El Bibliobús que traza sueños y recupera memorias

El Bibliobús que traza sueños y recupera memorias

El vehículo recorre los barrios de Pereira y Dosquebradas buscando elementos que cuenten historias.

18 de noviembre 2015 , 09:29 a.m.

Casas, cables, fotos, picos y palas, libros, son reliquias que forman parte del museo itinerante de los recuerdos. Alrededor de este museo, y sentados en el ‘círculo sagrado de diálogo’, las personas conversan, cuentan las historias que aún conservan en sus memorias como el recuerdo de épocas lejanas, en donde el mundo era un lugar diferente, mejor o peor, pero diferente: convites, mingas comunitarias, fundaciones de barrios, hacen parte de los relatos que aún residen en la memoria colectiva. Y el Museo de los Recuerdos hace parte de un proyecto mucho más grande: el Bibliobús de la Memoria.

La recuperación de la memoria histórica es un proceso necesario para las comunidades, por eso nace el Bibliobús. Este, rueda por las calles de Pereira y de Dosquebradas, llega a los barrios, recolecta las fotos y los objetos que las personas sienten que cuentan una historia de su comunidad, que tienen un valor simbólico. Después le hacen una curaduría a los objetos: a quién le perteneció, por donde pasó, qué tiene de especial, y así le forman su historia. Le toman las fotos y las pegan en el Museo Itinerante de la Memoria.

“En San Nicolás encontramos un pico y una pala. La historia que contaban sus dueños es que con ese pico y esa pala se construyeron las calles del barrio, se construyeron algunas de las casas, y por eso adquiere gran valor”, cuenta Carlos Vicente Sánchez, integrante de la Compañía Trazasueños, promotora del Bibliobús de la Memoria.

La Compañía Trazasueños está compuesta por un grupo de cuatro personas. Carlos Vicente Sánchez, conocido como Cavisa es integrante del colectivo, y lidera el proyecto del Bibliobús. Tiene 39 años, es gestor cultural, licenciado en artes y estudiante de una maestría en literatura. Es escritor, ganador del Premio Nacional de Cuento RCN y Ministerio de Cultura, concurso del que ahora es tallerista, tiene algunos premios de novela y cuentos.

Cavisa cuenta que la iniciativa del Bibliobús nació hace más de cinco años, como expansión del proyecto ‘La cuadra’ de Dosquebradas. En esa movilización del proyecto se creó un espacio llamado ‘El rincón literario’, en donde se recogían las historias de los barrios, como inventarios culturales. Después, con el apoyo de una organización internacional empezaron (Trazasueños) a trabajar con comunidades en condición de desplazamiento. Así fueron recogiendo sus historias.

Al final, terminaron recorriendo los barrios de Pereira y Dosquebradas en un campero. Las historias de barrio se volvieron ‘cápsulas del tiempo’ que se enterraron en diferentes lugares de la ciudad. Y, después logran adquirir la turbo, que adecuado y lleno de libros empieza a recorrer las comunidades: el bibliobús de la memoria. Este bus lo consiguen en una alianza con la Librería Roma, y Megabús, que tiempo después se desvinculó del proyecto.

“La idea era que las empresas transportadoras nos donaran un bus, y lo hicieron, nos dieron un bus que estaba para chatarrizar. Solamente la adecuación del bus tenía un costo muy alto, y se sumó el problema de poder transformar las placas de vehículo público a particular. Nos tocó prescindir de ese bus, pero queremos que esos buses para chatarrizar se puedan convertir en bibliotecas estacionarias en los barrios y seguirlas conectando con actividades de promoción lectora”.

El bibliobús lleva también a los barrios actividades de promoción lectora, teatro foros, cine foros, música, cuentería, es decir, todo un programa cultural. Con esto quieren incorporar procesos de construcción ciudadana a partir de la cultura, en especial la lectura, dando herramientas para que las comunidades entiendan cómo se puede hacer apropiación de la identidad cultural, conozcan sus derechos y sean partícipes de cambios sociales. “Queremos una descentralización de la cultura, promoviendo la movilización. Todas las experiencias e historias las grabamos, hacemos fotos, y las vamos a publicar en un libro de crónicas”, explica Sánchez.

El logro más visible que ha obtenido el Bibliobús de la Memoria es la recuperación de unos procesos de historia oral de las ciudades, encontrando formas de darles identidad cultural. “Hay que darle trascendencia a las cosas pequeñas. La identidad se construye de símbolos. Los objetos tienen una historia y un valor, y cuentan quiénes somos. Es necesario que los niños y jóvenes conozcan las historias de su comunidad, y es reconfortante que ellos, sobre todo los niños escuchen todo con emoción, todavía tienen su capacidad de asombro”, dice Cavisa.

‘Recordar es vivir’

Sánchez cuenta con mucha emoción las historias que han conocido en el recorrido del bus. Historias de los barrios de invasión, de los derrumbes, de la construcción de los barrios, de la política en los años treinta, cuarenta, cincuenta, o de la época que recuerden; procuran no hablar de las tragedias, pero es algo que no se puede ocultar, “a veces la forma en que las personas vuelven a vivir es recordando, y si esos muertos no se recuerdan, si ese bibliobús de la memoria no hace el recorrido para recordar esas personas que existieron y significaron algo para alguien, no sé cómo más se podrían resignificar las historias”, expresa.

Sánchez sueña con que el Bibliobús de la Memoria sea un proyecto replicable en otros espacios, que se recupere la oralidad, que se recupere la identidad de las comunidades, que todo un país se sienta atravesado por las historias. Que se promueva la lectura, que no sea solo un bibliobús sino muchos, que se haga en otras ciudades.

“Hay que empezar a entender el concepto de nación, que se construye desde el entendimiento de las historias propias, de nuestra casa, de nuestro barrio, de nuestro municipio, de nuestro departamento, porque lo que no pasa por el cuerpo, no se aprende. Necesitamos sentir nuestras comunidades”, es la conclusión de un soñador como Cavisa.

PEREIRA

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