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Calló el alma de Los Corraleros

Calixto Ochoa, antes de morir, supo aprovechar su talento inconmensurable.

EDITORIAL
Era tan grande el amor del compositor, cantante y acordeonero Calixto Ochoa por el instrumento con el que alcanzó la fama que no lo llamaba por su nombre en masculino, sino que le atribuía género femenino: era su acordeona. Con ella dormía y se comunicaba, como su compañera que fue, y por eso conocía todos sus secretos, al punto de que era el mejor afinador y técnico de acordeones. O mejor, de ‘acordeonas’.
Esa relación musical concluyó físicamente este miércoles, cuando Ochoa falleció a los 81 años, víctima de una isquemia cerebral. Pero sus frutos siguen vivos, dentro y fuera del país, pues composiciones suyas tan populares como 'El africano' (“Mama, qué será lo que quiere el negro”) o 'Los sabanales' sobreviven al paso del tiempo.
Incluso, más allá de sus centenares de canciones, la obra cumbre del músico nacido en Valencia (Cesar) fue haber convocado una ‘selección Colombia’ de intérpretes para crear el mítico grupo de Los Corraleros de Majagual.
Por solicitud del célebre empresario discográfico Antonio Fuentes, Ochoa reclutó a Eliseo Herrera, ‘Chico’ Cervantes, Lisandro Mesa, Alfredo Gutiérrez e incluso a un jovencísimo Fruko para formar un conjunto que mezclaba, con un sonido inconfundible, el sabor de las bandas de viento con el acordeón vallenato.
Esa generación que hizo historia en las fiestas nacionales vio coronarse con honores al maestro Ochoa como Rey vallenato, en 1970, una consagración justiciera para quien animó tantas parrandas, y preludio de un tributo tardío, 42 años después, cuando el propio Festival de la Leyenda Vallenata lo declaró su figura homenajeada en la edición del 2012.
Las nuevas generaciones reconocerán su nombre en la expresión que se acuñó como título de una de sus canciones, 'Listo, Calixto', y con seguridad habrán cantado composiciones suyas como 'La plata', que inmortalizó Diomedes Díaz: “Si la vida fuera estable todo el tiempo, / yo no bebería ni malgastaría la plata, / pero me doy cuenta que la vida es un sueño / y antes de morir es mejor aprovecharla”.
Parodiando este verso, es claro que Calixto Ochoa, antes de morir, supo aprovechar su talento inconmensurable. Y que hoy puede descansar tranquilo, ojalá, al lado de su acordeona.
editorial@eltiempo.com
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