice'

Recordamos una entrevista con uno de los mayores juglares del vallenato en Colombia.

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18 de noviembre 2015 , 08:56 p.m.

Era marzo del 2012. Al maestro Calixto Ochoa –cantante, acordeonero, compositor y técnico de acordeones, es decir, un juglar– el médico le había prohibido viajar a Bogotá para participar en el concierto de lanzamiento del Festival de la Leyenda Vallenata, que había tomado la decisión de homenajearlo en ese año. (Lea también: Murió el cantante y compositor colombiano Calixto Ochoa)

Ochoa, nacido en 1934 y fallecido ayer, aún no sabía si podría viajar siquiera a Valledupar (vivía en Sincelejo) cuando llegara, en abril, la fiesta máxima del acordeón, en la que se hizo rey en 1970, después de vencer a juglares que para él eran sus maestros. Pero el autor de Los sabanales y El africano había accedido a dar entrevistas telefónicas a los medios, una de estas para EL TIEMPO. Dulzaide Bermúdez, su mujer, contestó, y mientras lo pasaba al teléfono le decía: “Siéntate aquí, maestro, para ya de llorar”.

Así manifestaba Calixto su emoción cuando le hablaban del homenaje o cuando llegaban los visitantes, decía Dulzaide, que le ayudaba a responder cuando se agotaba o se le quebraba la voz. Así que la charla fue con ambos.
“Es el resultado de mi trabajo –dijo Calixto al fin–. Hoy me siento contento al recibir el homenaje, agradeciéndoles mucho al pueblo vallenato y a mis seguidores”. (Foto: Calixto Ochoa, el folclor valleno del 'Negro Cali')

Calixto fue el tercer rey vallenato. Se coronó en 1970, cuando solo otros dos grandes, Alejo Durán y Colacho Mendoza, habían ostentado ese título. El objetivo era el de recordar su historia, ahora que esperaba uno de sus últimos homenajes. (Lea también: Así recuerda Alfredo Gutiérrez a Calixto Ochoa)

¿Cómo fue coronarse rey vallenato en 1970?

Calixto Ochoa (CO): Muy bueno, porque tuve buena acogida por el público. Todavía le agradezco al pueblo lo que hizo por mí. Estaban Emiliano Zuleta, Luis Enrique Martínez, Náfer Durán y Andrés Landero.

Tenía que ganarles a esos grandes, ¿qué sentía entonces?

CO: Miedo no. Estaba seguro de mí porque estaba preparado para competir. Llevé canciones mías en los cuatro aires, todas eran inéditas, de mi autoría. Y la gente me quería, porque además soy de allá, de Valencia de Jesús, a 15 minutos de Valledupar.

Llevaba años en Los Corraleros (fundados en 1961). ¿Cómo comenzó esa agrupación?

CO: Los formamos nosotros. Yo era integrante de otro grupo. Antonio Fuentes nos propuso que hiciéramos un conjunto que no llevara el nombre de ninguno: Ni Calixto, ni Alfredo, ni nada. Así lo hicimos. Alfredo fue el gran acordeonero. Chico Cervantes estaba también. Había mucho material para hacer el conjunto. Estaban Eliseo Herrera y Lisandro Meza. Cada quien puso su granito de arena, y comenzamos a hacer el trabajo musical. Fuentes le puso el nombre: Los Corraleros de Majagual. Fue bueno, porque el conjunto anduvo por todas partes del mundo, con La ombligona o Los calabacitos.

Son sus composiciones con Los Corraleros. ¿Componía distinto entonces?

CO: Yo hacía mis vainas cómicas. Yo sabía que eran buen material para este tipo de conjunto. Cuando les canté Los calabacitos, les gustó. No me dediqué solo al vallenato, sino que era compositor de todos los aires. Muchos aires: cumbia, paseíto, merengue, porro. A la gente le gustó. Salió bien todo lo que yo hice.

¿Cuál es la composición que más quiere?

CO: Los sabanales, porque es una de las primeras que pegaron y ha perdurado. Aunque la primera fue El lirio rojo, antes de discos Fuentes.

