Tres mujeres y un presidente

Tres mujeres y un presidente

El presidente Hollande vive malos días. El oficio del poder es angustioso.

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17 de noviembre 2015 , 07:50 p.m.

No conozco París, pero allí tuve una novia: la bellísima Brigitte Bardot. Ese romance no cuajó y mi tema hoy es el Presidente, el adúltero y mujeriego socialista François Hollande, que pasa malas noches por culpa de sus exesposas y los terroristas. Él llegó al poder y a vivir en el palacio presidencial con Segolene Royal como primera dama, pero dormía de seguido en el apartamento de su amante, la rubia Valérie Trierweiler. Por ese problemita, ella lo abandonó.

Con Valérie le fue peor. Ella se pilló que él pasaba las tardes en el apartamento de la bella actriz Julie Gayet, y también lo dejó; se fugó a una clínica con su desengaño. Con la última, con Julie, está de novio-amante hace ocho meses y haciendo siesta con ella lo pilló el criminal atentado del viernes en París. Pobre tipo, ahora le exigen ser un calmado presidente cuando sus exesposas por el celular le gritan, con razón, “egoísta, adúltero y farsante”.

Llora París. Por eso, la colonia parisina en Bogotá, digo Jean Claude Bessudo, Plinio Mendoza, Jaime Castro, Antonio Morales-Riveira, Francisco Norden, Gloria Zea, Lina Botero, Matilde Berrío, ‘Soffos’ Botero, más las señoras que aman a Valentino, Givenchy y Christian Dior, están de luto por su amada París. Ayer cantaron con amor La Marsellesa... El presidente Hollande vive malos días. El oficio del poder es angustioso. Imaginen los momentos dramáticos que vivió Belisario Betancur cuando le asaltaron el Palacio de Justicia, y los altos mandos militares le daban noticias mentirositas. O los que sufre Juan Manuel Santos cuando los guerrillos le matan 10 o 15 soldados, sin ton ni son.

En París no saltaba una noticia grande desde el atentado contra Charlie Hebdo. Hoy asusta la Ciudad Luz, huyen los turistas de los Campos Elíseos. París ya no es el de antes, el de Brigitte Bardot, Édith Piaf, Cortázar, Yves Montand, Catherine Deneuve, Coluche, Simone de Beauvoir, Régis Debray, Mitterrand, Foucault y la ‘izquierda caviar’ que, bebiendo champaña, pedía su mentirosita “revolución”.

Hoy sufre París, es una ciudad asustada, donde una talega plástica de las galerías Lafayette botada en un andén provoca pánicos. Ya París no es una fiesta, como decía ese buen amigo del whisky, ese gringo querido llamado Hemingway.


Poncho Rentería

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