Dulzaide Bermúdez (DB): No había presentación que hiciera donde no tocara esos ‘sabanales’. No la dejó de tocar hasta su retiro de las tarimas, en 1994. Su último trabajo discográfico se tituló El tuerto. En el 2005 hizo algunas presentaciones para complacer a algunos amigos en el Valle (de Upar).

¿Cuál fue la historia de ‘Los sabanales’?

CO: Como en esa época (finales de los 50) yo tocaba acordeón en las corralejas, amanecíamos en los pueblos. Una vez me fueron a buscar, para que fuera a tocar con un conjunto a una finca. Nos quedamos en hamacas y me desperté como a las 11 de la mañana, y estaba una muchacha, hija del señor de la finca. No tuve nada con ella, pero me dio por sacarle canción. Fue de las canciones que le gustaron más al viejo Antonio Fuentes, tiempo después.

¿Sigue componiendo?

CO: Ahora no compongo porque estoy enfermo. No sé si cuando me mejore.

DB: Está en receso, pero aquí guardadas tiene más de 50 o 60 canciones.

CO: Yo las tengo en casette.

DB. Él aquí en la casa tiene una colección de grabadoras. Las canciones no las escribía, sino que llevaba siempre una grabadora y tarareaba. Solo cuando se le acababa la batería cogía un lápiz.

Hay un rasgo común en los juglares como usted: aprendió a tocar acordeón solo...

CO: Bueno, porque yo tenía dos hermanos que tocaban el acordeón, y oyéndolos a ellos hice los primeros pininos.

Maestro no tuve...

DB: A él le gustó la música de Luis Enrique Martínez, fue con la que se inició. Interpretaba sus canciones. Otro de sus afectos fueron Alejo Durán y Alfredo Gutiérrez, que es muy especial para Calixto porque lo alojó en Sincelejo, le dio de comer, se arrimó en su casa y Calixto lo acogió como a un hijo. También quiso mucho a Andrés Landero.

¿Cuántos hijos tiene?

CO: Nueve.

DB: Tuvo diez hijos por todos.

CO: Rolando y César son los dos hijos acordeoneros. Ellos cogieron el acordeón, empezaron a ensayar ellos mismos y se metieron a la música.

¿Extraña tocar el acordeón?

CO: Claro, pero ya no tengo el ánimo para tocarlo.

DB: Está en receso. Pero duerme con ella, la acordeona, aquí, al lado de la cama. Yo la pongo en el medio para que no le pierda el amor de esa que fue su compañera toda la vida. Él además de tocar, se dedicó a arreglar y a hacer sus propios tonos, para ponerlo a sonar como a él le gustaba. Él no necesitaba andar con la pila de acordeones en sus presentaciones porque tiene uno, el primero, que le servía para tocar toda su música. Le puso unos cambios, unas palanquitas, se las movía y lo usaba como si tuviera tres acordeones.

¿Cómo es un día normal de Calixto ahora?

DB: Estamos con el asunto de su recaída, de la enfermedad. Le dio una isquemia, insuficiencia renal y casi un paro respiratorio. Hay que dializarlo siempre en la casa, hacerle sus terapias aquí. Los controles son una vez al mes.

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Al mes siguiente de esta entrevista, Calixto tuvo luz verde para viajar al homenaje en Valledupar. Allí, durante la inauguración del Festival, distintos acordeoneros de todas las edades interpretaron sus notas. Fue inevitable para él llorar también en tarima. Cuando el periodista Juan Rincón Vanegas le preguntó por qué lloraba, le respondió: “Es que el acordeón suena diferente aquí que en cualquier otro lugar”.

Ochoa siguió bajo los cuidados de Dulzaide en Sincelejo, hasta la mañana del sábado 14 de noviembre, cuando le dio una nueva isquemia que lo mantuvo en cuidados intensivos hasta su fallecimiento, en la madrugada del 18.

Después de la despedida del pueblo de Sincelejo, el cuerpo del gran juglar será trasladado a la plaza Alfonso López de Valledupar, para la que se espera sea una multitudinaria despedida. El sepelio será este viernes.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Cultura y entretenimiento

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